El jugador del pueblo

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Carlitos, sin ser el responsable de todos los males del país, y más allá de su afán de superación, de los logros obtenidos gracias al esfuerzo, o a las oportunidades que otro le brindó, y sin persistir en el pasado, sería bueno que no abjurara de su origen y pensara en cuántos platos de comida le está retaceando con esta actitud egoísta y mísera a cientos de pibes como el que fue, al intentar judicializar el aporte extraordinario a las grandes fortunas.

Mas allá de gastar sus bien ganados millones como quiera, la funcionalidad de Carlos Tévez ofició -en su momento- de zanahoria tras la cual se embelesaron miles de boquenses, hecho que facilitó la reelección de Daniel Angelici al club, al que su psicópata y pornográfico amo, Mauricio Macri ya había desnaturalizado, trocando una entidad de notoria raigambre popular por otra unidad de malhabidos negocios PRO.

Refutando al asesino de “El Secreto de sus Ojos”, desenmascarado por la pasión a sus colores –Racing Club- y detenido en consecuencia, el arribo macrista a la Ribera, colocó la mía en el freezer, aguardando –ansioso- su partida para “Recalzarme la camiseta”, hecho consumado en diciembre de 2019 al triunfar la fórmula Ameal-Juan Román, ya que no podía hacer convivir mi “bosterismo” con aquella conducción mafiosa, donde abundaban jueces, fiscales y barras bravas que coartaban los cánticos de la hinchada, en especial los referidos a algunas madres (mmlpqtp) y todo lo que fuera necesario ocultar.

En algunos momentos, contando con la complicidad de la prensa, Carlitos, con sus idas y vueltas dentro y fuera del equipo, se convirtió en parte del árbol que imposibilitó ver el bosque de la inmoralidad en que se desenvolvía nuestra apetecida Argentina, dándose la sorprendente paradoja de descubrirse una excepcionalísima relación ¿comercial? entre el “dueño” de la cosa y su raro “asociado” en una –nunca aclarada- operación de compra/venta (a favor de una empresa china y del dueño del Banco Macro, Jorge Brito, recientemente fallecido y a la sazón vice-presidente primero de River) de cierto tipo de energía, teniendo en cuenta de antemano que es imposible aunar los intereses del patrón con los del vasallo. Tal vez pesó en la decisión el haber sido transferido, a fines de 2016 a China, por un valor jamás corroborado y con un estipendio de 110.000 dólares por día, y haber aportado una suma (junto a Guillermo Barros Schelotto) que ronda los 18.000.000 mdd al negocio.

No sé por qué me viene a la mente aquel dicho de la Eterna Presidenta del Corazón cuando afirmaba que “Todo tiene que ver con todo”, al punto tal que Carlitos asoció al “Mellizo” y su hermana Carolina, quien integrando la lista de otra Carolina (Píparo), baleada en La Plata en una supuesta salidera bancaria en 2010, y actual protagonista, junto a su consorte de un espinosísimo hecho de tránsito con heridos y fuga incluido, accedió a una banca PROcesista en la Cámara bonaerense.

Particularmente, me resulta obsceno, que, dentro del contexto de pandemia que soportamos, de ingentes intentos de mitigar el hambre, la miseria, de frenar los despidos, de armarse de vacunas, de tener que renegociar el gasto de una fiesta de la que no participamos, de ver las vidorrias que llevan los Dietrich, Dujovne, la Vidal, la Bullrich, el propio mm, con una(In)justicia tan corrupta y descompuesta, que absuelve (o absolvió) a Héctor Magnetto, Ernestina Herrera de Noble y a Bartolomé Mitre (fallecidos) por el robo a sangre y fuego de Papel Prensa, mientras conserva presa (a instancias de un malparido como Gerardo Morales) a Milagro Sala, a Amado Boudou, Luis D’Elia y tantos compañeros más, que se siga mostrando impúdicamente tal estado de procacidad y cinismo.

También me resulta inmoral que, mientras los medios se ocupan regularmente de –por ejemplo- mostrar cómo “Pampita pasa la cuarentena”, y resaltar monumentales demostraciones de frivolidades, chabacanería, pelotudeces, y de reiterar hasta el paroxismo crímenes horribles, millones de compatriotas aún tienen como disyuntiva, apenas abren un ojo por las mañanas, no contagiarse, ver cómo procuran pasar ese día, mientras aguardan con inquietud el posible arribo de un telegrama de despido (si ya no lo recibió), o intentar “estirar” la recientemente ampliada Tarjeta Alimentaria.

Repaso que Carlitos, el “Jugador del Pueblo”, al festejar su boda, el 22 de diciembre de 2016, le refregó ciertamente a todo el país en las narices, una fiesta pantagruélica de 750.000 dólares (repetido ahora con el cumpleaños de su hija) contando a sus “Socios/propietarios” como partícipes estelares canturreando y bailando, (renegando de su pertenencia de clase), hecho reiterado luego al fotografiarse (no inocentemente) con ese otro eteno operador en las sobras, el “Tano” Angelici, anticipando una posición político-partidaria en pos de una posible vuelta a futuro de la banda amarilla al club, en tanto quienes miraban por televisión tenían como dilema –dada la fecha- comprar unos gramos de pan dulce o medio kilo de su rutinario pan amargo.

Carlitos, sin ser el responsable de todos los males del país, y más allá de tu afán de superación, de los logros obtenidos gracias al esfuerzo, o a las oportunidades que otro te brindó, y sin persistir en el pasado, sería bueno que no abjures de tu origen y pienses en cuántos platos de comida le estás retaceando con esta actitud egoísta y mísera a cientos de pibes como el que fuiste, al intentar judicializar el aporte extraordinario a las grandes fortunas, alegando que “es confiscatorio”, ya que es admisible esta conducta en altos oli-garcas como los hermanos Pieres, (polistas), Lucio Pagliaro, José Aranda, Corleone Magnetto, de Clarín y Julio Saguier, de La Nación, copropietarios de tu vida o Alfredo Coto, el que blanqueara $7.000 millones con mm. y ahora se opone a dicha carga, aunque tal vez no sea TAN confiscatoria tanto como el hambre –reitero- que pasan los pibes de tu “Fuerte Apache”. Tal vez olvidaste las noches en que te acostabas con un plato de guiso, polenta, una taza de mate cocido o… nada. El día en que (tal vez) estés tras las rejas, y te sientas más solo que boxeador al que le sacaron el banquito, no sueñes conque ninguno de los que te adoptaron como una mascota te tiren una mano.

Qué insólito pueblo es el nuestro, que ungió empresarios tan millonarios como estafadores al gobierno, obvia actitudes espurias de sus ídolos deportivos y se extasía con bacanales a las cuales jamás de los jamases van a acceder, salvo que espíen por un orificio de la cerca o el agujero de la cerradura.

Desde Villa Luzuriaga, mientras escucho a Dagoberto Gutiérrez explicar “Por qué los pobres votan a los ricos”, Carlos Galli. 16/04/2021.-

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