«El trino del diablo»: ternura en la fisonomía de la noche

Compartir

Leo El trino del diablo en el ferri que me lleva a Buenos Aires. La novela de Daniel Moyano en la que miles de torturadores arrojarán sus picanas al Río de La Plata.Vamos a Buenos Aires, atravesando un cementerio de tumbas sin nombre ni lugar. Cruzando una cartografía del horror. En algún lugar de este país, pienso, alguien le está poniendo o le pondrá fisonomía a estos días negros; alguien trazará gestos en ese rostro.

(…)Mi ciudad es una cartografía
del horror, el campo es una cartografía del horror, las casas,
las piezas, los puertos, los ríos, las fábricas, las iglesias son
una cartografía del horror (…).

Elena Aníbali

Leo El trino del diablo en el ferri que me lleva a Buenos AiresTriclinio toca el violín seguido por miles de torturadores que arrojarán sus picanas al Río de La Plata. La novela de Daniel Moyano me hizo reír durante dos días y me está por hacer llorar. La compré a treinta pesos en la mesa de saldos de una librería de Montevideo.

Ahora la estoy terminando: Triclinio, al día siguiente de lograr que los torturadores se deshagan de sus picanas, oye que en las fábricas se funden metales para nuevos instrumentos de tortura. Quiere regresar a La Rioja pero le informan que La Rioja ya no existe. Vuelve Triclinio entonces a Villa Violín. Los músicos artríticos han recreado para él su ciudad desaparecida. Siente al entrar a la recreación de la casa de su padre una alegría muy triste.

Subo a la terracita del ferri. Un matrimonio de porteños toma champagne de free shop. Un chino saca fotos. En la popa un uruguayo mira hosco las luces de Colonia que se alejan.
La noche está muy cerrada.

Vamos a Buenos Aires, atravesando un cementerio de tumbas sin nombre ni lugar.
Sé poco de Daniel Moyano. Las anécdotas hablan de una persona de cuento: su padre, el violín, la cárcel, la ideología de la lengua, el exilio.

La historia es darle a las fechas su fisonomía, escribió Benjamin.
El trino del diablo dibuja un gesto de ternura en la fisonomía de esta noche: Daniel Moyano pareciera haberlo dibujado con todo el amor y con toda la tristeza de este mundo.

Como Haroldo Conti, como Rodolfo Walsh, como Antonio Di Benedetto.
A todos ellos los mató de una u otra forma el genocidio de los militares argentinos.

Estamos terminando de cruzar una cartografía del horror. Ya se distinguen los edificios de Buenos Aires, que sigue ahí, por desgracia y también por suerte. La gente se apega en la popa, algunos sacan fotos de los barcos herrumbrados del puerto; otros tienen gestos de alegría y tristeza en la cara. Yo soy uno de ellos. Pienso en Rosario y espero que también siga en su lugar, por más que ya no sea la ciudad que quise y me quiso, espero que siga en su sitio, cuatrocientos kilómetros más arriba, iluminada y húmeda en la noche.

Entramos en el canal que nos lleva al muelle. En la cubierta de un barco en ruinas unos hombres hacen un fuego. Nos levantan las botellas riendo a carcajadas y nos gritan que vayamos a beber, que tienen lugar para nosotros. Ellos son parte de una ciudad que no puede verse a simple vista; de una ciudad que –como las ciudades de Moyano– sobrevivirá a las ruinas. Los pasajeros de mi barco les devuelven el saludo con una sonrisa tímida.

Atamos amarras y pisamos Argentina, de uno en uno.
En algún lugar de este país, pienso, alguien le está poniendo o le pondrá fisonomía a estos días negros; alguien trazará gestos en ese rostro.

Ficha del libro

La primera edición de El trino del diablo (Ed. Sudamericana, 123 páginas) es de 1974. Daniel Moyano (Bs.As. 1930 – Madrid 1992) lo reescribió en 1988, en el exilio. Este artículo hace referencia a la versión de 1974, escrita en La Rioja.

Mandá tu nota

Comentarios

Comentarios

Mi Voz

Los artículos de nuestros lectores. Porque Nuestras Voces no es un medio, es una comunidad. Para escribir tu artículo ingresá al menú Mi Voz, opción Escribí tu nota.

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 28/11/2021 - Todos los derechos reservados
Contacto