En nombre de la Libertad

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La palabra “libertad” es, por lejos, la más utilizada siempre por quienes resultan ser los peores vapuleadores de ella. En su nombre, a lo largo de la historia, se han concretado las peores acciones humanas, los genocidios más atroces, las miserias más degradantes de las sociedades, las avasallamientos más insultantes de las soberanías de los países, los ataques más perversos de la mediática fabricante de conceptos basados sólo en el odio, la generación de enfrentamientos que forman parte de los sistemas de dominación de los poderosos sobre los débiles.

Con la muletilla libertaria sobre sus hombros, avanzan sobre los derechos reales al conocimiento de la verdad, atravesando a las sociedades con paradigmas creados para solventar sus aventuras belicosas en cualquier lugar donde los designios de la construcción social no se realizen como lo desean los autoerigidos como los dueños del Planeta. Las acusaciones sobre líderes o proyectos gubernamentales que no les sean afines a sus intereses de acumulación infinita de poder y dineros, forman parte indisoluble de sus maneras de actuar ante la vista y los oídos de los habitantes de este Mundo degradado y hostil contra las mayorías, que no saben jamás lo que, de verdad, significa ser libres.
Convencidos de los significados introducidos a fuerza de infinitas repeticiones de falsos conceptos, millones de incautos navegan por las “redes sociales” como zombies dispuestos a atacar a quienes sus mandantes del éter les ordene. Alertas ante las difusiones de imágenes embaucadoras, desarrollan sus ataques gratuitos contra los obetivos que el imperio necesita combatir, siempre con la famosa palabrita “libertad” al frente de sus monsergas.
Alentados por apátridas cuyas vidas transcurren entre oropeles, aleccionados por artistuelos de escasos vuelos intelectuales pero hartantes difusiones de sus discursos de barricadas televisivas, traccionados por la maquinaria educacional y cultural desarrollada a propósito de los fines que se necesitan para la dominación de los pueblos, millones de idiotizados con ínfulas de “libertarios” se encargan de la sucia tarea de intentar matar los procesos revolucionarios que se produzcan en sociedades que ni siquiera comprenden.
Espalda contra espalda, se protegen de la auténtica realidad a base de la repetición inacabable de latiguillos y frases grandilocuentes preparadas al efecto por los “focus group” de las ONG que el imperio genera para evitar su visibilización en cada acto degradante de las sociedades atacadas. Negadores de la verdad que la historia les sirve en la bandeja del conocimiento, profundizan sus discursivas hirientes y malsanas, con la satisfacción que sólo les cabe a los cobardes y los traidores.
Reaccionarios por excelencia, se protegen con escudos de matices diversos, siempre falsos, invariablemente cooptados por la parafernalia de la industria de la mentira programada. No faltarán las referencias a sus sufrientes amigos “intelectuales” que vivan en los países que ellos muestran como atacantes de la “libertad”, para intentar demostrar que sus razones superan a las que niegan como posibles, sólo porque sus obnubilaciones basadas en las realidades paralelas creadas por el imperio no se los permite.
Con esas hipocresías se han sostenido a lo largo de su historia los poderosos dueños de casi todo. Con esos “ejércitos” de engreídos y asnos han podido dominar el Planeta hasta ponerlo al borde de su destrucción. Con tanta “ingenuidad” conceptual al servicio de las mañas imperiales que nos trajeron hasta aquí, siguen empujando al fracaso a quienes intentan modificar, a su manera, la raiz de las malditas condiciones de un sistema que depende, cada vez más, de la fabricación de sentimientos negativos mediante la difusión de los engaños más obscenos.
Se hace imprescindible comenzar a comprender el derrotero falsificado de la palabra “libertad”, para encontrar su auténtica vocación de valor trascendente. Es necesario confrontar nuestras “seguridades” semánticas con las realidades de cada pueblo del Mundo, con sus maneras de construir sus futuros, con sus formas de combate a las desigualdades que los atenazan a un pasado que intentan derrumbar para iniciar un camino diferente.
Ahí estará esperándonos la autenticidad de los valores por los que todos los seres humanos debieran luchar. Allí mismo, en el horizonte de una humanidad revalorizada, en la comprensión de las diferencias y las similitudes vulneradas por los panegíricos mandatos imperiales, está la verdad del desarrollo genuino, de la elevación de la vida a la categoría de sentido común de las mayorías. Para alcanzar, más temprano que tarde, esa condición tan vapuleada y distorsionada, tan repetida y santificada, tan mentida y evanescente: la libertad.

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