Ese título, ya estaba puesto

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“Al menos 7 muertos en el recital del Indio en Olavarría” fue el titular que escuché mientras hablaba por teléfono con mi vieja aterrorizada a la salida del show. Ese titular, ya estaba puesto. No al terminar el show ni después del incidente. Estaba puesto de mucho antes. Por debajo de todo el montaje de película de terror que se cobró dos vidas, había una venganza que esperaba muchísimos años a llevarse a cabo. Por detrás de los lamentables acontecimientos, había un titular escrito ya hace mucho, que esperaba a ser publicado.

“Al menos 7 muertos en el recital del Indio en Olavarría” fue el titular que escuché mientras hablaba por teléfono con mi vieja aterrorizada a la salida del show. Fue la primera mentira de tantas.

Con este titular, Tétrico, horrible, que te deja frío e impactado, es que la Argentina se fue a dormir el sábado. Yo me enteré de lo sucedido en esa misma conversación telefónica arriba del colectivo y cuando lo escuché, pese a que venía con un hambre voraz y todo el camino de regreso pensando en los sanguchitos que había dejado en la conservadora, se me cerró el apetito y no pude comer.

Sabía que “algo había pasado” por las muchas detenciones del show que había hecho el Indio para ocuparse del asunto de la avalancha. Nunca, hasta esa conversación, supe que la escena incluía muertes. Menos a tan importante escala (7 muertes ya se escapaba del índice de lo que “puede pasar” para convertirse en tragedia).

Lo primero que se me vino a la cabeza cuando escuché lo que había pasado es el comunicado que el Indio había sacado a través de un periodista allegado, Marcelo Figueras, advirtiendo sobre un posible sabotaje: «Quienes vayan a ver al Mister no pequen de inocentes. Cuiden a quién tienen al lado. Este es un momento especial. Hay intereses oscuros que con pocos miembros pueden alterar la fiesta. A bailar y cantar es a lo que vamos y eso haremos. El sábado, a cuidarse y a cuidar de quienes nos rodean, aunque no los conozcamos. Cierta gente de mierda (debería puntualizar: PODEROSA gente de mierda) se regodearía si alguien sale lastimado. No le demos el gusto.”

Les dimos el gusto, y lo disfrutaron muchísimo. Llenaron horas de sus noticieros, horas de radio y páginas de diario volcando todo su disfrute. Se hicieron la paja con las imágenes, gozaron con el video del Indio desesperado intentando que alguien reaccione y rescate a la gente, saborearon el momento de escribir «MUERTE». Ay como lo disfrutaron.

Pero volviendo al comunicado, intenté encontrar la relación entre una avalancha provocada por miles de cuerpos apretados causando muertes con un sabotaje de la magnitud que advertían días antes del show. Obviamente, a simple vista, esa relación no existía. Me fui a dormir con muchísimo dolor porque un puto accidente se había llevado vidas de ricoteros y le sirvió en bandeja el titular a las lacras que nos quieren ver muertos.
Cuando llegué a mi casa (24 horas después del final del show) y vi las repercusiones, me empezaron a caer todas las fichas juntas.

Ese titular, el que decía “Al menos 7 muertos…” ya estaba puesto. No al terminar el show ni después del incidente. Estaba puesto de mucho antes, estaba puesto hacía días.

Ese titular, el que decía “Al menos 7 muertos…” ya estaba puesto. No al terminar el show ni después del incidente. Estaba puesto de mucho antes, estaba puesto hacía días.

Antes de seguir con esta línea, estaría bueno aclarar algunos puntos con respecto a algunas de las tantas barbaridades que se han hablado del show. En primer lugar, hay que saber que este tipo de recitales tienen una dinámica y una lógica muy difícil de comprender para aquel que mira la vida desde el sillón de su casa viendo la tele. No solo es muy difícil de comprender sino muy difícil de explicar también. Me voy a remitir solo a lo necesario.

No es cierto que el predio le haya quedado chico. Había lugar de sobra en los laterales y atrás (sobre todo en los laterales). Yo estuve al costado derecho de la primera carpa (o sea, bastante cerca del escenario) y no te asfixiabas ni vivías ese horror que te muestra la tele. Quizás la pasé un poco mal en la apertura del show porque es el momento en que todos empujan hacia adelante, pero mas allá de eso, estuve muy cómodo. No solo yo, mujeres de muy baja estatura a mi alrededor también. El movimiento era el habitual, los que no se bancaban estar en un determinado lugar, pasaban para atrás. Los que querían un poco más de adrenalina, pasaban para adelante.

También es un poco absurdo el planteo sobre los que pasan sin entradas. Por supuesto, para el viejo de sillón es obvio: él que paga entrada entra, él que no paga, no. Como dije antes, este tipo de eventos tiene una lógica que no se puede explicar ni entender pero mas allá de eso, vamos al sentido práctico. A las 20:30hs el ingreso estaba como se ve en este video https://www.youtube.com/watch?v=QKtYxgTDcVI. Se imaginarán que es imposible que haya control de tickets ni de nada.

Supongamos que lo hay, supongamos que se pone una hilera de guardias controlando a los que van entrando. ¿Creen que es posible hacerlos volver por donde vinieron?, si esa persona quiere ingresar por la fuerza ¿Creen que es posible pararlo?. Existe solo una forma de hacerlo y es poniendo un ejército de gendarmes a reprimir provocando una masacre que se llevaría muchas más vidas. Sin ir más lejos, en Mendoza en 2014 hubo un ejército de policías con ese fin y eso derivó en un montón de enfrentamientos durante todo el día. En uno de ellos, la policía casi me pega a mi también que estaba con la entradita en la mano esperando a entrar.

Supongamos que se pone una hilera de guardias controlando a los que van entrando. ¿Creen que es posible hacerlos volver por donde vinieron?, si esa persona quiere ingresar por la fuerza. Sólo poniendo un ejército de gendarmes a reprimir provocando una masacre.

También son mentiras la gran parte de los dichos que le atribuyen al Indio durante el recital. Pero vamos a las mentiras claves, dejando de lado todo lo dicho anteriormente y todos los innecesarios datos como la recaudación, el precio de la entrada, el vehículo en el que se retiró el artista y toda esa mala leche, hubo algunas mentiras que son determinantes. Mentiras de esas que buscan hacer daño.

La primera placa muestra que eran al menos 7 las muertes. Al final, eran 2. No, no es algo menor. No es cosa de números. Ya sé que no se tiene que morir nadie, pero no es inocente esa diferencia y ahora paso a explicar por qué.

El rock argentino, aunque no se sepa, tiene una larga historia de muertos y heridos por avalanchas y otras de las prácticas típicas de estos conciertos.

En 2003 en un recital de Bersuit Vergarabat muere Pablo Cordero, de 20 años, en una avalancha con decenas de heridos. En 2009 murió Rubén Carballo en un recital de Viejas Locas con una fractura de cráneo por motivos que todavía no se pueden precisar. En ese mismo año, 2009, Melisa La Torre de 20 años muere asfixiada en un show de Las Pastillas del Abuelo en Ferro tras una avalancha en la que la valla cedió y se cayó. Hubo muchos heridos.

En 2011 Miguel Ramírez muere en un recital de La Renga por una bengala que tiraron. En 2015 también pasó en un show de Kapanga en Mendoza, Marcos Suñer de 23 años falleció en medio de un pogo. A nivel internacional también pasa, en el 97 una avalancha en un recital de Shakira en Barranquilla dejó 3 muertos y en Pearl Jam en el 2000 en Dinamarca fueron 9 cuando cedió una valla.

Ni La Bersuit, ni Viejas Locas, ni Shakira, ni Pearl Jam están ligados a los trágicos eventos que sucedieron en sus shows. La sociedad, interpretada por los medios, aceptó que cada uno de estos eventos trágicos eran parte de lo que puede pasar cuando se concentra un gran número de personas.

Ni La Bersuit, ni Viejas Locas, ni Las Pastillas del Abuelo, ni La Renga, ni Kapanga, ni Shakira, ni Pearl Jam están ligados directamente a los trágicos eventos que sucedieron en sus shows. Son noticias que no duraron mucho en agenda, algunas incluso ni entraron a la diaria informativa. Ninguno fue crucificado. Ninguno tuvo que dejar de tocar (como seguramente sucederá con el Indio). La sociedad, interpretada siempre por los medios, aceptó que cada uno de estos eventos trágicos eran parte de lo que puede pasar cuando se concentra un gran número de personas (a excepción quizás del caso de La Renga que si sufrió el escarnio mediático).

El Indio transitó estos 26 años con el estigma Walter Bulacio, quien no murió en el show sino que fue asesinado por la policía allá por 1991. Esa policía que hoy se reclama que debió estar allí controlando el ingreso.

En este caso, estaban los medios con tenedor y cuchillo esperando un plato demasiado rico para dejar pasar… y el primer mordisco fue determinante. 7 muertos no es lo mismo que 2. Dos muertos entra dentro de la lógica de “lo que puede pasar” para aquellos que decidieron no darle demasiada importancia a la muerte de Melisa La Torre. Siete si, siete supera esa delgada línea para convertirse en tragedia. Tragedia como lo fue Cromañón que se llevó 194 vidas.

Estaban los medios con tenedor y cuchillo esperando un plato demasiado rico para dejar pasar… y el primer mordisco fue determinante. 7 muertos no es lo mismo que 2.

Insisto en lo siguiente, es horrible hablar de números pero las agendas mediáticas y “de café” suelen basarse en ellos. Después resulta que según los peritajes, ninguno de los dos murió por la avalancha. Uno por sobredosis y el otro por motivos más misteriosos pero que no sería un aplastamiento.

Era un recital raro. No solo porque por primera vez en la historia había más de 300 mil personas, no solo por la parte accidentada, no solo porque fue la primera vez que no cerró con JiJiJi, no solo porque hizo menos canciones de las habituales, sino por algo más que no podía percibirse más que con ese sexto sentido de aquellos que acostumbran estar presentes en las misas ricoteras.

Lo primero que me llamó la atención de la primera vez que fui (Mendoza 2013) es que se me aflojó la zapatilla en el primer tema e inmediatamente todos los que estaban a mi alrededor me hicieron escudo hasta que la pude ajustar, lo mismo pasaba cuando alguien se caía, lo mismo pasaba cuando alguien estaba sin aire. Fue la solidaridad lo que siempre primó en esos recitales. La solidaridad en que el descontrol tenía un límite y era cuidar al que estaba al lado, la solidaridad de convidarte agua si necesitabas o un porro si te pintaba.

La actitud de ese grupo que empujaba mientras el propio Indio pedía que no lo hagan para levantar a las personas caídas rompe con esa lógica. “Son 15 o 20 borrachitos que rompen las pelotas” estalló el cantante contra esos energúmenos que saltaban encima de la gente caída y puteaban al Indio gritándole “te pagamos para que cantés no para que hablés.»

“Son 15 o 20 borrachitos que rompen las pelotas” estalló el cantante contra esos energúmenos que saltaban encima de la gente caída y puteaban al Indio gritándole “te pagamos para que cantés no para que hablés.»

Las autoridades que no aparecieron en toda la noche recién lo hicieron al finalizar el show tomando la peor decisión que se podía haber tomado, tapar las salidas. Es posible que la decisión haya sido para evitar gente en la calle y que las ambulancias llegaran rápido a destino, lo cierto es que sin aviso, la multitud se apretó contra los paneles que cubrían el perímetro de forma muy peligrosa. Ese, que no sale casi en ningún medio, fue el momento más peligroso de la noche, no solo por las avalanchas sino porque se mezclaba la gente que había estado adelante con gente que tenía niños en sus brazos y había cometido la locura de llevarlos. Se mezclaban todos, se apretaban todos.

No había un solo agente ni de seguridad privada ni de defensa civil que indicara que había que hacer. Era todo instinto. Cerraron la calle Pringles (la principal) al estacionamiento de los bondis que tuvieron que parar en la ruta. La ruta estaba a 45 (en el mejor de los casos) cuadras del predio y era difícil llegar, por eso tanta cantidad de gente varada y desaparecida. Cerraron la terminal para no dejar entrar a la gente varada, en una clara muestra de desprecio y de deshumanidad.

La falta de organización fue notable. Fue la marca de agua del evento, tanto de la productora como de la ciudad. Pero toda esta sumatoria de hechos que deriva en dos vidas perdidas y en la casi segura decisión del Indio de apartarse para siempre de los escenarios, bajo la advertencia previa, deja ese olor feo en el ambiente.

La falta de organización fue la marca de agua del evento, tanto de la productora como de la ciudad. Pero toda esta sumatoria de hechos que deriva en dos vidas perdidas y en la casi segura decisión del Indio de apartarse para siempre de los escenarios, bajo advertencia previa, deja olor feo en el ambiente.

Gente con pinta de barrabrava que nada tenía que ver con el público ricotero, que no se sabía ni un tema, que puteaba al artista y empujaba gente impidiendo toda posibilidad de levantarlos; autoridades que deciden cerrar las salidas sin dar aviso poniendo en riesgo la vida de todos los que quedaban dentro.

Una avalancha con heridos pero sin muertos (aunque los titulares sigan diciendo que la avalancha mató dos personas); un abandono total por parte del estado en todas sus formas y expresiones; un maltrato institucional constante desde la municipalidad que con la disposición logística del estacionamiento y el cierre de la terminal complicó más las cosas.

Los medios que largaron la noticia mintiendo y asustando a toda la gente que veía y tenía familiares o conocidos; una advertencia de sabotaje días atrás de allegados del mismo Indio que temía represalias por haber firmado una solicitada contra el gobierno nacional el lunes pasado; y lo que representa discursivamente Solari.

Son todos factores que no pueden dejar de analizarse en forma entrelazada, sobre todo en tiempos en los que, por ejemplo, La Renga está prohibida en capital y alrededores, parecía que el Indio era demasiado grande como para que ese bloqueo también caiga sobre él. Quedó demostrado que no. Que la misma inmensidad de la convocatoria supera al protagonista, lo supera ampliamente. Y será por eso que esta semana o la próxima el Indio anunciará que no va a tocar más.

Por debajo de todo el montaje de película de terror que se cobró dos vidas, había una venganza que esperaba muchísimos años a llevarse a cabo. Por detrás de los lamentables acontecimientos, había un titular escrito ya hace mucho, que esperaba a ser publicado. Nosotros seguiremos gritándoles a los que todavía no lo entendieron, que la música no mata.

Y también pidiendo justicia. Queremos saber si fue un accidente o si alguien decidió poner en riesgo la vida de miles de personas para callar a una. Y si es así, seremos los miles los que gritemos por esa «una».

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