La cuenta regresiva

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Un triunfo con el sabor amargo de la derrota, incluso para aquellos que no comulgan con Alberto Fernández o Cristina Fernández, el sabor de tener un índice de desocupación que ha crecido exponencialmente, sumado a la duplicación de los planes sociales, y un estado que quedará endeudado, en default y seguramente sin fondos. Un estado en lamentable estado, y un triunfo que lejos de ser un triunfo, fue una derrota que comenzó hace 4 años. 44 días, esa será la verdadera cuenta regresiva…

En un contexto latinoamericano de revueltas populares, con la organización estratégica de las clases obreras, para detener el avance de políticas neoliberales, Argentina expresa su descontento a través de los comicios.

El triunfo será casi tan nocivo como la derrota. Aunque hoy pocos lo vean así, aturdidos por la felicidad de despertar de una pesadilla.

La lucha en las calles ha sido una opción debilitada, debido a la parsimonia de la clase media, el blindaje mediático y principalmente a la fuerte represión dada en los comienzos del régimen democrático macrista.

Se cuentan los días para las elecciones generales, creyendo que con los resultados alcanzará para detener el daño.

Nada es porque sí, los procesos que han sido llevados a cabo en nuestro país han contado con la explotación de las diferencias culturales. Las grietas son moneda corriente de nuestra sociedad, marcada aún con más insistencia luego del primer gobierno de Perón. No es casual (ni mucho menos gratuito) que aquellos que han prometido reorganizar la nación, defender las instituciones bajo supuesta amenaza, y hacer crecer la república, hayan sido quienes más daño nos han hecho, a nivel político, económico y social.

Se subestimó a quienes derrotaron al país, alegando la aparente inutilidad del primer mandatario elegido democráticamente. Se ha sido funcional a un plan sistemático que aún no ha terminado, ni siquiera cuando haya terminado su mandato.

Luego de las generales de este próximo 27 de octubre, el actual presidente dispondrá de 44 días para terminar de aplicar sus políticas de transferencia a los sectores de la especulación financiera y a las clases más altas, a las cuales fue afín durante estos casi 4 años.

Hay una alegría en un porcentaje alto del país. Un 70% del electorado ha mostrado su negativa ante la anhelada intención de continuidad en el poder de Mauricio Macri. Ese contento social, tapa una triste posibilidad, la del saqueo inminente previo a abandonar el poder. ¿Qué más puede perder alguien que fue derrotado? Cuándo sólo se puede ganar, no les importará seguir haciéndolo a costas de las arcas estatales.

La democracia puso al estado al servicio de las corporaciones económicas para que se enriquezcan arruinando a las clases bajas y a las clases obreras. Desde la modificación de las leyes de la ART, para reducir los litigios, pasando por la reforma previsional y el vaciamiento de los fondos de Anses, que garantizaban el pago a los jubilados, nuestra economía fue productiva sólo para los que se ocuparon de la fuga de capitales.

Un triunfo con el sabor amargo de la derrota, incluso para aquellos que no comulgan con Alberto Fernández o Cristina Fernández, el sabor de tener un índice de desocupación que ha crecido exponencialmente, sumado a la duplicación de los planes sociales, y un estado que quedará endeudado, en default y seguramente sin fondos. Un estado en lamentable estado, y un triunfo que lejos de ser un triunfo, fue una derrota que comenzó hace 4 años. 44 días, esa será la verdadera cuenta regresiva…

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