Ministra Stanley, te ruego ¡ámame como soy!

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“Que gente que sabe cosas, la gente de este albardón, que gente que sabe cosas, pero cosas que no son!”. Así Leonardo Castellani definía a aquellos que sin saber (o sabiendo) toman decisiones que afectan a muchos. Vaya entonces este breve relato, para la que no sabe, ni entiende, ni se da cuenta: la Ministra Stanley.

Un frío inmenso le corrió por la espalda a la todavía joven pareja. Había nacido su tercer hijo y una enfermera les hizo saber que el médico quería hablar con ellos, en unos minutos. El niño estaba todavía en la sala de partos y no lo habían traído a la pieza con su madre.

Y llegó el médico, pero el niño no. Permanecería en cuidados intensivos por un tiempo.

Le hizo un breve repaso de determinados problemas que de ahí en más “cargarían” ellos y el recién nacido. Como de rayo (que no cesa), según la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández, atrás quedaron, en ese mismo instante, las muchas ilusiones y fantasías de esos padres respecto al hijo que recién nacía. El anuncio de la discapacidad, trajo consigo el derrumbe de todas estas expectativas

Lo que no sabe Stanley (Puerto Argentino)* que cuando a un hijo se le diagnostica una deficiencia, el entorno familiar sufre un fuerte golpe, y los padres experimentan diferentes fases psicológicas y emocionales que pueden variar, según cada caso, ya que se les hace presente, por vez primera, “el cómo” serán sus vidas a partir de ese momento. Un torbellino girará en sus cabezas, que trastornará la dinámica familiar ante el diagnóstico y no dejará fuera aspectos económicos, sociales e intelectuales de ese grupo humano. Inmediatamente devendrán las reacciones y las certezas de un futuro incierto.

Lo que no sabe Stanley que cuando a un hijo se le diagnostica una deficiencia, el entorno familiar sufre un fuerte golpe, y los padres experimentan diferentes fases psicológicas y emocionales.

Y entre esas incertidumbres aparece una muy especial: una ansiedad profunda por no saber qué pasará con ese niño, ya adulto, cuando sus padres mueran o simplemente no estén…..por tantas cosas. Ya nunca más serán dos, siempre tres, más los otros hijos, desde cualquier nivel de consciencia paterna o materna. Por eso es necesario fortalecer su libertad e independencia. Y eso le pertenece al Estado en nombre de toda una ciudadanía de «normales» que pagan sus impuestos.

Está claro que las incapacidades no son siempre de nacimiento y pueden ser el resultado de diversas situaciones: padecimientos que son invisibles a los ojos de los demás, pero nunca de sus padres, dolencias degenerativas (y progresivas), accidentes domésticos, hogareños, viales, pudiendo listarse una larga y desgraciada nómina en estos aspectos.

La Ministra Stanley (Puerto Argentino), a la que nadie votó y su mandante, el que sí fue elegido, se han apropiado de un poder omnímodo, al que llegaron a través de una organización que hizo del engaño y la mentira su mascarón de pro-a.

En tal caso la Ministra Stanley (Puerto Argentino), desempeña aquí el papel de partícipe necesario. Nada es casual en estas lides. En la pirámide de leyes e iniciativas políticas y sociales, que hoy rigen fronteras adentro, es imprescindible sostener y reafirmar que la cúspide del comando está allende los límites nacionales, donde la concepción humana no ocupa precisamente el primer nivel.

La suspensión de pensiones por invalidez a decenas de miles de seres humanos, suprime la opción de mejorar la calidad de vida de esas personas con discapacidad, al reducir su libertad e independencia, cargándosela a sus padres y hermanos.

Quizás sería muy bueno que Stanley (Puerto Argentino) supiera parte de este poema de Lie Ribeiro que tantos padres han intuido y percibido, aun sin palabras ni gestos, de parte de sus hijos:

Humanidad “ámame como soy, no insistas en que cambie el tono de mis sueños, ni para ponerme a la moda. Ámame como soy, misterioso e incoherente, obstinado, cariñoso, cada día menos ausente, un poco más presente. Traduce el mundo para mí. A fin de cuentas ¿quién es el incoherente? Pero ámame como soy. Yo, un caminante de trayectos desconocidos, de sonrisa perdida… emisor de la luz que no puede medirse. Te recuerdo, humanidad, que la paz no se viste de exigencias. La paz se desnuda de odios. Es mística y solidaria con el otro. Ámame como soy, un cuerpo adulto con alma de niño, o quizás desmembrado. Quien me condena al olvido no comprende que yo amo a mi manera. Por eso ámame como soy: medio gente, medio ángel, casi una esencia. Me duele la vida que no comprendo, ni que me comprende. No me olvido de los rostros.” No me olvido de vuestras acciones u omisiones. No me olvido. No me olvides.

Ministra Carolina Stanley, te ruego ¡ámame como soy!

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* Puerto Argentino, Stanley o Puerto Stanley es el principal puerto y la única ciudad de las islas Malvinas.

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