La repetida fábula imperial

Compartir

En todos los medios de comunicación, la comparación con Venezuela es permanente. Para explicar cualquier situación negativa, el paradigma es esa Nación. Para demostrar en qué situación estamos en lo político, lo económico y lo social, se recurre a la sucia falsía imperial sobre nuestros hermanos sudamericanos. Para asegurarnos que “no somos Venezuela” están aprontados los payasescos conductores de la degradación televisiva. Para hacernos notar las “terribles” consecuencias de intentar ser soberanos, nos muestran a los “sufridos” migrantes, entrevistados hasta hacerlos maldecir al Gobierno del País del que “huyen”.

Cuando la Revolución Cubana le explotó en la cara al imperio, comenzó una represalia mediática que se valió de numerosas herramientas manipuladoras de la realidad, a la que convirtieron, lisa y llanamente, en una especie de papilla para bebés, fácil de tragar para quienes no comprenden demasiado o están entretenidos con algún “avioncito” distractivo de los “papás” de las noticias. Semejante sistema mediático de tan ilimitadas capacidades, sustentado por la nación más poderosa del mundo, no pudo corromper, sin embargo, al pueblo que intentaban re-colonizar.

Nunca se detuvo esa acción depredadora de la verdad, ni en Cuba ni en ningún sitio del planeta, ámbito que siempre consideraron de su propiedad. Desde hace veinte años lo está aplicando en Venezuela, su paradigma negativo del momento, asediado cada segundo con las peores diatribas, provenientes de sus fábricas de mentiras mundiales y sus “relatores estrellas”, esos periódicos poco menos que santificados a la hora de observar la realidad, a la que no se cansan de tergiversar y manipular hasta enterrarla en el olvido permanente.

Se aseguran de decir, cada tanto y muy publicitadas, algunas verdades. Solo lo hacen para tomar mejor impulso para la andanada de ofensas que preparan para profundizar las heridas sobre el tejido social de la nación atacada. Cuentan con el apoyo estúpido de muchos periodistas que, a pesar de contar con mejor currículum profesional, no logran desembarazarse de sus incapacidades y temores ante el imperio al que, en definitiva, terminan sirviendo.

Ahora está transcurriendo la etapa de las “migraciones”. Sí, tal cual lo hicieron en los años sesenta y setenta del siglo pasado con la mayor de las Antillas, esta vez le toca a los habitantes de esa Patria hermana, renacida al calor de Hugo Chávez y su esperanzadora Revolución Bolivariana. Comparan los movimientos migratorios en las fronteras venezolanas con los que se producen en ¡Siria! Tan increíble como eso, pero tan creído por las masas inermes ante el atropello informativo hegemónico mundial. Tan procaces son en sus intentos de destrucción de sus enemigos ideológicos, que terminan por imponer sentidos, ridículos en su esencia, pero efectivos a la hora de construir conciencias negativas y odiadoras.

Son batallas muy desiguales a las que se enfrentan los venezolanos y cada uno de los países que los poderosos señalan como enemigos de sus “mandatos sagrados”. Porque los ataques no son solo perpetrados por la maquinaria informativa, sino también ayudada por personalidades del “mundo de la cultura”, en realidad, simples artistuelos de poca monta, famosos televisivos con ansias de sobresalir de la manera que sea, utilizando algunas “mágicas palabras” que tengan efecto emocional sobre sus desprevenidos admiradores, a los que convierten en batallones de odiadores gratuitos, reproductores de falsedades sin sentido, soldados de guerras contra ellos mismos.

En todos los medios de comunicación, la comparación con Venezuela es permanente. Para explicar cualquier situación negativa, el paradigma es esa Nación. Para demostrar en qué situación estamos en lo político, lo económico y lo social, se recurre a la sucia falsía imperial sobre nuestros hermanos sudamericanos. Para asegurarnos que “no somos Venezuela” están aprontados los payasescos conductores de la degradación televisiva. Para hacernos notar las “terribles” consecuencias de intentar ser soberanos, nos muestran a los “sufridos” migrantes, entrevistados hasta hacerlos maldecir al Gobierno del País del que “huyen”.

Luego se sabrá, muchos años mediante, que las cifras no eran de la magnitud denunciada, que las razones no eran las manifestadas, que las persecusiones no existían y que lo humanitario no era el motivo real de tanta parafernalia televisiva. Pero será tarde. Porque el daño social ya estará concretado y la historia habrá sido postergada una vez más, para regocijo de los malditos dueños del Mundo y los idiotas sojuzgados a base de la metralla noticiaria.

“No somos Venezuela”, aseguran los necios calumniantes mediatizados. “No estamos en Venezuela”, insisten los reducidores de cerebros televisivos. Verdad y mentira al mismo tiempo. Dialéctica forma de asegurar lo imposible basándose en una realidad revuelta. Miserable categoría “goebbeliana” a la que se reducen propios y extraños. Falsa manifestación de intenciones “democráticas”, muertas en el mismo momento que las emiten con formas de noticias elevadas al nivel de absolutas verdades. Mientras, allá en el norte, en los oscuros reductos del Poder Planetario, se regocijan los sucios patrones de nuestras desgracias, convertidas en “alegrías” efímeras de millones de embrutecidos, a fuerza de infamias, fábulas e hipocresías.

Comentarios

Comentarios

Mi Voz

Los artículos de nuestros lectores. Porque Nuestras Voces no es un medio, es una comunidad. Para escribir tu artículo ingresá al menú Mi Voz, opción Escribí tu nota.

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 17/09/2021 - Todos los derechos reservados
Contacto