Los jóvenes argentinos enfrentan situaciones complejas que limitan su desarrollo. Según un estudio de la Universidad de Buenos Aires (UBA), cerca del 50% de personas entre 18 y 29 años se encuentran en una posición de vulnerabilidad social. Dentro de este grupo, una parte significativa se identifica como “Triple Ni”: no estudian, no trabajan y no están buscando empleo.
Resultados Clave del Informe de UBA
A través del informe “Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, el Ciclo Básico Común (CBC) de la UBA, en el marco del Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas (PIDAE-UBA), ofrece una mirada exhaustiva sobre este fenómeno. El 48,9% vive bajo condiciones desfavorables, lo que subraya su desconexión de instituciones clave como el empleo y la educación.
La encuesta, realizada presencialmente entre diciembre de 2025 y enero de 2026 con 1.002 jóvenes, muestra que el 27% de los jóvenes en situaciones vulnerables reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires, mientras que el 73% se encuentra en otras regiones del país. Una notable proporción (56,3%) no tiene hijos, aunque cerca del 20% tiene dos o más.
Realidad Laboral y Educativa
La encuesta reveló que muchos jóvenes viven en hogares de gran tamaño, con un 46,2% perteneciendo a familias de cinco miembros o más, y apenas el 2,9% vive en hogares monoparentales. Un dato preocupante es que uno de cada cinco jóvenes no trabaja ni estudia, y además, un tercero de estos jóvenes tampoco busca empleo, sumándose al grupo “NI-NI-NI”.
Solo el 70% de estos jóvenes están empleados, pero sus condiciones laborales están marcadas por la informalidad. Destacan sectores como el comercio, la construcción y los servicios de cuidado. La falta de registro y beneficios formales afecta a más del 18,9% de este grupo.
La informalidad en el trabajo se ha convertido en la norma más que en la excepción para los jóvenes en estado de vulnerabilidad, quienes también enfrentan serias deficiencias en salud: el 78% carece de cobertura médica y depende de servicios públicos.
Educación y Progreso Personal
El abandono escolar temprano es un factor significativo en estas historias de vulnerabilidad, pues el 60% de estos jóvenes no completa la secundaria. De los que continúan con sus estudios, solo un pequeño porcentaje logra avanzar a niveles terciarios o universitarios.
El deseo de progreso sigue presente. Un porcentaje significativo de quienes han cursado estudios superiores tiene la meta de completarlos, mientras que aquellos con menores niveles educativos priorizan conseguir un empleo mejor o una vivienda propia a mediano plazo. Las normas del pasado sobre educación y trabajo como pilares de integración social están en crisis.
Las dificultades estructurales y las limitaciones económicas desanclan a los jóvenes de estas vías de progreso, degradando la movilidad social. A pesar de sus aspiraciones, las posibilidades de lograr estabilidad económica y mejora de la calidad de vida resultan cada vez más difíciles de alcanzar.
Finalmente, el estudio resalta cómo este entorno de vulnerabilidad social contribuye al estrés psicológico y otras formas de malestar civil. Problemas de ansiedad, depresión y dificultades para controlar el consumo de sustancias son comunes.
En conclusión, las esperanzas de un futuro mejor siguen vigentes entre los jóvenes, pero la brecha entre sus sueños y la realidad disponible parece ensancharse constantemente, según el investigador principal del estudio, Juan Cruz Esquivel.
