La rueda del ajuste

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Una vez finalizadas las elecciones de medio término, y luego de tajantes respuestas negativas frente a las preguntas que desde el periodismo y la oposición se realizaban a los integrantes del gobierno respecto de un plan regresivo de reformas en materia tributaria, previsional y laboral, el presidente las puso en marcha, dando la razón a quienes lo cuestionaban y haciendo que sus agentes encargados de la comunicación debieran deglutir sus palabras. A través del “reformismo permanente” de Macri, se busca reducir la cantidad de recursos destinada a la seguridad social, precarizar las condiciones de empleo y cristalizar una distribución de las cargas impositivas en favor de los sectores más acomodados de la sociedad. Así, mientras se ajusta sobre unos para cubrir el creciente déficit y la galopante deuda, se libera a las grandes empresas y a las familias más adineradas de pagar la parte que les corresponde.

Volvemos a sufrir aumentos en los servicios públicos como el agua, la electricidad, el gas y también en el transporte y los combustibles. Todos factores que impactarán en los precios del resto de los bienes y servicios por su condición de insumo para la producción. Esto debido a una nueva quita de subsidios, desregulación en materia energética y suba del precio del dólar, cuya influencia recae sobre el conjunto.

Es necesario, entiendo, contextualizar la situación para poder dar cuenta de las causas de este golpe al bolsillo que impactará regresivamente en los hogares, sumiendo en la miseria a los que menos tienen y ahorcando a las familias trabajadoras, en tanto que los afortunados “inversores” de los mercados financieros están y continuarán estando de fiesta. Una fiesta para pocos – grandes empresarios y especuladores – que pagamos todos por decisión del actual gobierno.

A pocos días de su asunción como primer mandatario, Mauricio Macri decidió llevar a cero las retenciones (derechos de exportación) agropecuarias y luego procedió a reducir las correspondientes a la minería y actividades extractivas del país, con el argumento de que a menor presión impositiva, se daría una mayor productividad y así también una mayor recaudación e ingreso de divisas. Esto no solo no ocurrió sino que los niveles de producción se mantuvieron relativamente sin cambios, y el gobierno decidió eliminar la obligación que tenían las empresas exportadoras de cambiar sus ingresos en dólares por pesos, medida que fortalecía la solvencia del Banco Central. Sin esta barrera, un 40% de los dólares generados por el comercio exterior en 2016 se enviaron a cuentas bancarias en el exterior, es decir, que no fueron reinvertidas en el país.

En definitiva, con la eliminación de las retenciones se perdió aproximadamente un 10% de la recaudación nacional y se agravó el déficit. Sumado a esto, como producto de la quita de subsidios a los servicios públicos se vio disminuido el consumo, cayendo así la actividad económica y generándose una consecuente baja en la percepción de tributos en conceptos de ganancias y valor agregado.

El ajuste no solo no sirvió para recomponer las cuentas nacionales sino que empeoró la situación y el gobierno buscó – no por ser la única alternativa, sino por deliberada elección – financiar el déficit a través de la emisión de títulos públicos en pesos y en dólares. Estos instrumentos fueron lanzados a un alto interés y elevaron los montos pertenecientes al presupuesto nacional destinados al servicio de la deuda (pago de intereses). Como el círculo vicioso ya estaba en marcha, para pagarlos se torna necesario aún más y más dinero, difícilmente obtenible por parte de la recaudación ya que la economía había entrado en receso, un receso solo pausado por la reactivación de la obra pública con motivo de las elecciones legislativas.

Suben las importaciones y cae la industria

Una vez finalizadas las elecciones de medio término, y luego de tajantes respuestas negativas frente a las preguntas que desde el periodismo y la oposición se realizaban a los integrantes del gobierno respecto de un plan regresivo de reformas en materia tributaria, previsional y laboral, el presidente las puso en marcha, dando la razón a quienes lo cuestionaban y haciendo que sus agentes encargados de la comunicación debieran deglutir sus palabras. A través del “reformismo permanente” de Macri, se busca reducir la cantidad de recursos destinada a la seguridad social, precarizar las condiciones de empleo y cristalizar una distribución de las cargas impositivas en favor de los sectores más acomodados de la sociedad. Así, mientras se ajusta sobre unos para cubrir el creciente déficit y la galopante deuda, se libera a las grandes empresas y a las familias más adineradas de pagar la parte que les corresponde.

Desde los sectores de la oposición con mayor experiencia en el manejo de la economía se ha advertido al gobierno de que de seguir este rumbo, la Argentina entrará en una fase aún más recesiva, y luego a la sociedad, de que en el ámbito legislativo Cambiemos ha hecho oídos sordos a estas alertas y se mantiene firme en su postura. Tanto, que frente al rechazo social a sus propuestas es capaz que de la más feroz represión para sostenerlas.

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