La violencia institucional no es gratis: Estados Unidos

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Cualquiera que mire con atención sabe que la raza es un principio de división de la sociedad norteamericana, que la desigualdad racial define y ordena relaciones interpersonales e institucionales. Los grupos que hoy luchan contra la segregación racial piden a gritos que todes se unan por esta causa común, como única forma de transformar este problema estructural que aqueja la historia norteamericana desde sus comienzos.

Cualquiera que mire con atención sabe que la raza es un principio de división de la sociedad norteamericana, que la desigualdad racial define y ordena relaciones interpersonales e institucionales. Fue visto en los hechos del 25 de mayo en la ciudad de Minneapolis, donde el afrodescendiente George Floyd fue brutalmente asesinado por la policía. El espíritu y las posibilidades del siglo 21 hicieron girar el video por todo el mundo y a 5 meses de las elecciones los sucesos desencadenados pueden afectar el panorama electoral.

Por lo que se logra reconstruir de las protestas, mediante redes sociales y medios de comunicación, fueron bastantes pacíficas con hechos aislados de violencia y un saqueo focalizado en las grandes multinacionales. «La respuesta fue sumamente desmedida por parte de las fuerzas de seguridad», confirma Aldana Vales desde Washington. «Eso cambió bastante acá por el rechazo que generó que desarticulación a los manifestantes para que Trump pudiera sacarse una foto frente a la iglesia que está frente a Plaza Lafayette (la que está frente a la Casa Blanca)».

«Los procesos progresivos y moderados para ganar derechos muchas veces son inocuos e improductivos. En países impregnados por lógicas racistas, desigualdades económicas gigantes entre comunidades y la criminalización es entendible que la respuesta sea revolución social», indica el internacionalista Matías Cattaruzzi.

Los 4 policías acusados fueron condenados. La condena efectiva parece el camino obvio, pero prevalece el gusto amargo de las Revueltas de 1992, en donde el afroamericano Rodney King fue molido a golpes en una situación similar a Floyd. El hecho fue filmado en VHS por un transeúnte y los implicados quedaron libres. Las manifestaciones actuales pusieron en el centro el reclamo de justicia, que en parte fue saciado, caracterizadas por el homenaje y recuerdo de Floyd.

Se condice con el ojo testigo de Aldana que relata en un mail: «Me pareció interesante es la solidaridad que se armó alrededor de las protestas de parte de la gente que iba a manifestarse. Había puestos que regalaban botellas de agua, frutas, barras de cereal, que ofrecían alcohol en gel o jabón y que tenían barbijos gratis». Aunque todo parece indicar lo contrario, Donald Trump amenazó a los gobernadores indicando que podría usar su poder constitucional para activar la «Ley de Insurrección», que permite poner al ejército en la calle para ejercer la represión.

La sola idea de aplicarla generó quiebras entre los republicanos. Entre los que no aceptan una respuesta desmesurada se encuentra su actual secretario de Defensa, Mark Esper y otras figuras como James Mattis, ex secretario de Defensa, John Kelly, ex jefe de gabinete y el senador republicano John Thune. «La historia de los Estados Unidos cuenta con fuertes represiones a la protesta. Johnson desplegó tropas estadounidenses en Detroit, Chicago y Baltimore para ayudar a sofocar los disturbios raciales a fines de la década de 1960. El caso más reciente es George H.W. Bush enviando tropas a las Islas Vírgenes de los Estados Unidos en respuesta a saqueos después del huracán Hugo en 1989 y para responder a los disturbios en Los Ángeles en 1992», explica Matías.

¿Por qué apelar a esta medida podría haber sido tan polémico? Estados Unidos diseñó sus sistema de estados federales para evitar los abusos de poder y el autoritarismo. Lo que se denomina como la «cuestión de los estados» siempre ha sido la médula e hilo conductor institucional. La Ley de Insurrección debe entenderse como la que evite la disgregación regional pero que no permita una tiranía federal; Se usa solo en casos de extrema gravedad y amenaza (como una rebelión).

Ahora bien, se plasman en el discurso Trump sus estrategias de campaña. Recurriendo a este tipo de amenaza se planta como el presidente de la Ley y el Orden, estrategia que le dio el éxito a Richard Nixon en el 68’, luego de largas jornadas de disturbios causados por el asesinato de Martin Luther King Jr. Polariza de manera extrema a la sociedad calificando de terroristas a los grupos que protestan y adjudica los episodios violentos a grupos de izquierda. Busca fortalecer su núcleo duro de votantes conformado por hombres blancos de zonas rurales del interior del país. Será la tarea de su opositor demócrata, Joe Biden, de llamar a la unidad nacional y convocar las minorías, a los jóvenes y les inmigrantes a votar.

Los grupos que hoy luchan contra la segregación racial piden a gritos que todes se unan por esta causa común, como única forma de transformar este problema estructural que aqueja la historia norteamericana desde sus comienzos. Lo ilustra Aldana: “En una protesta vi a un par de chicas negras pedirle a una policía también negra que se pasara al lado de ellas, que ella tendría que estar protestando junto al resto”.

Pensando en formas de entender las causas para abolir la violencia racista, en los 60′ el profesor universitario Charles Tilly sostuvo que “históricamente la violencia colectiva emerge desde los procesos políticos centrales de cada país. A lo largo de la historia quienes buscaron tomar, retener o re-equilibrar las palancas del poder han recurrido a la violencia colectiva como parte de sus luchas. Los oprimidos lo han hecho en nombre de la justicia. Los privilegiados en nombre del orden. Los del medio, en nombre del miedo» Reflexionar sobre usar la herramienta de la violencia para legitimar los reclamos es clave para entender este conflicto «Es imposible mantenerse inmutado ante las fallas del sistema ante las condiciones que viven las comunidades afroamericanas, olvidadas por sus representantes y sus fuerzas policiales van a actuar contra estos en el nombre de la justicia», Concluye Matías.

Aún así, Matías cree que la lección más importante que se lleva de los Estados Unidos es que “es un país dividido y diverso. Es un país con contradicciones, conflictos y libertades y es en la diversidad que encuentra su mayor fortaleza democrática”.
Por último, Kenia Pinto responde a una pregunta que resuena en quienes empatizan y se indignan con el racismo estructural, ¿qué hacer para comenzar a desprendernos de su carga? «Las instituciones, las leyes y las normas que hacen que el racismo estructural exista están soportadas, creadas y constituidas por personas, es muy importante empezar por eliminar el racismo individual. Sumarnos a la lucha antirracista es la única manera que tenemos de deshacernos del racismo estructural, exigir cambios reales, ser coherentes en nuestros actos y palabras. De no ser una persona racializada, debemos ser empáticos con la comunidad que está protestando a nivel internacional, y no apropiarse del discurso. Ser antirracista implica entender que la lucha contra racismo es solo un problema de las personas racializadas. Es problema es de toda la sociedad. Debemos dejar de pedirle a las personas racializadas que se hagan cargo de la lucha antirracista y hacernos cargo todos».

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