Los peruanos que no vio Pichetto

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Mientras arrecia desde sectores que hasta creíamos afines, y que ocupan su lugar gracias a nuestro voto, una intensa campaña xenófoba, culpando al extranjero de todos los males, sería importante recordar cómo a la largo de nuestra historia fuimos acompañados y respaldados por nuestros hermanos latinoamericanos en situaciones difíciles.

A mediados de abril de 1982, la Base Aérea de La Joya (Arequipa), cuyo jefe era el Mayor General FAP Gonzalo Luza, recibió los 10 Mirage M5-P procedentes del Grupo Aéreo N° 6 de Chiclayo, donde tenían su base de permanencia, para proceder cuanto antes a enviarlos a la zona de combate.

Las naves peruanas fueron remozadas, sus colores peruanos fueron reemplazados por argentinos y aproximadamente en la cuarta semana de abril, a tres semanas de haberse producido la ocupación argentina de las islas Malvinas, partieron a su destino.

Eran los mejores aviones de combate de la FAP e ideales para atacar objetivos marítimos. Poseían misiles teledirigidos y cañones dotados de balas con cabezas explosivas, respetable autonomía de vuelo gracias a sus especiales tanques de combustible. Tenían gran velocidad, dos veces la velocidad del sonido y podían ser equipados con misiles Exocet y en general con obuses y bombas de 500 kilos.

Los pilotos a cargo de las naves fueron: Ernesto Lanao, César Gallo, Augusto Mengoni, Pedro Ávila, Gonzalo Tueros, Pedro Seabra, Mario Núñez del Arco, Marco Carranza, Augusto Barrantes y Rubén Mimbela. La escuadrilla partió a su destino acompañado de una nave madrina, un L-100, similar al Hércules, pilotado por los mayores Dociteo Aliaga y Silva Aliaga, con una dotación de decenas de técnicos y mecánicos y toneladas de equipos de mantenimiento. En otras naves, fueron despachados los misiles Exocet, obuses, bombas, municiones y tanques de combustibles para los Mirage V.

Para no ser detectados por los radares chilenos de Iquique y Antofagasta que espiaban al servicio de Inglaterra, las naves debieron elevarse por encima de los 33,000 pies de altura, con radios apagados. Hicieron escala en Jujuy y luego siguieron hasta en Tandil, donde fueron recibidos por el entonces mayor general (hoy teniente general (r) FAP Aurelio Crovetto, que llevaba varios días trabajando allí junto al coronel FAP Gonzalo Arenas y mayor FRAP Carlos Portillo, quienes debían instruir a sus colegas argentinos en el conocimiento de las naves.

El resto es historia conocida. Los Mirage con sus mortíferos Exocet hundieron al destructor HMS “Sheffield”, a los portacontenedores HMS “Atlantic Conveyor” y HMS “Glamorgan” y dañaron gravemente al portaaviones HMS “Hermes” y destructores tipo 42 “Glasgow” y “Exeter”. Otras naves destruidas con otro tipo de misiles fueron: destructor “Coventry”, fragatas “Antelope” y “Ardent” y los buques de desembarco “Sir Galahad” y “Sir Tristam”.

Perú procedió a ejecutar el acuerdo secreto para vigilar y actuar contra las fuerzas armadas chilenas, país entonces gobernado por el general Augusto Pinochet.

Paralelamente al viaje de los Mirage peruanos a Argentina, lo que ocurrió a fines de abril de 1982, a solo semanas de haberse registrado la ocupación argentina de las Malvinas y el país rioplatense soportaba una descomunal presión bélica inglesa, Perú procedió a ejecutar el acuerdo secreto para vigilar y actuar contra las fuerzas armadas chilenas, país entonces gobernado por el general Augusto Pinochet.

El presidente Fernando Belaunde Terry ordenó a la Marina movilizarse a la frontera con Chile y alistarse, en coordinación con el Ejército y la FAP, a atacar los enclaves militar chilenos en caso este país resolviera agredir militarmente a Argentina. La Marina cumplió con mover su flota al sur y emplazarse en alta mar en línea recta a Arica y Antofagasta.

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