Massa cumple, Macri gana

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El triunfo de Mauricio Macri y derrota de Cristina Fernández de Kirchner, o si se prefiere la no derrota de Cristina y triunfo de Cambiemos, tiene claramente varias interpretaciones según se lo ponga del derecho o del revés de la trama porque incorpora indefectiblemente diferentes intérpretes, los cuales fueron partícipes necesarios, imprescindibles e interesados, para conformar los resultados que tuvieron las elecciones del 22 de octubre.

La actuación de la izquierda es como una intervención que no requiere demasiado análisis sino se lo hace desde la simple interpretación de su permanente oportunismo de esperar y juntar descontentos, además de muchos firmes principios ideológicos de sus militantes que no claudican nunca y que se concretan a partir de un permanente repartir un poco de palos al gobierno, los suficientes como para mostrarse opositores y otros muchos palos al kirchnerismo para mostrar que enfrenta a quien los medios hegemónicos decidieron señalar (por conveniencia) como el enemigo a golpear eternamente, es decir la Izquierda resume su actuación solamente al mero careteo de “mostrar” como que se está a favor o en contra de uno u otro según sea lo que convenga utilizando la agenda que le brindan los medios.

Por su parte Florencio Randazzo tuvo una actuación reducida, un pequeño “bolo” como para sentir que participa y se hace merecedor a aparecer en los créditos del final de la película, con un personaje que se incorporó al guión con fórceps (para ayudar a asegurar que se le quitaba fuerzas a CFK) por decisión de los estrategas de los medios y de Cambiemos y tuvo un muy relativo éxito aunque el suficiente para hacerse merecedor a las palmadas de aprobación en la cabeza de parte del amo que le dio la oportunidad de aparecer como “comparsa” en la obra y dar comienzo así a su soñada carrera artística. La prontitud con que se decidió su participación llevó a sacarle asistentes de urgencia a una de las “estrellas” para apuntalarlo en su actuación, tan es así que se puso a su lado a “asistentes” como Alberto Fernández y Abal Medina, entre otros.

Pero más allá de los protagonistas principales, el libreto incorporó una tercera “estrella” a la puesta, uno que podría ser sobre el que giraría, (cual vodevil con interminable ingreso y egreso de actores por puertas diversas) el drama de la puesta. Esa “estrella” fue elegida también por el “productor” Magnetto y llegó inclusive a prestar ayudantes al improvisado Florencio. Ese obligado generoso proveedor de ayudantes a Randazzo no es otro más que Sergio Massa a quien debe reconocérsele que un Oscar podría ser el justo premio a su intervención, no tanto por una buena actuación sino por el haberse ajustado exactamente al personajes que le delinearon. Y Massa cumplió.

No se apartó ni una letra de lo guionado, nunca, lo hizo y por lo tanto cabe preguntarse cuál será el premio o cachet al que se hizo merecedor y cuando lo cobrará. Massa sabía que perdía y sabía que perdía por aplastamiento como realmente sucedió, pero tenía que salir a escena a cualquier precio. Su personaje era el que “moría” al promediar la obra, pero su sacrificio no sería vano, se aseguraba de proveer los votantes que le faltaban a Cambiemos. Era hacia dónde los votos emigraban en un porcentaje necesario para el macrismo al comprobarse su “deceso”.

A Sergio Massa le hubiera resultado muy provechoso tomar una postura menos confrontativa contra Cristina y un poco, aunque sea un poco, más confrontativa contra Macri ya que se hubiera visto que estaba realmente ubicado en la tan pregonada “avenida del medio”, pero no pudo improvisar, no le dieron la oportunidad. Si lo hacía no sólo hubiera tenido una sangría menor, sino que ese éxodo que experimento y que terminó llevando votos a Cambiemos y solamente dirigentes a Unidad Ciudadana, hubiera sido al final más moderado y más parejo y también hubiera llevado algo de votantes a UC. El ex intendente de Tigre eligió mostrar que vuelca todo su odio hacia la ex presidenta, sin que nunca nadie haya logrado entender tanto, pero tanto sentimiento negativo hacia ella por lo que sólo quede pensar entonces que ese comportamiento no es en realidad odio, sino pura obediencia.

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