Mi querido enemigo

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El gobierno gasta millones de pesos en armas que pudieron invertirse en escuelas, hospitales, programas de ayuda social, obra pública. Pero hay que enfrentar al “terrorismo”mapuche, piquetero, venezolano, narco, camporista y ahora anarquista. Ante la imposibilidad de sacar las fuerzas armadas a la calle, la policía armada hasta los dientes sale con todo su arsenal a la caza de fantasmas terroristas mientras aprovecha para culpabilizar a la militancia de todos los males y peligros.

Los reyes de la escenografía prepararon un escenario de amenaza terrorista. La creación del enemigo interno es una vieja herramienta atemorizante que por un lado justifica la militarización social y la represión violenta de la protesta social y por otro la persecución a grupos y minorías que les molestan ignorando el Estado de Derecho y la democracia. Simultáneamente desvían la atención de la grave situación económica por ellos generada.

Como cita Francisco Romero en su libro “Culturicidio”, Juan Corradi, sociólogo argentino radicado en Londres, llama “democracias abisales” a aquellas que utilizan armas de acción psicológica para infundir miedo entre los ciudadanos y garantizarse así la permanencia y/o el consenso para implementar medidas de ajuste, que como dijo el Ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, no se pudieron aplicar en otras épocas sin que cayera el gobierno.

El gobierno gasta millones de pesos en armas que pudieron invertirse en escuelas, hospitales, programas de ayuda social, obra pública. Pero hay que enfrentar al “terrorismo”mapuche, piquetero, peruano, venezolano, iraní, narco, camporista y ahora anarquista y proveniente de Hezbollah o de Hamas. Ante la imposibilidad (por ahora) de sacar a las fuerzas armadas a la calle, la policía se convierte en una especie de Guardia Nacional, armada hasta los dientes que sale con todo su arsenal a caza de fantasmas terroristas mientras aprovecha para culpabilizar a la militancia de todos los males y peligros.

Embriagada de poder, la ministra de in-seguridad aconseja a los porteños irse de su ciudad durante el desarrollo del G20. Los amos del Poder, no pueden presenciar la violenta represión de las protestas, la masiva asistencia a la contra-cumbre donde en vez de la violencia se valoriza el PENSAMIENTO CRÍTICO. Pensamiento tan temido por quienes, como el exministro de educación, actual senador, prefieren la incertidumbre. La incertidumbre y el temor de no saber si se llega a fin de mes con los devaluados salarios y los hiper-valuados precios de alimentos, transporte y servicios públicos. No se sabe si se conserva el trabajo en relación de dependencia pero uno puede inventarse algún “emprendimiento”. De lo contrario la culpa es del que no hizo los necesarios sacrificios o no tiene la capacidad, los méritos necesarios.

Las sociedades construidas sobre el miedo reúnen, según Corradi, características que son evidentes en la sociedad argentina actual:
• Reproducción de la violencia o la inseguridad en los ambientes privados o familiares.
• Quiebre de la comunicación social
• Surgimiento de una especie de “alucinación colectiva”: sensación de angustia, inestabilidad e impotencia de tal magnitud que se cree que todo puede ser posible. Así se caen todos los mecanismos habituales de información, de chequeo de la realidad y eso hace posible que cualquier explicación sea plausible, que las “fake news” (noticias falsas) sean consideradas válidas, que cualquier fantasía sea creída a pie juntillas. La fabulación que acompañan los medios hegemónicos envenenan las conciencias y se crean enemigos a los que hay que odiar y eliminar.

La hostilidad se convierte en el eje de la política en esta especie de democracia devaluada donde el Estado de Derecho se va extinguiendo en manos de los supuestos defensores de una República inexistente.

“Su estrategia de poder se sostiene desde una política de estado de alerta permanente, en la cual todo está justificado porque se está siempre y por siempre en estado de emergencia, no hay alternativa y todo lo que puede venir es peor”. Francisco Romero, Culturicidio, 2007.

Los miedos sociales son manipulados por un gobierno que se sostiene con la fuerza de las armas represivas y del miedo siempre alimentado por las usinas cómplices de información que descubren enemigos donde no existen y no señalan a los verdaderos enemigos externos e internos que saquean al país, destruyen su aparato productivo, empobrecen al pueblo y ponen al país de rodillas a través de una monstruosa deuda externa.

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