¿Operación?

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Natacha Jaitt participó el sábado pasado del programa de Mirtha Legrand e intentó vincular la investigación de abusos sexuales de menores en el club de fútbol Independiente con figuras de la política y los medios. En una serie de declaraciones explosivas, acusó de pedofilia, trata, corrupción de menores, abusos sexuales y encubrimiento a periodistas, políticos, religiosos, actores, conductores y productores de televisión. Ante esto reaccionaron los involucrados con extraña duplicidad, ya que no han vacilado, -todos y cada uno-, en calificar con deshonrosos y ofensivos calificativos a Cristina Fernández de Kirchner. Tampoco titubearon en levantar impiadosos dedos acusadores, gestos revulsivos o desprestigios extremos, con la misma saña que una jauría de lobos hambrientos se abalanzan sobre su presa indefensa.

En más de una oportunidad, al compartir con mis compañerxs alguna que otra pretendida reflexión, me sentí en la obligación de aclarar que, salvo alguna pasada fortuita, esquivo meticulosamente ciertos canales, periodistas, conductorxs, figuritas y figurones en aras de mi salud mental y estomacal. Ignoraba la existencia de la señora que durante la emisión del programa de Rosa María Juana Martínez Suárez se dedicó -prolija, detallada y tal vez guionadamente- a mencionar hechos aberrantes protagonizados (o no), por una extensa lista de varones públicos y notorios.

Como no me corresponde, no entraré a juzgar la veracidad de tales acusaciones, simplemente voy a comentar los descargos que SÍ me propuse ver.

Así, desfilaron ante mí Luis Novaresio, Carlos Pagni y Alejandro Fantino, todos (a su turno) indignados, furiosos, verborrágicos, gimientes, lacrimosos, falsamente calmos y amenazando con recurrir -en auxilio de sus honores mancillados- a cuanta instancia correspondiera.

Que extraña duplicidad la de estos prístinos y ascéticos gentileshombres que no han vacilado, -todos y cada uno-, en su momento en calificar como puta; chorra; asesina; desequilibrada; yegua; traidora a la patria y docenas de calificativos más por ejemplo, a la Presidenta del Corazón, Cristina Fernández de Kirchner. Dudo que sus hombrías se hubieran manifestado de tal manera de haberse tratado de Néstor.

Tampoco titubean en levantar impiadosos dedos acusadores, gestos revulsivos o desprestigios extremos en categóricos, reportajes que más que eso son verdaderos interrogatorios, con la misma saña que una jauría de lobos hambrientos se abalanzan sobre su presa indefensa.

El grito más silenciado

Esto no solamente marca el nivel de impunidad del que gozan al calor de los medios a los cuales pertenecen, y a los que a su vez, sus opiniones y vidas pertenecen a los mismos, sino que, aunque sea esporádicamente, es bueno que puedan sentir en carne propia qué significa caer en tan desiguales situaciones.

En el caso particular del señor Pagni me llamaron la atención dos cosas: asombrarse porque alguien trama una «operación a espaldas del Estado» y por manifestar que «todo esto se sabe desde siempre».

Finalmente, ¿NUNCA participó en operaciones conspirativas? ¿QUÉ hizo ante la gravedad de la segunda afirmación?

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