PI ¿CHETROYANO?

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A lo largo de los siglos, el ingenio popular denominó como “Caballo de Troya” a aquellos que, expresando adherir a una tendencia, se infiltraban en bandos adversarios. En la política vernácula, son infinitos los casos  que, por genuinos cambios de ideología, por despecho, o atraídos por abultadas billeteras oficialistas, se calzaron el figurado armatoste para, desde allí declinar sus convicciones anteriores. Tal es el caso de Miguel Ángel Pichetto, quien según el diario La Nación, triplicó patrimonio según su última declaración jurada.

Según la mitología, el caballo de Troya fue un artificio de forma equina citado en la guerra de la urbe del mismo nombre y que fue introducido por el pueblo aqueo dentro de ella como parte de una estrategia bélica.

A lo largo de los siglos, el ingenio popular comenzó a denominar como “Caballo de Troya” a los seres humanos que, expresando adherir a tal partido o tendencia, se infiltraban en los bandos adversarios para, desde allí, comenzar a operar a favor de sus supuestas nuevas pertenencias. En la política vernácula, son infinitos e incontables los casos de mujeres y hombres que, por genuinos cambios de ideología, por despecho, por descarte o atraídas o atraídos por abultadas billeteras oficialistas, se calzaron el figurado armatoste para, desde allí desconocer o declinar sus convicciones anteriores.

Nacido en 1950 en Banfield, al sur del conurbano bonaerense, Miguel Ángel Pichetto es, desde el 10 de diciembre de 2001 senador del Partido Justicialista por… ¡¡¡la Provincia de Río Negro!!! De gesto adusto, mirada penetrante y cierto aire de aspereza, Pichetto, que perdiera a manos de diversos contrincantes las tres veces en que pretendió acceder a la gobernación de la comarca que lo acogiera, supo ser amo de una lengua filosa y mordaz bajo el servicio de cuatro presidentes, con la salvedad que los tres primeros persiguieron (con altibajos) la misma línea política en tanto el cuarto, el actual titular del Poder Ejecutivo, conjeturando incorporar una gema a su amedrentada corona, lo que logró –y no es poco- fue hacerle un flaco favor a su –seguramente- extinto rejunte presumiendo haber añadido una figura de fuste, cuando en realidad sumó un miserable advenedizo y consuetudinario.

Al mismo tiempo, lejos de lamentar su partida, en realidad, nuestro espacio debe agradecerle al macrismo haberlo incorporado a sus huestes. Más de uno debe recordar encendidos debates llevados adelante con enjundia y razonamiento, haciéndonos creer que la verdad y la certeza eran herramientas que lucía con conocimientos y erudición. Recuerdo perfectamente que cuando integraba nuestras filas, abogaba con fervor para lograr satisfacer las demandas de los más humildes.

Teniendo mucho más material para aludir (al margen de su troyanismo), a quien en lo personal rebauticé como Pichetti, por las similitudes con la Señora Vice-Presidenta, quiero ir cerrando esta nota sobre tan insignificante personaje, experimentando aún la vergüenza ajena por uno de sus últimos dichos sobre una situación hiriente a la que –en estos cuatro años- no ayudó en absoluto a reducir y que fueron pronunciar que en “Argentina no hay hambre y que las movilizaciones de los grupos sociales en busca de comida son la causa del endeudamiento”, sin reparar ni un instante en la timba financiera, deuda y fuga, de la que habrá nacido, según el diario La Nación, la triplicación de su patrimonio según su última declaración jurada.

Para coronar, en la tarde de hoy, dieciocho de setiembre de 2019, compitiendo con otros dos parásitos estatales (Fernando Iglesias y Elisa Carrió) que no visitaron la Cámara de Diputados durante la sesión del tratamiento de la Ley de Emergencia Alimentaria, Pichetti no ocupó su cambiante banca en Senadores para ratificar lo expuesto. Tal vez haya estado disipando su tiempo en la puesta a punto del Macrimóvil, donde creerá ser –ufano y radiante- el “Candidato a Vice”, cuando en realidad, fungirá de patético monigote.

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