El presente del pasado

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La apreciación de que el fenómeno inflacionario era la consecuencia de desórdenes monetarios, encubría la nada nueva política anti-inflacionaria de apreciación del tipo de cambio. Altas tasas de interés mediante a Letras del Banco Central que pronto superaron el stock de reservas disponibles, resuenan como el tic-tac de una bomba monetaria presta a estallar de un momento a otro en cuanto se corte el chorro del endeudamiento. Frente a un colapso económico esperable, las incógnitas pasan por saber cuándo se producirá, pero sobre todo, quiénes podrán ser los nuevos emergentes.

Desembarco a todo ritmo en el frente judicial, instalación mediática del surgimiento de una nueva hegemonía política con reelección incluida, puesta en marcha de reformas impopulares, el gobierno pareciera querer mostrarse fuerte tras las elecciones, siguiendo así el adagio del arte de la guerra de Sun Tzu: “cuando estés débil, muéstrate fuerte”. Y la debilidad del gobierno radica puntualmente en el frente económico, cuya degradación y complejidad parece acentuarse con el correr de los meses. En ese contexto, difícil es que la tentativa de un relato, por más fuerte que sea, pueda escaparse de una realidad que viene avanzando a pasos firmes.

Y esta es una realidad en la que la política económica quedó atrapada en su propio laberinto. En el discurso, la apreciación de que el fenómeno inflacionario era la consecuencia de desórdenes monetarios, encubría la nada nueva política anti-inflacionaria de apreciación del tipo de cambio. Altas tasas de interés mediante a Letras del Banco Central que pronto superaron el stock de reservas disponibles, resuenan como el tic-tac de una bomba monetaria presta a estallar de un momento a otro en cuanto se corte el chorro del endeudamiento.

«El rumbo de Cambiemos nos lleva al 2001»

Quedará en el medio del camino un sendero previsible a transitar antes del colapso, en el cual el Banco Central continuará subiendo las tasas para contener eventuales saltos cambiarios que disparen la inflación. Y deberá a la postre iniciar un camino de reducción del gasto, forzado por la imposibilidad creciente de seguir tomando deuda. Esto, sin dudas, agravará las perspectivas de la actividad económica, lo cual degradará la recaudación, incrementará las necesidades de financiamiento del Tesoro, alertando a los tenedores del stock del Lebac de que es el momento de deshacer posiciones e ir al dólar.

Frente a un colapso económico esperable, las incógnitas pasan por saber cuándo se producirá, pero sobre todo, quiénes podrán ser los nuevos emergentes. La renovación peronista alentada por diferentes medios carece de referentes inmediatos. Con un Juan Manuel Urtubey vencido en su propia provincia, y dejando la gobernación en 2019, los medios parecen haber perdido a un referente al que alentaban como candidato de alternancia. Tampoco será el turno de Sergio Massa, que luce más bien en retirada después de las últimas elecciones. Algún comentario se oyó también sobre el sanjuanino Uñac, quien en 2019 tras un mandato como vicegobernador y otro gobernador, perderá su territorio. A la par, el peronismo territorial tendrá realidades económicas complejas si la coparticipación, motivada por la caída de la actividad, empieza también a mermar.

Con una realidad económica compleja, con una dificultad creciente para conseguir apoyos parlamentarios, fruto de que no se disponen recursos económicos para gobernar, lo esperable es que el candidato de relevo alentado por los medios, termine siendo no un peronista, sino alguien del propio riñón del gobierno, por caso la opo-oficialista Elisa Carrió, con su discurso anti-corrupción permita establecer en la opinión pública que el fracaso de la política del gobierno no son sus lógicas sino quienes las implementan. Previsiblemente, desprendiéndose del gobierno frente a acusaciones de corrupción de esas que hoy no ve, pero en un futuro complejo empezará seguramente a ver.

Frente a eso, la situación de colapso alienta al kirchnerismo a pensar que el retorno es posible. Y sería un error. Cantar victoria antes de tiempo. Como dice la psicología cognitiva, “no importan los hechos por los que atraviesan las personas, sino lo que se dicen esas personas sobre esos hechos”. En ese sentido, pensar solo en un discurso ideológico impediría justamente al kirchnerismo encontrar significantes nuevos en su discurso que permitan ampliar su base de sustentación en un panorama político que promete ser fragmentado, y en el cual, la victoria en ese río revuelto, puede llegar a ser para cualquiera fuerza política, incluso una minoritaria. Por paradojal que parezca, y en vistas de una nueva gran crisis, el próximo liderazgo surgirá de la conformación de un nuevo discurso y no de los hechos.

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