Recuérdelo Señora Ministra

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Como bien sabrá, Señora Ministra, el delito de desaparición forzada es de carácter permanente, es decir que mientras Santiago no aparezca, en cada minuto y cada segundo, el delito se estará cometiendo porque hay alguien con responsabilidad estatal que estará callando, que estará ocultando. Mientras camines por la calle, mientras juegues el torneo de fútbol que sea, cuando mires a la Selección, salgas del barrio lleno de barro para ir a laburar, mientras madrugues en el campo para trabajar, cuando agarres el celular para publicar algo indignante. El delito se estará cometiendo Señora Ministra, cuando se levante para ir al Ministerio, o tal vez, cuando se dirija a uno de esos estudios de televisión que tanto disfruta, donde tan bien la atienden. Lo cierto, Señora Ministra, es que Santiago no aparece y lo también cierto, es que tenemos un gobierno que está siendo observado por la posible comisión de un delito de Lesa Humanidad y por permanente, IMPRESCRIPTIBLE.

El viernes 1 de setiembre fue un día largo. Semana larga, conflictos varios. Laburo y entre otras cosas, a la plaza. Una vez más. Por otro motivo, cada vez peor. Entré caminando sólo, en cortos de fútbol porque empezó el torneo del gremio y si no arrancaba ese viernes, siempre iba a haber alguna movida por la que no podía arrancar. Lo hicieron empezar. Y yo, corriendo de un lado al otro, laburé, jugué y así nomás, a La Plaza, como tantxs otrxs.

Subiendo a las corridas por las escaleras de la Línea E del subte porteño, voy metiéndome entre la gente. Una Plaza rara, tal vez como otras desde el retorno del neoliberalismo, pero creo que progresivamente La Plaza está cada vez más extraña, más triste. Esa Plaza de alegrías, de euforia, de festivales y conmemoraciones históricas. Esa Plaza que mi generación no conoció violenta.

Cada vez más amontonado, tratando de encontrarme con lxs compañerxs, mi cabeza no para, intentando entender qué es esa Plaza, qué es esa multitud, qué es este reclamo. Brota de la cabeza la palabra agenda. Mirando la Casa Rosada y pensando que a pesar del enormísimo monopolio mediático con el que cuenta este gobierno, acá, en esta Plaza, hay gente que ve y que siente otras cosas.

Redes sociales, interconexión, comunicaciones alternativas, en fin: discurso contra-hegemónico. Se disputó la agenda. ¿Son estas alternativas contra-hegemónicas efímeras? Pienso en las modas, en toda esa información que empacha y vuela y se pierde en la marea de redes. Trato de pensar en otras Plazas, en otras cuestiones que se volaron durante este gobierno. Disputas contra-hegemónicas que duraron semanas, días, horas, minutos: Jueces por decreto, modificación de Ley de Medios por decreto, Correo, Panamá Papers, despidos masivos, represión a los docentes, a los trabajadores, paro de la CGT, previa movilización de la CGT, 2×1. Efímeras disputas de agenda. Algunas pasaron, se consolidaron, otras no claro está.

Algunos recuerdos me llenan de fuerza, otros me paralizan desconfiando de la multitud.

Sigo metiéndome en la plaza, con la mochila cargadísima adelante, tratando de pasar entre la gente, misión casi imposible. Me paro y decido quedarme quieto en esa plaza incómoda. Llena de caras tensas. Cuesta acostumbrarse. Nos cuesta acostumbrarnos. No queremos acostumbrarnos.

Incómodo y cansado, me quedo pensando en la movilización anterior por la Desaparición Forzada de Santiago. Los pañuelos ahí arriba, gritando consignas de otra época, que duele mucho escuchar. Las madres y las abuelas arriba del escenario comprometidas con la causa, con comprensión histórica y con todo eso que enseñan cuando caminan. No puede ser. Esto no puede estar pasando.

Sigo pensando y me pregunto, como todxs, ¿qué pasó con Santiago?, ¿qué pasa si aparece?, ¿qué pasa si no aparece nunca más?, ¿Qué pasó con este pibe, quién es responsable?, ¿quién es esa persona o ese grupo de personas que sabe y que está callando, protegida, silenciada? Pienso en cuanto estarán pagando para desviar la atención: que el puestero acá, que Gualeguaychu allá, que Santiago no estaba en el sur, pienso en a cuántos más le van a pagar para que diga barrabasadas. Para disputar agenda, para deslegitimar el reclamo, para legitimar su discurso hegemónico que pretende sostener que Santiago se esfumó y que el mejor equipo de los últimos cincuenta años no tuvo nada que ver.

El Presidente: callado. El jefe de gabinete bien peinadito y a la moda: callado. Bullrich candidato: callado. Avruj: callado. REPRESIÓN. Detenciones arbitrarias una vez más, sostenidas por el colchón mediático que construyeron deslegitimando al pibe desaparecido, a su forma de pensar, a su forma de vivir, a su forma de vestir. Que Kirchneristas acá, que Mapuches anarquistas/terroristas allá. Pum, REPRESIÓN. Santiago no aparece. Dos días después, aparece el Presidente, un poquito más legitimado, preocupadísimo por la desaparición de Maldonado. UN MES DESPUÉS, sin hacer nada más que mirar las noticias porque qué más puede hacer, pobrecito.

En cambio usted Señora Ministra, ¿qué decir? Como bien sabrá, el delito de desaparición forzada es de carácter permanente, es decir que mientras Santiago no aparezca, en cada minuto y cada segundo, el delito se estará cometiendo porque hay alguien con responsabilidad estatal que estará callando, que estará ocultando. Mientras camines por la calle, mientras juegues el torneo de fútbol que sea, cuando mires a la Selección, salgas del barrio lleno de barro para ir a laburar, mientras madrugues en el campo para trabajar, cuando agarres el celular para publicar algo indignante. O simplemente, el delito se estará cometiendo Señora Ministra, cuando se levante para ir al Ministerio, o tal vez, cuando se dirija a uno de esos estudios de televisión que tanto disfruta, donde tan bien la atienden. Lo cierto, Señora Ministra, es que Santiago no aparece y lo también cierto, es que tenemos un administrador del Estado que está siendo observado por la posible comisión de un delito de Lesa Humanidad y por permanente, IMPRESCRIPTIBLE.

Recuérdelo Señora Bullrich. Imprescriptible.

APARICIÓN CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO.

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