Todos somos la Hidrovía

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Este 30 de abril último venció la concesión a las empresas que explotaban la Hidrovía, un canal beneficioso para el ingreso de dólares a nuestro país. Una estatización significaría recuperar la principal ruta de comercio, con flota propia y terminar con el contrabando como así también controlar nuestros ríos. Lo que queda por preguntarse es si esto es rentable, y de no serlo ¿por qué hay tanto interés en privatizarlo?

No es muy recurrente para aquellos que somos de conurbano adentro, o bien para los que se ubican más en las entrañas geográficas del país, relacionarse con los ríos del litoral. No solo son accidentes geográficos con bellas postales de lo que en algún momento se denominó Mesopotamia, del griego “meso” (entre); “tamia” (ríos) –región entre ríos- sino que también representan una rendidora entrada económica a la Nación Argentina. En términos técnicos y comerciales se denomina “hidrovía”, un canal beneficioso para el ingreso de dólares a nuestro país.

En ámbitos de exportación, desde la Argentina, el comercio lo conocemos en su desarrollo mediante camiones que vemos en las rutas pero la mayor actividad productiva se da en la fluvial. Los actores principales de esta región son el Rio Paraguay, rio Paraná, que comprende sus brazos el Guazú y Paraná las Palmas y el Rio de la Plata. Esta vía de navegación y transporte comercial permite el paso continuo entre los puertos de Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay y Uruguay en carácter de la principal ruta fluvial de América del sur. Es una “autopista de barcos,” única alternativa de camino sin otras opciones para poder llegar al océano atlántico.

En aquella vorágine privatizadora del menemato, en la que la familia Macri se quedó con el Correo Argentino, a empresas como la belga Jan de Nul y la nacional EMEPA S.A. se le otorgó la concesión de 15 años, desde 1995, por el dragado y balizamiento de la hidrovía. Desde el 2010 cuenta con una prórroga de 10 años más. Este 30 de abril último venció esta concesión donde lo que se proponía en un primer momento era implementar una agencia de control, algo que nunca se activó, dejando el único recurso del Estado como agente controlador en “confiar” en las declaraciones juradas de las empresas que presentan en los puertos. En cierta manera hay que confiar en las cantidades certificadas en la documentación que se presenta sin corroborar que lo que se lleva en los barcos sean las sumas correctas, y no solo eso, que sea legal lo que se está trasladando. Representado en dólares ¿de qué monto estaríamos hablando, producto del contrabando, lo que estaría perdiendo la Argentina? Un buque repleto de containers representa un costo inferior de lo que se genera transportando esa misma cantidad de mercadería si se hace en trenes o camiones.

La empresa belga, junto a la Argentina, perderían la concesión siempre y cuando se tenga una decisión política contundente y firme. De lograrse una estatización sería algo histórico dándoles la posibilidad a los argentinos de recuperar la hidrovía. Hoy las chances de integrar este recurso al patrimonio nacional está truncado por el llamado a una nueva licitación mediante el DN 949/20 propiciando que nuevamente quede en manos extranjeras. En muchos de los sectores de la política, en especial dentro del oficialismo, hay políticas desencontradas. La coalición que forma el Frente de Todos muestra por medios de las fisuras que genera la fricción política donde algunos buscan renovar la licitación y otros pretenden estatizar. Hay quienes proponen trabajar en conjunto pero se vuelve al sometimiento de ubicar al Estado en carácter de “el hijo bobo” como pasa en muchas empresas, tómese el ejemplo en el caso “Papel Prensa” donde la posición estatal no pincha ni corta.

Desde algunos espacios, en particular los que quieren privatizar, se habla que para poder estatizar también habría que contar con maquinarias y mano de obra y que el Estado no cuenta con estos recursos mientras que de la vereda de enfrente afirman que los buques de dragado, balizamiento y el personal existen y pertenecen a la Argentina. De lograr una estatización los argentinos podrían recuperar la principal ruta de comercio, con flota propia y terminar con el contrabando como así también controlar nuestros ríos. Lo que queda por preguntarse es si esto es rentable, por otra parte de no serlo ¿por qué hay tanto interés en seguir privatizándolo?

Pero esto no termina en si la hidrovía tiene que ser explotada por privados o por el Estado, uno de los inconvenientes que se pueden encontrar, y que siempre es en contra de los beneficios nacionales, es que la salida a las aguas profundas del Océano Atlántico se debe realizar por las del Rio de la Plata Uruguayo ya que los canales dragado para el paso de los buques se dirigen hacia dicha zona. Desde la potencial mirada de una soberanía de los ríos lo que se busca concretar es el trabajo de dragado del canal Magdalena que facilitaría la salida al mar por aguas argentinas sin pasar por Montevideo con la obligación de pagar peaje. Por el trazo de los canales es imprescindible transitar por el país oriental, por ejemplo, para ir a los puertos de la Patagonia. Logrando realizar esta obra se podría hablar de que la navegación de nuestros ríos sería un poco más soberana, algo que se planificó antes del 2015. Mediante este paso se evitarían peajes, desarrollar astilleros generando más mano de obra y potenciar el ámbito fluvial.

Si volvimos mejores sería bueno poder demostrar esa mejora y no redundar en las políticas entreguistas que fueron el control restrictivo de la política durante mucho tiempo en la Argentina. Volver mejores yacería en luchar por los intereses nacionales y que la política sea la herramienta de transformación social desde lo micro a lo macro buscando el bien común del pueblo argentino sin ser los sectores financieros económicos que regulen  los destinos de la nación como marcan los libros de los “Chicago Boys”, que desde la década del ´70 vienen ahorcando a Latinoamérica. Que la idea de una patria grande no sea solo la metáfora utópica de un horizonte que siempre se aleja cuando vamos hacia ella, como decía Galeano.

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