Úrsula

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Úrsula caminaba hacia un mañana que ya no va a llegar. El grito desesperado en su cuerpo que quiso amar y encontró su reverso. O nos enfrentamos a los mecanismos violentos fundantes de nuestra sociedad, o seguiremos llorando cada rostro de mujer que se convierte en los miedos imaginarios que ya son cotidianos en los fantasmas que habitan nuestra realidad.

Úrsula con solo 18 años le escribió, denunció y alertó a sus amigas del infierno en que vivía. Lo que decía se hizo realidad y con esa cruel realidad sus sueños, su futuro, su vida. Y mientras las mujeres siguen muriendo el estado muestra su ausencia. Hoy es Úrsula pero la lista es interminable. Por eso duele esta sociedad que genera impotencia.

Úrsula Bahillo pidió ayuda, se armó de los mecanismos legales que nuevamente mostraron su ineficacia, su precaridad.

El pueblo en la calle lo que hace es canalizar una rabia contenida ante tanta violencia, ante tanta muerte, ante todo lo que no queremos más.

Úrsula caminaba hacia un mañana que ya no va a llegar. El grito desesperado en su cuerpo que quiso amar y encontró su reverso. Repensar la sociedad, los vínculos que nos atraviesan es urgente para que de manera colectiva los sueños dejen de ser un espejismo cada vez más breve.

O nos enfrentamos a los mecanismos violentos fundantes de nuestra sociedad, o seguiremos llorando cada rostro de mujer que se convierte en los miedos imaginarios que ya son cotidianos en los fantasmas que habitan nuestra realidad.

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