Vidas paralelas

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En la malhadada noche del sábado 26 de julio de 1952, Evita pasaba a la inmortalidad. A escasos meses que su estrella abandonara nuestro firmamento, asomaba el brillo de quien luego generaría la continuidad de un mandato surgido el 25 de mayo de 2003. Un somero repaso de la vida de quien fuera la Jefa Espiritual de la Nación, y una alusión a La Eterna Presidenta del Corazón, o simplemente Cristina para un sinnúmero de compatriotas (o no).

Hay hechos o sucesos que con su solo desarrollo pueden marcar definitivamente vidas individuales o influir en la construcción colectiva de un país. Precisamente, Argentina no cuenta con un rico pasado de bonanza salvo períodos precisos, algunos de los cuales fueron interrumpidos por la desventura que representó la muerte de sus protagonistas.

En la malhadada noche del sábado 26 de julio de 1952, Evita desencarnaba para la infinita desazón y desamparo de sus «Grasitas», y para el regocijo de aquellos que no admitían su concepción igualitaria en beneficio de los mismos.

La eterna oligarquía, pretendida/ real dueña de las personas y las cosas, jamás digirió que esa -aparente- frágil mujer se plantara frente a tanta injusticia, a que otorgara o inventara derechos, a que reivindicara décadas de arbitrariedades y a que luchara vigorosamente para que en el país hubiera menos ricos y menos pobres.

La explicación de la metamorfosis operada en Evita, hay que buscarla en el inmenso amor, desprendimiento personal, rigidez en sus decisiones y una genuina voluntad de cambio que llevó adelante es sus escasos treinta y tres años de existencia, máxime teniendo en cuenta que la mitad de los mismos transcurrieron en sus intentos artísticos.

Solamente aquellos llamados a tener la capacidad de calzarse por un momento los zapatos del otro, destinan sus esfuerzos a rescatar a las clases más vulneradas (no vulnerables) de una sociedad, generalmente a contramano de la equidad y la justicia. Bastaría una apretada síntesis de sus acciones políticas para entender que jamás se instaló en el simple discurso, por el contrario, lo suyo fue gestión y acción.

Intuyó que la dignificación popular no solo pasaba por un salario justo y generoso, sino también por su acceso a la salud, la educación, la vivienda, la recreación y a que hubiera un estado con la suficiente intrepidez para apelar a todos los recursos a su alcance para ejecutar dichas políticas.

Capacitación laboral, elementos de trabajo, juguetes, pensiones graciables, colonias de vacaciones, el voto femenino, la Ciudad de los Niños, la fundación de veinte Hogares Escuelas, hospitales, fueron tan solo algunos emblemas de su lucha.

La contrapartida era expuesta por las «Damas de la Sociedad de Beneficencia” que hacían un culto de una limosna innecesaria, sólo bastaba que sus esposos recordaran que «Por el peón, el patrón tiene estancia».

A pesar que cada persona (y su génesis) es única e irrepetible, a veces el destino teje historias fantásticas consiguiendo que, hombres o mujeres separados por décadas, coincidan en un punto y se transformen en vidas paralelas.

A escasos meses que una estrella abandonara nuestro firmamento, asomaba el brillo de quien luego generaría la continuidad de un mandato surgido el 25 de mayo de 2003. Va de suyo que a partir de este momento, dentro de la misma nota en que estoy haciendo un somero repaso de la vida de quien fuera la Jefa Espiritual de la Nación, me propuse hace una alusión a La Eterna Presidenta del Corazón, o simplemente Cristina para un sinnúmero de compatriotas (o no).

¿Habrá imaginado en 1981 esta joven militante, que iniciaba el recorrido cuyo destino final sería suceder en 2007 a su compañero de la vida y la política? Ya en el gobierno, ¿cómo soportó y soportamos la embestida rural-golpista?, ¿por qué no desmayó ante la traición de Julio César Cleto Cobos, el Hombre Pequeño?, ¿cómo no cedió en 2009, 2013 o 2015 frente a duros reveses electorales?

Cambiemos interrogatorios por hechos. Sin tiempo para lamentaciones, sólo restaba avanzar: asignación universal, ley de medios, vacunas, recuperación de las AFJP e YPF, retorno de científicos, matrimonio entre pares, conectar igualdad, integración de bloques regionales, rutas, escuelas, diques, energía, tarjeta SUBE, plan de viviendas…

En el medio, otra tragedia. La absurda partida del Flaco Irreverente. Millones de corazones se paralizaron sin paralizarse como el de Néstor y millones de ojos apuntaron a la Rosada durante días esperando la reacción. No tuvimos dudas, ni ella ni nosotros. Asimiló el golpe, nos compartió su duelo y renació más brava, corajuda y enjundiosa. Ella siguió haciendo su parte: gobernó, ejecutó, viajó por el mundo siendo escuchada y reconocida en foros de excelencia.

Nos resta a todos aquellos que accedimos a algunos de los derechos que Evita puso en práctica o a quienes disfrutamos las reivindicaciones de la década ganada, asumir el compromiso de acrecentar lo conseguido, de taponar nuevas aventuras opositoras, que ya a estas alturas –sin ningún tipo de dudas- están rozando no sólo la ilegalidad, sino el derrocamiento de un gobierno que, apenas a tres meses de haber asumido, tras la catástrofe amarilla (que no cede y sigue viva) se topó, al igual que el resto del mundo, con esta desgracia creada y desparramada con los estrictos fines que sus mentores se propusieron.

El cierre o la síntesis de estas líneas, como ejemplo que las décadas pasan pero la basura continúa habitando entre nosotros, las podría condensar en las tres palabras que grabaron sobre muros y paredes del país los eternos gorilas nativos y foráneos: Viva el Cáncer, hace sesenta y nueve años atrás y el actual: Cristina es “la causante de todos los males el país”.

Todas estas acciones, lejos de amilanarnos, las debemos responder con más coraje, más trabajo, más justicia social, más derechos, más inclusión y por sobre todo, con enormes actitudes militantes.

Desde Villa Luzuriaga escuchando Las Muchachas Peronistas, y masticando un especial de jamón, queso y sapos por la confección de las listas, Carlos Galli. 26/07/2021.-

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