Caminar para sanar los cuerpos y los territorios

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El Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir (MMIBV) comenzó el 14 de marzo una caminata federal desde el norte y el sur del país. Ambas columnas confluirán el 25 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires para reclamar al gobierno nacional que incorpore la figura de “terricidio” como delito penal que agrupa las lesiones ambientales, el hostigamiento a la cultura originaria y la violencia sexista. 

 

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Gentileza Voicot

El Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir (MMIBV) comenzó el 14 de marzo una caminata federal desde el norte y el sur del país. Ambas columnas confluirán el 25 de mayo en la Ciudad de Buenos Aires con el fin de reclamar al gobierno nacional que incorpore la figura de “terricidio” como delito penal. Para el MMIBV, el “terricidio” es una categoría política que agrupa las lesiones ambientales, el hostigamiento a la cultura originaria y la violencia sexista. “Nuestras cuerpas-territorios son asesinadas de manera deliberada y direccionada”, alertan. A medida que avanzan realizan asambleas ciudadanas para tomar nota en cada territorio de las principales agresiones contra la biodiversidad, las mujeres y la cosmovisión indígena

Una trabajadora guardaparque de Villa La Angostura advierte sobre la inminencia de nuevos fuegos forestales y enfatiza que las autoridades estatales no monitorean de forma constante el resguardo de los bosques; en la comunidad chubutense de El Hoyo las y los vecinos critican la falta de recursos públicos para combatir los incendios, aseguran que debieron auto-organizarse para extinguir llamas en las alturas de los cerros que circundan la comunidad.

 

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Los integrantes de la columna sur, de filiación mayormente mapuche, del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir (MMIBV) –un colectivo nacido en el 2013 y que agrupa a 36 naciones preexistentes– toman nota y siguen camino. Iniciaron su movilización el último 14 de marzo. Es la tercera semana de abril y arriban flameando banderas multicolores a la ciudad rionegrina Las Grutas. La bandera que las agrupa lleva escrita una advertencia política: “Sembraron terricidio, cosecharán rebelión”.

A las horas realizan una asamblea ciudadana para escuchar a las y los pobladores. Las “hermanas” –utilizan dicha expresión en su argot militante– del norte, que también vienen caminando desde mediados de marzo, hacen un ejercicio militante similar cuando ingresan a una localidad: convocan a una reunión a cielo abierto, escuchan, llevan al papel lo oído, mapean el “terricidio”.

 

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La organización feminista y comunitaria pretende que el gobierno nacional incorpore la figura de “terricidio” como delito de lesa humanidad y lesa naturaleza al cuerpo legal argentino. Con la caminata federal buscan, entonces, ensanchar la visibilidad política de un reclamo que llegará a las calles de la ciudad de Buenos Aires, de forma deliberada, en una fecha independentista, el 25 de mayo.

En la capital argentina repartirán el mismo manifiesto u hoja de principios que han compartido durante la caminata federal: “El terricidio es la síntesis de todas las formas de asesinar la vida. Es el asesinato de la tierra y de las fuerzas que regulan los territorios. Son los incendios, son las violaciones sobre nuestros cuerpos, la contaminación de los ríos y los mares, la tala de los bosques y los montes, terricidio es la matanza de los demás animales, la acumulación de riquezas a costa de la pobreza de todxs lxs demás; terricidio es lo que nos está matando a todxs”.

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La potencia de la palabra

Nuestras Voces habló con referentes de la agrupación, tanto de la columna norte como de la columna sur, para conocer el y los significados políticos de una palabra polisémica, el ya mencionado término “terricidio”, que busca significar los impactos ambientales o las inequidades culturales y sexistas del modelo neoliberal. Las respuestas recibidas no llevan nombre o apellido de ninguna dirigente en particular porque la agrupación trabaja de forma colectiva su vocería pública.

 

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El texto enviado por las “hermanas” que vienen caminando desde la región patagónica comienza así: “Buscamos que los culpables, que son sujetos colectivos, las empresas y los gobiernos, sean condenados y que estas causas no prescriban y reciban la pena máxima. Consideramos que lo que está ocurriendo es la síntesis de todas las formas que este sistema encontró para exterminar la vida, tanto en el plano tangible como intangible. A esto lo nombramos terricidio. Se trata, entonces, del genocidio que sufren los pueblos perseguidos y asesinados por los poderes hegemónicos. Se trata del feminicidio, transfeminicidio y travesticidio. Nuestras cuerpas-territorios son asesinadas de manera deliberada, y direccionada por los poderes que nos someten y niegan nuestra existencia”.

Párrafo seguido, la columna sur explicita de qué manera la incorporación legal del terricidio podría mitigar la violencia de un orden social que, advierten, tiene como mandato colonizar a las mujeres, la biodiversidad y la cultura indígena: “Que el terricidio sea considerado un crimen de lesa naturaleza y lesa humanidad implica revisar las bases desde las cuales el Estado, y el pueblo argentino, constituyen esta sociedad. Se plantea una herramienta jurídica para que haya justicia ante la destrucción de todas las formas de vida. A lo largo de este andar nos hemos encontrado con quienes habitan los distintos territorios, quienes nos han compartido sus historias, y cómo les toca combatir y resistir las distintas caras que tiene el terricidio. Principalmente, nos encontramos con mujeres que deciden plantarse y ponerle freno a tanta injusticia”.

 

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El fuego y el agua

La declaración enviada por la columna norte del movimiento enfatiza la necesidad de defender el recurso natural del agua. En una imagen simbólica contrapuesta, así como los incendios golpean a las comunidades originarias del sur, en la provincia de Chaco la falta de acceso público a los recursos hídricos parecería ser la problemática ambiental más urgente de las comunidades indígenas.

“Partimos desde Sáenz Peña y Bermejito (Chaco). Nosotras caminamos porque las comunidades sufrimos la falta de agua en nuestra provincia. Además, las poblaciones indígenas somos discriminadas, sufrimos ese destrato en la atención hospitalaria, por ejemplo. Venimos recorriendo muchos pueblitos, también estuvimos diez días en la capital provincial. Las hermanas de Resistencia nos contaron que ellas también sufren la falta de trabajo. En Rosario vimos algo parecido, las hermanas se sienten discriminadas. Así como las hermanas del sur sufren las quemazones (incendios) de sus territorios, nosotras sufrimos la sequía, porque no tenemos acceso al agua. En las noticias nos dicen que nos lavemos las manos para prevenir el COVID, pero en nuestras comunidades no tenemos una gota de agua. Entonces, sufrimos de distinta manera, pero el padecimiento es el mismo. Ellas sufren del fuego, y nosotras de la sequía. Por eso, caminamos, caminamos para decir basta, basta de terricidio sobre nuestra madre tierra”, advierten en un texto enviado a fines de abril desde Rosario, tras peregrinar más de cuarenta días por una hoja de ruta que tuvo inicio el 17 de marzo en la localidad chaqueña de Quitilipi.

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Emiliano Guido

Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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