El día de las arqueras

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Cada 22 de abril se conmemora el día de la arquera en Argentina, aunque la ley que oficialice la fecha aún espera tratamiento. Esta nota deconstruye la frase «el gordo va al arco» e indaga en la realidad de las arqueras de hoy. Gimnasia de La Plata ya es el primer club con Departamento de Arqueras de América. Por qué se valoriza más hacer un gol que impedirlo.

Vivimos en el mundo de “el gordo va al arco”. Diego Maradona, el mismo varón que usó una de sus manos para firmar una obra cumbre, vivió criticando a los arqueros: “Son todos boludos”, dijo una vez. ¿Y ellas? ¿Y las arqueras? En el fútbol femenino es el puesto en el que menos jugadoras hay: la disciplina crece, pero tiene un recorrido histórico muy diferente, hay menos cantidad y más bullying. Ahí sí que el error se paga con agresiones en redes sociales y un machismo que causa repulsión.

Por eso el 22 de abril fue elegido para la conmemoración en Argentina del Día de la Arquera y una ley espera sus tratamiento. La fecha conmemora el nacimiento de Marta Soler, primera arquera mundialista argentina e integrante de la Selección que goleó a Inglaterra por 4-1 en la Copa del Mundo México ’71.

Marta Soler, la primera arquera (1971)

En aquellos tiempos de fútbol femenino donde todo era precariedad, Martita Soler, era conocida como «la arquera cantante”: a los 17 años volaba de palo a palo y jugaba con ambos pies, pero además cantaba tangos en el restaurante Rincón Gaucho,  vecina al hotel donde concentraba el equipo en México.

El lugar al que todos tienen miedo

A la hora de encontrar explicaciones sobre la complejidad del puesto, la periodista y comentarista Melu Kaler, que además es arquera, pone un argumento para bajar la estigmatización que rodea a las arqueras. “Vamos al lugar que todos tienen miedo de ocupar”, dice.

En una disciplina que crece, Gimnasia y Esgrima La Plata decidió apostar a consolidar un área específica, que anunció como el primer «Departamento de arqueras» de un club en toda América. Verónica Fuster es la responsable del proyecto y también fue 1: ahora trabaja en paliar el bullying que también sufrió.

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“Yo no quería ser arquera. Cuando lo miraba a Maradona quería jugar así. Hasta que en una clase de educación física del secundario, jugando al handball, no me salía una técnica de lanzamiento, necesitaban una arquera y dije: ‘Voy a probar’. No lo quería trasladar al fútbol, pero no pude zafar. Igual, cuando descubrís el puesto no salís del arco. Hay una especie de enamoramiento”, dice.

Verónica Fuster (Foto Deportv.gov.ar)

Tan maradoniana que su foto de perfil de whatsapp es con el Diez, a quien se cruzaba en el predio de Estancia Chica, Fuster relativiza las agresiones de Diego a los arqueros. “Eran sus rivales en la cancha, los que le podían ahogar el grito de gol. A mí no me resta en sentirlo a Maradona como ídolo. Yo siempre les digo a las arqueras cuando sufren por un gol en contra: ‘¿Por qué llegó la pelota hasta ahí? Bueno, hubo otros errores antes’”.

En una encuesta realizada en Instagram con la intención de buscar argumentos para mirar con ojos menos injustos el puesto, las respuestas destacan la valentía, la responsabilidad, la personalidad que hay que tener para utilizar las manos en un juego donde prima la habilidad con los pies. “Nos endulzan con que hacer un gol es todo y mantener el arco en cero, no”, escribió alguien. Otra persona aportó una verdad: “Las estadísticas que se registran son cuántos goles nos marcaron y no cuántas pelotas sacamos”.

En la soledad del puesto y el sufrimiento ante el costo del error no hay distinción de géneros. Juan Tolú fue arquero de Puerto Comercial de Bahía Blanca en la mayor goleada de la historia de un torneo de Primera división de varones. Banfield, en aquel Nacional ‘74, le hizo 13 goles. “Es el recuerdo más triste de toda mi carrera”, declaró alguna vez. Se paró bajo los tres palos durante años y partidos, pero ese día fue por siempre una pesadilla.

“No era el peor. Y no me siento el único responsable”, dijo.

Fuster recupera la frase de Amadeo Carrizo: eso de que la forma de ser mejor es comerse 400 goles. Presentó el proyecto en Gimnasia, donde había atajado, para pensar la función de la tarea específica, para brindar herramientas, pero sobre todo, dice, para “jerarquizar este puesto tan maltratado”.

-¿Por qué no hay nenas que quieran ser arqueras?

-Porque siempre estás más expuesta. Se valora más hacer un gol que impedirlo. Influye mucho el hecho de que hace muy poco que apareció en el femenino alguien que entrene con vos específicamente lo que necesitás. En mi época, donde había pocas canchas hasta para jugar, hacías el mismo entrenamiento que todas y en un momento te mandaban al arco y te pateaban.

-¿Cómo trabajás hoy en un área nueva?

-Apuesto a pensar el puesto desde una mirada interdisciplinaria. Trabajo con la psicóloga, con la nutricionista, con el preparador físico, el kinesiólogo y otro entrenador. Busco generar base de datos, que no hay del femenino en general y menos de las arqueras. Hice una estadística de las arqueras en la Primera argentina. Estamos utilizando técnicas que realizan arqueros de 1,90 y hay que hacer adaptaciones porque la altura promedio nuestra es de 1,69 metro.

-¿La altura garantiza algo?

-Yo reniego cuando se deslumbran con una arquera sólo por su altura. Es importante pero la tenés que acompañar con otras habilidades y personalidad. A veces se plantean tácticas defensivas sin tener en cuenta las características de la arquera. Si juega con el pie o no, si tiene confianza con las defensoras. Antes estos debates no se daban. Se imitaba lo que hacían los varones. ¿Por qué tenemos que pensar el puesto como una copia del masculino?

En la encuesta de Instagram, mientras tanto, siguen sumando argumentos para aflojarle al castigo: “Lxs arquerxs cargan el peso más pesado de los errores”. “Estamos donde nadie quiere estar en los momentos claves. Por ejemplo, en los penales”.

Fuster señala que en cada pelota que se acerca a los tres palos la arquera vive tres momentos:

analizar la situación, tomar la decisión y ejecutar una técnica. Una de las arqueras de Gimnasia fue víctima de bullying: calculó mal un disparo de un tiro libre en el partido contra UAI Urquiza (ganó UAI 3 a 1) y el video circuló por las redes sociales.

-¿Cómo se recupera lo anímico después de algo así?

-El primer paso es reconocer los errores, trabajar y enfrentarlos. Si lo tapamos no solucionamos nada. ¿Qué hacemos? Tratamos de fortalecer, de trabajar en no quedarse pensando en una pelota que ya pasó sino en una pelota que sigue.

-¿Ven la jugada?

Sí. Vemos qué pasó, qué se leyó, qué decisión se tomó. Si se ejecutó una técnica, por qué esa. Qué podría haber hecho si no se ejecutó. Siempre pensando en la mejora, no en remarcar el error. Algunos dicen que si remarcás lo terminás fijando más. No soy de las que pasan 80 veces el video. Eso sí, mostramos opciones. Y después, con la psicóloga tiene su charla individual o ella nos da tips para trabajar.

En su recorrido como arquera, Fuster -que tiene 41 años- atajó en Alumni de La Plata, Villa San Carlos y Gimnasia. Apunta a que exista lo que ella no tuvo: inferiores y espacios de formación, que las futuras arqueras dispongan de materiales y de infraestructura acorde.

Verónica Fuster con Diego Maradona en GELP

También, de espejos: “Es importante que tengan referencias. Por eso fue clave lo que pasó con Vanina Correa en el Mundial. Sus atajadas, el penal que tapó contra Inglaterra, todo eso hace que las nenas la vean y quieran ser como ella”.

El sueño de Fuster es que empiecen a surgir arqueras, que las nenas fantaseen con ponerse los guantes. “Ojo, quizá el encanto esté ahí, eh. En lo complejo del puesto. Ahora todos los técnicos quieren que juegues con los pies. Es decir, cada vez se nos piden más cosas”, dice.

Boludo o boluda, parece, no es nadie.

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Ayelén Pujol

Ayelén Pujol es periodista deportiva y escribe para distintos medios: Nuestras Voces, La Nación, Página 12 y RED/ACCIÓN. Además es columnista de deportes en Radio Provincia y comenta los partidos de Boca y River en Radio Del Plata. Publicó dos libros sobre fútbol femenino, su especialidad: ¡Qué Jugadora! y Barriletas Cósmicas, ambos sobre la historia de las mujeres futbolistas. Hubiera querido ser jugadora y por eso despunta el vicio en el Norita Fútbol Club. A veces, hace goles.

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