Femicidas en tu barrio | Policías presos por el crimen de Natalia Melmann piden la libertad

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El crimen de Natalia Melmann conmocionó al país cuando fue asesinada en Miramar. Tres policías de la Bonaerense fueron condenados en 2002 a prisión perpetua por el secuestro, la tortura y el asesinato de la adolescente de 15 años.  Ahora pidieron la libertad condicional. Los peritos advierten que no reconocen su crimen y siguen siendo peligrosos. 

Está ahí. Detrás de la góndola, en la sección Vinos y licores del super del barrio, sin poder decidirse entre una caña y un fernet. Está más gordo, más viejo, igual de asesino. Sí, es él. Vos lo ves pero -como en los malos sueños- querés gritar y la voz no te acompaña. Abrís la boca y el grito no suena. Pero es él. Esos son los últimos ojos que vio tu hija, esas son las últimas manos que la tocaron. Ella tenía 15 años y había ido a bailar. El era policía y, junto a otros uniformados de la comisaría de Miramar, la subió a un patrullero y se la llevó. Es él.

Tres de los atacantes de Natalia en el banquillo. Fueron condenados primero a reclusión y luego a prisión perpetua. Hay al menos dos victimarios más en libertad. 

Ahora, veinte años después de toda esa pesadilla, él –Ricardo Anselmini- y sus dos secuaces, también uniformados –Ricardo Suárez y Oscar Etchenique- están cumpliendo la condena que les dieron en 2002 por el secuestro, violación, tortura y asesinato de Natalia Melmann. La hija de Laura y Gustavo, la hermana de Nahuel, Nicolás y Lucía, la abanderada en su escuela, la que soñaba con ser algún día obstetra porque el encantaban los bebés, además de las flores, el mar y la música de Shakira. La clase de cosas que le gustan a una nena de quince años, cuando la vida es un papel en blanco y una puede imaginarla como quiera.

Natalia Melmann había ido a bailar cuando fue secuestrada. La policía desvió la investigación desde el principio y la furia de la gente terminó en una pueblada. 

Lo que vino después de la condena de los tres asesinos no fue, ni por lejos, un tiempo de paz. Al contrario. Sobre todo porque –después de haber tenido que ponerse a investigar por su cuenta, después de haber buscado ayuda de la gente de Miramar y del país, después de haber organizado durante los siete primeros años marchas que fueron de multitudinarias a concurridas a caminatas en las que sólo marchaba la familia y un par de amigos y amigas- Gustavo y Laura, papá y mamá de Natalia- se dieron cuenta de que, con los asesinos en prisión, comenzaba una nueva batalla: lograr que permanecieran ahí por el tiempo que había indicado la justicia. Y eso por no mencionar un desafío aún más doloroso: lograr encarcelar al denominado “cuarto policía” que participó del ataque a la chica. Este es el hombre cuyo ADN se encontró en el cuerpo de Natalia. Coincide en 97% con el del sargento primero Ricardo Panadero, quien –para desesperación de la familia- fue liberado en 2018. Ahora se espera un nuevo juicio que lo condene. Del dueño del quinto ADN no se sabe nada aun y por eso mismo la familia pide que se siga investigando a todos los policías que estuvieron prestando servicio la noche del secuestro y femicidio.

Un femicida en el supermercado

Pasó en 2012, pasó en 2017 y podría volver a suceder que los asesinos de Natalia pidieran y lograran su pase a la libertad condicional. Pero esto logró ser revocado gracias a la movilización de la familia y la respuesta de la gente, que se unió al reclamo. Pero ahora vuelven otra vez a pedir la excarcelación, y la pesadilla vuelve a comenzar. Que ganen nuevamente la calle depende hoy del juez de ejecución penal Ricardo Perdichizzi. 

Sargento primero Ricardo Panadero. Tiene 97% de compatibilidad genética con un vello púbico hallado en el cuerpo de Natalia. No pasó un solo día preso. 

De hecho la abogada de los tres asesinos condenados, la doctora Patricia Perelló, ya solicitó ese beneficio para Ricardo Anselmini, uno de sus representados. ¿Cuál es la explicación para esto que a los legos nos resulta un absurdo? ¿Cómo es que alguien puede ser condenado a perpetua por causas tan graves como secuestro, tortura, abuso sexual agravado y asesinato, y aun así volver a la calle al cabo de dos décadas? La explicación la acerca la abogada que fue representante de la familia Melmann, la doctora Constanza Berisso: “Pasado determinado tiempo y habiendo cumplido con determinados requisitos, pueden acceder a ese beneficio”. 

Y como Anselmini, según cuenta Nahuel Melmann, el hermano de Natalia, “terminó el secundario y realizó algunos cursos en prisión, la doctora Perelló solicitó una rebaja en relación a los veinte años previstos por el juez de ejecución. Esta fue una noticia que nos conmocionó y nos golpeó muy profundo, por lo que frente a esto, la familia se presentó como querella. Ahora tenemos que comenzar con el raid mediático, otra vez”

Afiche de la campaña para que los femicidas de Natalia Melmann cumplan su condena

Entre los argumentos para fundamentar su pedido, la abogada del femicida Anselmini explica: “Mi pupilo procesal se encuentra ininterrumpidamente privado de libertad desde 30/08/2002 a la fecha. Es decir, 18 años y 7 meses. Durante ese lapso se ha desempeñado laboralmente, ha realizado numerosos cursos de formación profesional logrando finalizar sus estudios secundarios, obteniendo incluso salidas transitorias que luego arbitrariamente le fueron revocadas”. 

En ese documento, citando distintas leyes, la abogada defensora realiza un detallado cómputo que convierte a cada curso completado en un paso más hacia el portón de salida. Con cada nueva capacitación – no importa si en jardinería, plomería o escritura- el asesino de una nena de quince años que fue a bailar está más cerca de encontrarse en el super con la madre de la víctima. Notable: son dos meses menos por haber hecho un taller literario, dos meses menos por el taller de panadería, otros sesenta días de descuento por haber realizado un curso de ilustración y otro tanto por otro de dibujo y tallado en madera. Quince años tenía Natalia. Era abanderada en su colegio, el N 1 Rodolfo Walsh de Miramar, pero no tuvo siquiera la chance de recibirse. Cinco hombres (los tres que hoy están presos y dos más cuyos perfiles genéticos se hallaron en el cuerpo de Naty pero que no pasaron un solo día presos) no la dejaron.

Vivir en riesgo 

Pero independientemente de su desempeño en prisión, lo cierto es que Oscar Anselmini –secuestrador, violador, torturador y participe del asesinato de una nena de 15 años llamada Natalia Melmann- no exhibe ni ápice de arrepentimiento. Lo dicen los y las peritos que lo han entrevistado: sigue negando lo sucedido, esquiva el tema cuando los especialistas preguntan qué pasó en Miramar la madrugada del 4 de febrero de 2001, por lo cual tampoco se arrepiente de nada. 

Pero, cabe aclarar, no es el único en esa situación ni el único que aspira a volver a su casa. El primero en solicitar la libertad condicional este año fue Anselmini, pero luego lo hizo Etchenique y finalmente, Suárez. Tampoco ellos se hacen cargo de nada y Suárez, de hecho, enseña artes marciales ultra violentas en otro penal.  

El mural de Natalia en Miramar

En estas condiciones, en este nivel de negación, todos sueñan con volver al barrio. En el caso de Anselmini, planea volver a vivir con su familia a Miramar. A pocas cuadras de la casa de Laura, la mujer que algunas tardes- sobre todo si es primavera y su jardín vuelve a llenarse de margaritas, las flores preferidas de Naty- se olvida de que a su hija la atacaron entre cinco, y todavía sale a la puerta, esperando verla volver. 

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Fernanda Sández

Licenciada en Letras y periodista. Docente universitaria. Autora de La Argentina Fumigada (Editorial Planeta, noviembre de 2017). Autora en Editorial Planeta.

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