La ola que se viene es roja

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La menstruación sale del closet y se vuelve un asunto de política pública. Diferentes proyectos buscan atender las desigualdades económicas y sociales que tienen las personas menstruantes y apuntan a garantizar el acceso gratuito a toallitas, tampones y copas en poblaciones vulnerables, quitar el IVA a estos productos y además proveer información sobre el tema y difundir métodos sustentables.

Foto Argentina.gov.ar

La menstruación no es como muestra la publicidad -donde todo son sonrisas- eso se sabe; pero lo que es seguro es que se la puede vivir de una manera mucho más positiva. Ya que acompaña a las mujeres a lo largo de unos 40 años de sus vidas, lo mejor es que no sea una carga. Pero lo es. Ausentismo escolar, estigma y exclusión son sólo algunos de los efectos que pueden sufrir las personas menstruantes.

Si hay que señalar un punto clave es el costo que representa adquirir productos que eviten problemas de salud, sean de calidad y reduzcan la contaminación ambiental. En la Argentina, toallitas con diferentes niveles de absorción y tampones son tratados como bienes de lujo, a los que se les aplica el IVA.

Según un informe realizado en 2020 por el colectivo Economía Femini(s)ta se gastan $ 2990 promedio por año (en el caso de las toallitas) y $ 3900 (si se utilizan tampones). Y a esos números hay que ponerlos en contexto: las mujeres reciben entre un 25-27% menos de salario que los de los varones, se encuentran subrepresentadas en el mercado laboral y están más expuestas a mayores niveles de informalidad laboral. Las que menos ganan deben destinar el 10% de sus ingresos a adquirir los elementos necesarios para la gestión del ciclo.

Visibilizar la menstruación y las desigualdades que genera, no sólo en la economía sino en la salud, la educación y el trabajo, es otro logro de los movimientos feministas. Por eso -¡finalmente!- el tema saltó a la agenda. Hay 19 iniciativas presentadas en el Congreso referidas a la provisión de productos gratuitos para la gestión menstrual, su exención de impuestos y la promoción de métodos sustentables.

Muchas de estas acciones fueron puestas en marcha desde 2017 por las integrantes de Economía Femini(s)ta como parte de la campaña #MenstruAcción. “Nuestro primer objetivo era decir menstruación y dejar de lado eufemismos, porque sostienen una vergüenza. Nuestro slogan es que la menstruación también es un factor de desigualdad y planteamos tres reclamos que son la quita del IVA en los productos, la provisión gratuita en espacios comunitarios como escuelas, cárceles, universidades y comedores y la investigación y socialización de datos al respecto para subsanar la información que escasea”, detalló frente a la Cámara de Diputados en agosto pasado la coordinadora de #MenstruAcción, Agostina Mileo (también conocida como La Barbie Científica por su usuario @Bcientifica en Twitter).

#MenstruAR

Para romper el tabú alrededor del tema y conversar sobre las políticas públicas que están en ejecución y las que se pondrán en marcha, el gobierno nacional realizó el 15 de diciembre pasado el primer foro de Acciones para alcanzar la Justicia Menstrual. Más de 100 funcionarias nacionales y provinciales, diputadas y senadoras nacionales, concejalas, dirigentes políticas, cooperativistas y activistas de todo el país se reunieron con el objetivo de darle al tema una perspectiva integral.

Majo Poncino, coordinadora de Promoción Territorial de la Dirección de Cuidados Integrales del Ministerio de Desarrollo Social, indicó durante el encuentro (con el hashtag #MenstruAR) que “hablar de justicia menstrual es hablar de justicia social”. Y alzó el pedido: “Necesitamos construir políticas públicas que generen herramientas para que podamos transitar la menstruación de manera más digna, con acceso igualitario para todas y todos”.

Entre las medidas que ya están en marcha se encuentran la compra de copas menstruales para distribuirlas de forma gratuita por parte del Ministerio de Salud y la adquisición de 2 mil copas para las mujeres de las fuerzas federales.

Además, con el objetivo de ampliar los métodos de gestión menstrual y de hacerlos más amigables con el ambiente, la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica va a lanzar un concurso de diseño de productos reutilizables.

Las funcionarias del Ministerio de Economía advirtieron la importancia de hacer cambios en el sistema de impuestos para que sea más equitativo. Mientras tanto, toallitas y tampones fueron comprendidos en los Precios Cuidados. El segmento había alcanzado en seis meses un aumento promedio de entre el 30 y 40%.

 

A la conquista de un derecho

 

Nuevas reglas

“Empezar a hablar de justicia menstrual tiene que ver con entender que hoy la menstruación es un factor más de desigualdad. De mayor o menor impacto. Esto significa que quizá muchas adolescentes por no poder acceder a estos productos terminan faltando más días a la escuela o incluso a la hora de ir al trabajo muchas mujeres tienen distintas dificultades”, detalla la legisladora porteña Lucía Cámpora, quien presentó un proyecto para lograr la provisión gratuita por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires de distintos productos de gestión menstrual. El objetivo es repartir toallitas, tampones y copas en instituciones educativas, hospitales, centros integrales de la mujer, comedores comunitarios, hogares y refugios para personas en situación de calle.

La menstruación empezó a ser un tema de Estado. Hay varias acciones que ya están en marcha en todo el país. Algunos municipios ya pusieron en funcionamiento programas de provisión gratuita de toallitas y tampones. Uno de los pioneros fue el partido bonaerense de Morón. Imitó el ejemplo, la ciudad de Santa Fe y la de San Rafael, en Mendoza. Y otros tantos proyectos esperan su aprobación.

“Hace años que se milita la menstruación como problemática, como condición de desigualdad que debe atenderse. Este último año, gracias a la lucha de los feminismos, se puso en la agenda pública. Y somos varias las que agarramos el guante y lo llevamos a los concejos deliberantes, congresos provinciales y al Congreso Nacional”, señala Lucía Claramunt, concejala en San Isidro por el Frente de Todxs. “Los proyectos de gestión menstrual, como el que presenté, buscan atender una desigualdad que tenemos las personas menstruantes, no solo económica ante el varón, sino que también de participación política y social. Si nosotras y nosotres no podemos comprar toallitas o tampones, no podemos salir de nuestro ámbito privado y asistir en el ámbito público a actividades políticas, escolares, laborales. Menstruar en condiciones dignas debe ser un derecho garantizado por el Estado. Por eso es importante impulsar estos proyectos hasta que sean una realidad”, agrega la también militante de la agrupación Peronismo 26 de Julio.

Las distintas acciones también hacen hincapié en una gestión menstrual ecofriendly y que cuide la salud. “Debemos apuntar a dejar de consumir productos que dañen nuestro cuerpo y el ambiente. Como lo son aquellos descartables que fueron históricamente los que nos impusieron. No solo nos producen infecciones y olores por los químicos que contienen, sino que contaminan. Además son productos caros”, puntualiza Claramunt

Hay varias alternativas reutilizables mejores para el organismo y sustentables para el bolsillo y el planeta. Algunas opciones son las compresas de tela, toallitas y tampones desechables de algodón ecológico y libres de toxinas, bombachas para la menstruación, y la copa, que está hecha de silicona hipoalergénica y dura unos 5 años.

Más y mejor información

“Cuando presentamos el proyecto de ley de #MenstruAcción en el Congreso, flashábamos lo que les pasaría por la cabeza a algunes representantes de leer tantas veces la palabra MENSTRUACIÓN. Imaginen el día que se debata en el recinto. Para alquilar proyectores”, tuiteó en mayo de 2019 Mercedes D’Alessandro, quien desde principios de enero de 2020 se desempeña como directora nacional de Economía y Género.

¿Por qué la menstruación sigue siendo tabú? Se va al baño con el tampón escondido, se habla del tema con vergüenza y se usan eufemismos y giros lingüísticos, como si se tratara de algo innombrable: “indispuesta”, “en esos días”, «vino Andrés», “me bajó/me vino regla”.

Hablar de menstruación y hacerlo desde una perspectiva de género amplia es un paso fundamental para romper con los discursos que alimentan imágenes negativas sobre un ciclo natural. “Educamos muy poco sobre la menstruación y cuando lo hacemos reproducimos narrativas tradicionales sobre el género. El sangrado como una preparación para la maternidad. Pero hay otras narrativas posibles. Y necesitamos una educación inclusiva/diversidad sensible en relación a la menstruación, que incluya a los varones y a otras identidades. La industria de cuidado femenino cubrió ese lugar vacante que dejó el Estado con charlas en las escuela, que recibió la generación que hoy tiene 30, 40, 50 años. Hoy el programa Educación Sexual Integral (ESI) mejoró mucho en ese tema, pero aún tiene un trabajo por hacer sobre qué se transmite sobre la menstruación a las nuevas generaciones. Educamos poco sobre el ciclo menstrual.

Según un estudio hecho en Nueva Zelanda, a mayor educación menstrual mayor probabilidades de detectar patologías silenciosas como la endometriosis”, dijo en una reunión informativa que dio a los integrantes de la Cámara de Diputados la psicóloga y doctora en Ciencias Sociales, Dra. Eugenia Tarzibachi, autora del libro Cosas de mujeres.

Hay tantísimos temas que pueden ayudar a mejorar la salud menstrual que parece increíble que aún hoy carezcan del desarrollo que se merecen en las escuelas. Los contenidos se renovaron pero todavía falta una implementación más profunda, donde se cuestionen los prejuicios y estigmas ligados a la menstruación y se prepare a las chicas para sobrellevar el impacto que estas miradas sociales tienen sobre sus cuerpos y sus procesos biológicos. Y también como y con qué sobrellevar de la mejor manera la gestión menstrual.

En el mundo

“¿Qué ocurriría, por ejemplo, si de pronto, por arte de magia, los hombres pudieran tener la menstruación y las mujeres no? Compresas y tampones recibirían subvenciones federales por lo que serían gratuitas”. Eso reflexionó en los años 70 la mítica feminista estadounidense Gloria Steinem. Cuatro décadas más tarde en todo el mundo se discute el tema y se arriman políticas pero está lejos de ser gratuito de manera global.

En noviembre de 2020, Escocia se convirtió en la primera nación del mundo en hacer que los productos de higiene para la menstruación no tengan un costo económico para su población. Los legisladores del Parlamento de ese país aprobaron por unanimidad el proyecto de Ley de Productos de Período (de suministro gratuito). Las autoridades locales tienen la obligación de garantizar que los artículos como tampones y toallitas estén disponibles para “cualquiera que los necesite» en edificios públicos.

Más tímido pero contundente estuvo el Reino Unido al eliminar la tasa del 5% del impuesto al valor agregado (IVA) sobre los productos menstruales. “Estoy orgulloso de que cumplamos hoy nuestra promesa de eliminar el impuesto a los tampones -dijo el ministro de finanzas británico, Rishi Sunak-. Los productos sanitarios son esenciales, por lo que es correcto que no cobremos IVA”.

En el resto del mundo, solo un puñado de países tienen cero impuestos agregados a los productos de gestión menstrual. Estos son Canadá, India, Australia, Kenia y varios estados de EE.UU. El año pasado, Alemania redujo la tasa impositiva de toallitas y tampones después de considerarlos esenciales y no un lujo. Colombia es la excepción en la región. En noviembre de 2018, eliminaron el impuesto a los productos de higiene femenina.

Con este nuevo escenario, el tema adquirió una dimensión amplificada. Saltó a la política social, las militancias y el activismo. Se pueden ver consignas alusivas en las movilizaciones y marchas de mujeres.

“Reclamar nuestra sangre es el primer paso para recuperar nuestro cuerpo y tener acceso a un conocimiento real y empoderamiento acerca de nosotras mismas -asegura a periodista y feminista francesa Élise Thiébaut, autora del libro Mi sangre. Pequeña historia de las reglas, de aquellas que las tienen y de aquellos que las hacen-. Nuestro tiempo ha llegado: mi sangre, mis reglas, mi vida”

Consuela saber que el gobierno nacional tomó consciencia de que la pobreza menstrual también existe y necesita políticas que la reviertan. Hasta que se ponga en marcha una legislación integral que abarque todo el país, queda seguir luchando y reivindicando que menstruar no debería ser un lujo.

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Ana Peré Vignau

Ana Peré Vignau es periodista freelance y colabora en distintos medios. Hizo una Maestría en Periodismo (Universidad de San Andrés-Clarín) y una Diplomatura en Marketing Digital (UTN). También fue editora de la revista Lonely Planet.

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