Plataforma de Beijing: Logros y pendientes, 25 años después

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En 1995, una ciudad de China rebalsó de activistas, reclamos y esperanzas. Tal vez por eso la IV Cumbre Mundial de la Mujer se recuerda hasta hoy como lo que fue: un hito único en la pelea por los derechos y la igualdad. En 2020 se cumplieron 25 años y la pandemia opacó el aniversario. Hoy revivimos la cita en Beijing para repasar lo mucho que se logró y lo mucho que aún falta.

 

Una cumbre mundial que podría haber sido como cualquier otra, pero no. No lo fue, y fue tan otra cosa –tantas mujeres, llegadas desde tantos países, con tantas historias y tantas demandas parecidas– que hasta hoy se recuerda la IV Conferencia Mundial de la Mujer de 1995 con un nombre que suena a campanazo: la Declaración y Plataforma de Beijing.

“La década de los 90 se caracterizó por la realización de una serie de conferencias sobre derechos humanos en distintos campos. Y la IV Conferencia Mundial de la Mujer en 1995 fue a continuación de la Conferencia de El Cairo, en la que se trataron –por primera vez– los temas de salud reproductiva. Ahí se logró algo clave: dejar de lado las metas demográficas. Pensemos que en nuestro país la meta era poblar. Éramos un país natalista. Pero lo que no pudo darse en El Cairo fue el reconocimiento de los derechos sexuales, que recién se logró en Beijing”, cuenta la doctora Mabel Bianco, titular de la Fundación para el Estudio y la Investigación y de la Mujer (FEIM).

Mabel Bianco, titular de la Fundación para el Estudio y la Investigación y de la Mujer (FEIM).

¿Por qué Beijing no fue una más de todas esas reuniones adonde los líderes y lideresas de todo el mundo llegan, se saludan, prometen velar por la paz y vuelven a sus respectivos países a hacer exactamente lo mismo de siempre? ¿Por qué se la recuerda y se la sigue reivindicando hasta hoy? Entre otras cosas, porque por las calles de Beijing caminaron en esos días 47.000 mujeres, en su mayoría activistas. De hecho, en la inauguración hubo 17.000 participantes de organismos gubernamentales y casi el doble -30.000- de activistas que “pese a su gran diversidad y distinta procedencia mundial, compartían un único objetivo: la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres, en todas partes”,  como resume el documento de ONU Mujeres llamado La plataforma de Beijing: inspiración entonces y ahora.

Cuenta Bianco: “Yo estuve en Bejing y tuvo una característica muy diferente: fue muy, muy importante la actividad no gubernamental. Es decir, no la que ocurría en el edificio de convenciones, en un centro en donde estaban todas las delegaciones gubernamentales, sino en el Foro no gubernamental paralelo. Allí se dio algo muy especial y que es lo que en realidad más se recuerda de Beijing, porque el gobierno chino sacó a esa reunión de la ciudad de Beijing y la puso en un pueblo cercano llamado Huairou. Allí se armó una comisión (la Comisión de Huairou) y allí asistían todas las representantes de las organizaciones no gubernamentales. Se juntaron 30.000 mujeres. Fue muy impresionante y más impresionante aun fue la cantidad de actividades que hubo.  En cada una se expresaban todas: había mujeres defendiendo sus derechos familiares, su derecho al empleo, a la equidad salarial, estaban las que defendíamos la salud sexual y reproductiva, las que defendían el derecho a la educación…No hablábamos el mismo idioma, pero igual nos entendíamos así fuera con gestos o filminas. Ahi se vieron todos los temas y había actividades de la mañana a la noche. Había una comunión de tal tipo que fue una verdadera fiesta. Había una fuerza inmensa”

Uno de los lugares de encuentro y divulgación durante la Comisión de Huairou.
Mujeres empoderadas

Fueron, en efecto,  miles de mujeres llegadas a una ciudad de la China comunista decididas a patear el tablero. De una vez y para siempre, y vaya si lo lograron. Hasta hoy, para las feministas que peinan canas, basta con nombrar a Beijing para que todas las miradas vuelvan a iluminarse con el brillo de las hogueras que encendieron entonces, y que aún arden.

Una imagen de uno de los foros de Huairou, donde participaron mujeres, activistas e integrantes de ONG’s de todo el mundo.

Según Monique Altschule, directora de Mujeres En Igualdad (MEI), “más allá de la reunión en sí, lo importante fue lo que pasó después, todo lo que se comenzó a hacer al regreso. Hablamos de un plan de acción muy bueno que fijó los objetivos para los años siguientes y que recién fue reemplazado por la Agenda 2030. Frente a esto, yo me sigo quedando con la agenda de Beijing”, dice la feminista. “¿Por qué? En primer lugar, porque era muy novedosa. Pensemos que en ese momento no existía todavía Internet y las comunicaciones eran mucho más difíciles. Pero aún así, esta convocatoria se difundió por todos los países como un reguero de pólvora. Además, todas las mujeres que lograron ir volvían con las novedades y era muy emociónate. Nunca más hubo tanta comunicación, tanta alegría en los encuentros. Y además, se abría una agenda para el futuro que generó un entusiasmo que, al menos en Argentina, nunca más volvió a darse”.

Vista general de la sesión de apertura de la Conferencia de Beijing.

¿Cuál fue el gran logro de Beijing? En realidad no hubo uno sino dos: el primero, una Declaración de 38 puntos que significó el compromiso de 189 países en relación al progreso de las mujeres. En el punto 13, por caso, se lee que “la potenciación del papel de la mujer y la plena participación de la mujer en condiciones de igualdad en todas las esferas de la sociedad, incluidos la participación en los procesos de adopción de decisiones y el acceso al poder, son fundamentales para el logro de la igualdad, el desarrollo y la paz”. Y si hoy una declaración como ésa hoy puede resultar obvia, en 1995 no lo era. En absoluto. Justamente por eso fue que decenas de miles de mujeres se encontraron en Beijing: para que su presencia fuera una suerte de recordatorio a los líderes de cada país de que el mundo estaba cambiando, y que las mujeres no podían ser excluidas de esa transformación.

En cuanto al segundo logro, fue la redacción de una Plataforma de Acción que estableció doce áreas de interés para comenzar a convertir las propuestas en realidad. Un ideario potente en el que, entre otras cosas, se habló por primera vez de los derechos sexuales (separados de los derechos reproductivos) y del  cuidado del medio ambiente como algo que involucraba directamente a las mujeres. También,  por primera vez, se avanzó en áreas tan centrales como los derechos de las niñas, la lucha contra la violencia de género o la necesidad de lograr la paridad en los lugares de decisión. ¿Cuáles eran esas doce  áreas o esferas de acción? Se los definió como doce Objetivos estratégicos y medidas: La mujer y la pobreza, Educación y capacitación de la mujer; La mujer y la salud; La violencia contra la mujer; La mujer y los conflictos armados; La mujer y la economía; La mujer en el ejercicio del poder; Los derechos humanos de la mujer; La niña; Mecanismos institucionales para el adelanto de la mujer; La mujer y los medios de difusión y La mujer y el medio ambiente.

Áreas de interés o “esferas” planteadas en la Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing.

“La Plataforma de Beijing fue tan de vanguardia que en ella ya estaban, hace veinticinco años, todos los temas que nos siguen preocupando hoy. Pero, además, lo clave de ese encuentro fue el protagonismo increíble que tuvo la sociedad civil, cosa que lamentablemente hoy ha desaparecido”, dice Altschule.

Avances y demoras

Desde entonces sin duda ha habido progresos, estancamientos y retrocesos, y en septiembre de 2020, cuando se cumplieron 25 años de aquella verdadera “reunión cumbre”, distintos organismos hicieron un balance. La Comisión Económica para América Latina (CEPAL), por caso, produjo un documento llamado Informe regional sobre el examen de la Declaración y la Plataforma de Acción de Beijing en los países de América Latina y el Caribe a 25 años de su aprobación. En este documento de 53 páginas se analiza no sólo el progreso en las doce esferas de preocupación de Beijing sino también los “desafíos para la implementación de la Plataforma de Acción”. Así, en base a los informes nacionales que cada cinco años recogen en cada país de la región los avances y retrocesos, se llegó a la elaboración de este documento que desnuda no sólo lo conseguido sino también lo mucho que falta.

Entre los logros se destaca “en primer lugar el avance en la formulación y aprobación de leyes y normativas que tipifican el femicidio o feminicidio. En segundo lugar, el aumento —aunque aún insuficiente— de la participación de las mujeres en los espacios de toma de decisiones. El tercer logro tiene que ver con la incorporación en la agenda de los países de la región del tema de los cuidados y del trabajo no remunerado que realizan las mujeres, como parte integral del diseño de los sistemas de protección social. Por último, se destaca la incorporación del enfoque de género en la arquitectura institucional de los Estados y en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en la región”. Con todo, la equidad entre géneros sigue siendo más una meta que una realidad, y así lo reconoce el informe en su último capítulo, en donde se destaca que “A 25 años de la aprobación de la Plataforma de Acción de Beijing, se han realizado progresos significativos en el reconocimiento de los derechos y la autonomía de las mujeres. No obstante, los avances han sido lentos y disímiles entre las distintas dimensiones de la autonomía de las mujeres. Además, estos progresos no han sido constantes y sigue habiendo obstáculos que limitan el alcance de las políticas de igualdad y su repercusión en la mejora de las condiciones de vida de las mujeres y las niñas en la región”.

¿Cuáles son las áreas en las que –a 25 años de la IV Cumbre Mundial de la Mujer– lo que allí se firmó sigue siendo una realidad de papel? Veamos: el informe señala seis áreas críticas. La primera se vincula al derecho a vivir una vida libre de violencia y discriminación, ya que aún cuando muchos países han actualizado sus normativas, todavía queda mucho por hacer. “El acceso a la justicia y los mecanismos de prevención, atención y protección a las víctimas siguen siendo limitados, y la lucha contra el feminicidio es un gran desafío. Asimismo, la falta de priorización presupuestal para estas políticas hace que, en ocasiones, la implementación de estas normas sea parcial e insuficiente”, detallan.

En Latinoamérica, las leyes en la lucha contra la violencia contra las mujeres se lograron después de la IV Cumbre Mundial de la Mujer en Beijing.

Del mismo modo, en materia de derechos sexuales y reproductivos todavía queda mucho por hacer. Varios países de la región siguen penalizando el aborto en cualquier circunstancia, carecen de programas de salud sexual integral o –teniendo ambas normas– ninguna de estas se cumple plenamente en la práctica. “Respecto a la IVE, tener la ley en nuestro país fue fundamental porque es la base que nos da la posibilidad de reclamar la implementación de la práctica justamente porque contamos con una ley que garantiza ese derecho. Por eso es muy importante tener la ley, pero lo que ahora necesitamos con urgencia es que se implemente”. destaca Bianco.

En materia de derechos económicos, el informa de CEPAL da otra señal de alerta: la segregación laboral de género y la feminización de la pobreza son dos datos graves en la región, donde “la segregación laboral y la sobrecarga de trabajo no remunerado sobre las mujeres sigue repercutiendo en el acceso segmentado a la protección social”. Las mujeres viven  más años pero –de la mano de la precarización y de la informalidad– llegan a la vejez con “una menor cobertura en materia de jubilaciones y pensiones contributivas y acceden a montos inferiores que los hombres”.

En cuanto a los derechos civiles y políticos, el informe destaca la necesidad de dar un “salto hacia las democracias paritarias”, que aún no logran conformarse porque la visión androcéntrica sigue relegando a las mujeres. Por último, en lo que hace a derechos colectivos y medioambientales, la evaluación es especialmente preocupante en algunas zonas de la región en donde el cambio climático se hace sentir con especial énfasis.

Las mujeres son las principales afectadas por el deterioro del ambiente.

Por eso, “si bien el vínculo entre la igualdad de género y el medioambiente fue una esfera de preocupación de la Plataforma de Acción de Beijing, los impactos del cambio climático en la vida de las mujeres durante estos 25 años imponen desafíos adicionales. Varios informes nacionales del Caribe señalan los retos que conlleva la vulnerabilidad ante los huracanes, los daños que implican y la necesidad de inversión pública para la reconstrucción. Ellos generan situaciones de pérdida de viviendas, activos productivos, servicios e infraestructuras, con un impacto particular en los derechos de las mujeres”.

El balance de estos 25 años desde la más memorable cumbre mundial de la mujer muestra un claroscuro de logros y de asuntos pendientes. Pero no menos cierto es que, como dice la canción, vamos caminando. Y la lucha por los derechos se sigue respirando en toda Latinoamérica.

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Fernanda Sández

Licenciada en Letras y periodista. Docente universitaria. Autora de La Argentina Fumigada (Editorial Planeta, noviembre de 2017). Autora en Editorial Planeta.

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