Fernández Cordero: «Los feminismos de izquierda son fundamentales para la lucha en el mundo actual»

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Feminismos para la revolución es una antología que se ofrece descarnada, disidente y provocativa. «El libro quiere proponer un ejercicio que permita volver a los cruces entre las izquierdas y los feminismos aunque las protagonistas ya sean conocidas», sostiene la autora.

TÉLAM.- Desde la convicción que en el pasado se trenzan las resonancias del presente, la socióloga Laura Fernández Cordero reúne en Feminismos para la revolución una antología de catorce voces que datan de más de un siglo y cuyas posiciones políticas se inscriben en las expresiones de izquierdas, para retomar algunas de las tensiones, cruces y reivindicaciones de quienes en la lucha por la revolución disputaron, mucho antes de que la enunciación feminista se reconociera de tal modo y en su pluralidad, la liberación de los cuerpos.

Fernández Cordero, autora de «Feminismos para la revolución».

A medida que la marea verde se expande, la construcción de una memoria feminista reclama espejos donde reconocerse y proyectar derivaciones de su acción. O de las huellas de sus historias, porque el movimiento feminista está plagado de relieves y direcciones sobre los cuales indagar. Así, las cartografías que gracias a la masificación popular salen de la investigación académica recuperan a las pioneras, reconocen a las invisibilizadas, aportan material para identificar las ideas y teorías en los contextos de producción de muchas que hace siglos reclaman por cosas no muy distintas a las que marcan las agendas de géneros en la actualidad.

Sobre el pliegue de las izquierdas viene trabajando Laura Fernández Cordero, responsable del área académica del Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas, que en este libro reúne una selección de voces desafiantes a las que acompaña de breves biografías, que marcan el tiempo y el tono para comprender las enunciaciones y los cruces: «Convocar a estas voces es una forma de conectar y reponer con esa parte de los feminismos, plurales desde sus inicios, que proclamó la superación de la explotación y el sistema de clases», dice la autora a Télam.

Feminismos para la revolución (Siglo XXI) es una antología que se ofrece descarnada, disidente y provocativa a través de textos –manifiestos, artículos, libros, cartas– que desenmascaran promesas incumplidas, como Claire Démar (1800-1833) que les recuerda a los franceses que la emancipación proyectada de la Revolución Francesa las excluyó o Jenny D´Hericourt (1809-1875), otra francesa, que confronta con su palabra a adversarios influyentes, entre ellos, Auguste Comte.

Estas voces se encadenan en el tiempo, como se ve con las que cuestionan la maternidad, las que exponen las tensiones al interior de los espacios políticos, las que advierten que una revolución proletaria debe incluir todas las expresiones de géneros, las que dudan de la monogamia y reclaman el derecho al goce y a los placeres sin anteojos moralistas, como hace uno de los dos «aliados» de esta selección, Charles Fourier que aboga por amores libres.

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Hay nombres que son mitológicos: Flora Tristán, migrante y proletaria que en el manifiesto «Unión obrera» se dirigía «a los obreros y las obreras», Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y Emma Goldman. Y junto a ellas toman la palabra otras que no fueron igual de transitadas, como la uruguaya María Abella Ramírez (1863-1926), que en una carta dirigida al obispo desnuda la moral católica y defiende la «conquista de la libertad de la mujer» como «parte integral de la libertad del hombre».

En este recorrido por conversaciones de lenguas feroces donde muchas veces la ironía funciona como insinuación para desenmascarar, se incluye al diario comunista anárquico La voz de la mujer hacia fines del siglo pasado. En su segundo editorial se dirigen a sus compañeros: «En nombre de la Anarquía hacer la guerra a un periódico que, al venir a la lucha periodística, vino dispuesto a transigir con nada ni con nadie en lo referente a defender la emancipación de la mujer, uno de los grandes y bellos ideales de la Anarquía. Los que habéis hablado ¿estudiasteis bien lo que es la Anarquía?».

«Esta antología quiere proponer un ejercicio que permita volver a los cruces entre las izquierdas y los feminismos aunque las protagonistas ya sean conocidas. El libro busca reponer algunos de sus textos, sobre todo los que muestran problemas y tensiones porque es en esa fricción donde se hacen más evidentes algunos nudos políticos y conceptuales con los que seguimos lidiando», explica la autora de Amor y anarquismo.

—En ese giro que proponés hay un gesto por colectivizar más que por canonizar ¿la idea es que el libro funcione más como caja de resonancia que como rescate singular?

—Sí, las voces están entrelazadas por razones históricas y biográficas (compartían espacios, eran amigas, se leían entre sí a través del tiempo, se editaban), pero también las une las situaciones que enfrentaban y que producen ecos que todavía resuenan: el rechazo por sus afirmaciones, la valentía de oponerse a lo esperado, los límites de sus partidos para contenerlas, la crítica de los propios compañeros, las disputas entre ellas, la insistencia del cuerpo y de los deseos, las estrategias que utilizan (hablar, gritar, escribir, denunciar, callar…) Conocerlas y leerlas es una manera de sumar más estrategias e ideas a la lucha contemporánea. Y fortalecerla en la seguridad de que no es una novedad, sino que tiene una larga y encendida historia.

 

—»Desacatadas, las mil lenguas de la enunciación feminista no caben en ninguna revolución, la desbordan», escribís. ¿Qué revoluciones impulsan, imaginan?

—Puede ser tentador pensar a los feminismos como una revolución porque se viven tiempos de transformación y radicalidad, pero si tenemos en cuenta la deriva de algunas revoluciones propiamente dichas del siglo XX, tal vez es mejor pensar a los feminismos como formas de enunciación, maneras de expresarse ante lo imperante que siempre desbordan, que no se detienen, que son incómodas o inesperadas. Si algo parece conquistado o resuelto, esa forma feminista de decir y de hacer alerta sobre lo que no cierra, sobre las nuevas exclusiones, sobre los riesgos de una nueva institucionalidad, sobre las violencias que reaparecen. Por eso más que un feminismo como revolución, el libro abre la posibilidad de pensar feminismos plurales «para» la revolución incesante de las estructuras económicas, las políticas, las morales, los deseos, las identidades, los cuerpos…

—¿Y cómo pensaste el encuentro de estos textos? No son todas mujeres: una forma de mostrar que el feminismo es cuestión de cuerpos.

—Las une un recorte personal, muy ligado a mis propias lecturas y a la libertad que tuve para elegir. El diálogo constante con Caty Galdeano, la editora, reforzó el recurso de la primera persona como una forma de sumarme a esa cadena de sentidos, a ese camino que la palabra no olvida, como dice uno de los epígrafes. Pero no por eso es una selección caprichosa o definitiva o la única posible. Son algunas de las voces que de una manera u otra todas dialogaron con expresiones de izquierdas o emancipatorias de cada momento histórico. De hecho, el libro forma parte de la colección Biblioteca del Pensamiento Socialista y a en esa enorme cantera de textos, cada una de estas voces resalta una discusión o una tensión no resuelta: la supuesta universalidad del sujeto de la política emancipatoria, la evidencia de que el ideal de emancipación es restrictivo, la exigencia de transformación personal de los compañeros.

—Se desromantizan las banderas igualitarias de las izquierdas al exponer la matriz machista que sostiene muchas de las consignas ¿se resolvieron esas tensiones con el devenir de los años o siguen latentes?

—Convocar a estas voces es una forma de conectar y reponer con esa parte de los feminismos, plurales desde sus inicios, que proclamó la superación de la explotación y el sistema de clases. Aunque las socialistas y comunistas que llevaban adelante esa lucha no se consideraran feministas en sentido estricto son la contracara necesaria de esos otros feminismos, de corte liberal, cuyo horizonte no era la transformación radical sino la inclusión a través de los derechos civiles y políticos. Y que tampoco son novedosos o un producto del neoliberalismo. En ambos casos encontraron matices, las socialistas pensando el voto como una estrategia de concientización, por ejemplo; o las burguesas reflexionando sobre la moral sexual o el poder clerical. Para quienes creemos en un horizonte de superación del capitalismo, los feminismos de izquierda son fundamentales para la lucha en el mundo actual.

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—¿Cuáles temas, zonas, te resultaron significativas en las demandas del presente?

—Uno de los efectos de los textos es que, aun teniendo más de un siglo, hablan al presente. La francesa Claire Démar dándole importancia al goce sexual, aunque lo dice con otro vocabulario (espíritu, carne) enlaza con la llamada revolución sexual de la segunda parte del siglo XX. Rosa Luxemburgo resistiendo el mansplaining, la crítica constante de su pareja ante todos sus logros. Emma Goldman ejerciendo el poliamor. La Kollontay defendiendo ante las calumnias su amor por un hombre joven y, a la vez, batallando contra la burocratización. La Bella Otero, capturada por los criminólogos, escribiendo su historia como madre y demostrando que las identidades no binarias y trans estallan toda pretensión de destino biológico.

En ese sentido, la antología quiere intervenir en el debate actual y contrarrestar las posiciones biologicistas, los llamados feminismos radicales abroquelados en una identidad femenina determinada por la naturaleza o por la esencia. Si algo demuestran estos textos es que tanto «la Mujer» como el sujeto político del feminismo siempre estuvieron en construcción y en abierta disputa política.

No se trata de borrar las especificidades históricas, que las hay, pero sí alimentarnos de esos ecos, de las resonancias que, a través de la historia, dan base, imágenes y palabras a la actualidad de la llamada marea verde. Me gustaría que ante esa muletilla que se escucha a diario «ahora con esto del feminismo» la antología responda con 14 voces, apenas 14 de miles, que dejan en claro que ese «ahora» es una fantasía tranquilizadora. La masividad puede ser novedosa, pero para llegar a ella hubo un camino de siglos de enunciación feminista, alterando siempre lo dado y lo permitido. Y no va a parar.

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