Hacer visible lo invisible

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Para festejar el Día de la Jubilada y el Jubilado, que se celebra cada 20 de septiembre, nada mejor que presentar a Gladys, Ethel y Marta, tres mujeres que -por las políticas inclusivas del Estado que reconoce como aportes las tareas de cuidado a sus hijos e hijas- pudieron acceder al derecho. Una reivindicación real a aquello de “eso que llaman amor, es trabajo no remunerado”. 

QUIRÓN.- “Estoy muy emocionada, no tengo palabras”, dice una de las primeras cien mujeres que pudieron acceder en la localidad bona erense de Cañuelas al programa de jubilación de ANSES que reconoce como años de aportes las tareas de cuidado de acuerdo a la cantidad de hijos e hijas. “Cuando me dijeron pasá y anotate no lo podía creer, es un reconocimiento muy valioso”, agrega otra de las mujeres y la voz le tiembla mientras sujeta la carpeta con toda la documentación contra el pecho. Son parte de las más de 155.000 mujeres de entre 59 y 64 años que no cuentan con los treinta años de aportes registrados y que desde julio pueden acceder a este derecho.

Olga es una de las miles de mujeres a las que le faltaban aportes para jubilarse. Foto: Anses

¿Cómo se computa algo tan sobreentendido como las tareas de cuidado? ¿Cómo se traza sobre el papel aquello que siempre se hizo de manera silenciosa, generalmente puertas adentro en un malabar que hasta ahora no había sido reconocido como trabajo? ¿Cuántas veces escuchamos: no hago nada, soy ama de casa, y sin embargo la lista de tareas es infinita aunque no haya registro?

Lo simbólico no es un dato menor y hoy toma otra forma, concreta, precisa: de punta a punta en todo el territorio las mujeres se acercan a las ventanillas del ANSES para dejar asentado su trabajo, y eso significa hacer visible lo invisible. Hoy, 20 de septiembre, fecha en la que se celebra el Día de la Jubilada y el Jubilado, Quirón pone rostro a las primeras mujeres a las que el Estado reconoce aquello de eso que llaman amor, es trabajo no remunerado.

Un anuncio revolucionario

Solo durante el primer mes de la implementación del reconocimiento de aportes por tareas de cuidado se iniciaron en el país unos 46.388 expedientes de jubilación y los turnos para el mes de agosto llegaban a 123.078. Los números hablan por sí solos, pero también se desgranan en casos puntuales, que tienen rostro y vida, como el de Zulema, la primera madre de la Patagonia que se jubiló por el Reconocimiento de Aportes en Rawson.

Zulema inició su trámite en la Patagonia, al igual que más de 46.000 mujeres.

Los casos se van multiplicando: el programa que lanzó la titular de ANSES Fernanda Raverta reconoce a los fines jubilatorios un año por hijo e hija para mujeres y personas gestantes con hijos e hijas nacidos vivos o adoptados. Al mismo tiempo, a las mujeres que hayan sido titulares de la Asignación Universal por Hijo (AUH), y el niño o niña haya percibido este derecho por lo menos durante 12 meses, se les computarán dos años adicionales.

El anuncio fue revolucionario, ya que solo 1 de cada 10 mujeres llega a los 30 años de aportes para poder jubilarse. La peor situación la viven las mujeres de sectores populares: el 70% de quienes recibieron la AUH tiene 5 o menos años de aportes y solo un 12% tiene 10 o más años.

La realidad es que las mujeres tienen menos tiempo para trabajar remuneradamente y, en gran parte, deben interrumpir la tarea laboral para cuidar cuando son madres. Por eso, el programa que lanzó el organismo no solo reconoce que cuidar implica un tiempo, sino que lo remunera.

“No se me hubiera pasado por la cabeza que alguien reconociera que cuidar a la prole tuviera un valor económico, que se traduzca en algo”, dice Gladys.

“Mi vieja inició su trámite jubilatorio este jueves, eso fue posible porque un Estado presente le reconoció todas las horas de mimos, teta, cambio de pañales, revisión de cuadernos, pasada de peine fino, las levantadas a la noche, las desveladas, los madrugones, las mañanas de lluvia, los desayunos, las meriendas, las cenas, preparar el uniforme, acordarse del mapa número 5 y el papel canson, y todas esas cosas que ni nos acordamos porque las naturalizamos. Cuidar es trabajar, y vaya que trabajo, sin horas de descanso, vacaciones ni feriados. Vale la pena gobernar si es para reparar y construir una mejor versión de nosotrxs mismos”, publicó en sus redes Lucía Portos, subsecretaria del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad Sexual en la Provincia de Buenos Aires.

Esas mismas palabras, plasmadas “de manera tan clara”, dirá a Quirón su mamá, hicieron que Gladys se mirara de otra forma y cayera en la cuenta de todas esas tareas que había llevado delante de manera tan naturalizada. También, alentada por su hija, consideró que era posible entrar en el flamante programa: “A mí me solucionó la vida, eran justo los años que me faltaban para poder jubilarme”, dice.

Gladys vive en Pilar, provincia de Buenos Aires, tuvo cuatro hijos, uno de los cuales falleció a dos días de nacer. Estudió Derecho y el último tramo de la carrera lo hizo con su hija mayor en brazos: “Le daba la teta y la llevaba para todos lados”, recuerda. Así se recibió de abogada y empezó a ejercer su profesión, si bien, dice, trabaja desde que terminó el secundario. “Soy feminista antes de que se conociera la palabra”, se ríe. Pero mucho de ese trayecto laboral no figura en papeles, no están computados. “Vivíamos en la capital, mi marido es farmacéutico y en la época de la hiperinflación de Alfonsín se quedó sin trabajo. Ahí nos vinimos para Pilar, donde  salió la oportunidad de tener una farmacia y yo me puse a darle una mano, trabajando juntos. Tenía la ventaja de que me llevaba ahí a los chicos hasta que entraban al jardín”.

Más adelante ejerció como docente, algo que hace hasta estos días. “Si bien nos repartimos las tareas la realidad es que la mayor cantidad suele estar a cargo de las mujeres: desde preparar las mochilas a revisar las tareas, ir a las reuniones, los baños, la cena”. Sin embargo, sus no alcanzaban para jubilarse. Es por esto que celebra la iniciativa. “Una nunca piensa que va a ser vieja, no mira hacia el futuro. Y no se me hubiera pasado por la cabeza que alguien reconociera que cuidar a la prole tuviera un valor económico, que se traduzca en algo. Pero si hay algo que da trabajo, además de satisfacciones, son los hijos”.

Foto: Anses

Por eso el programa constituyó para ella como para tantas mujeres la ampliación de derechos pero algo más profundo aún. “La verdad es que en el momento no le di la dimensión que tenía y tampoco imaginé que podía entrar mi caso. Mi hija fue la que me dijo: mamá andá a ANSES. Me hico repensar y me di cuenta que tenía razón, entonces puse en valor ese reconocimiento”.

Dice que el día que se acercó a la sede del organismo en Pilar eran muchas las mujeres por el mismo trámite, que venían de distintos sectores, clase media, sectores populares: “Todas iban con las fotocopias de los nacimientos, éramos un montón en la misma y ahí vi la magnitud del programa. A veces estas cosas no se publicitan tanto, pero es una ampliación de derechos concreta  que afecta a propios y extraños, a indiferentes: a todo el mundo”.

Cuando la política cambia vidas

A Ethel Díaz la noticia también la tomó por sorpresa. Dice que jamás se imaginó este reconocimiento. Cuenta que se casó a los 19 años y se fue a vivir a Berazategui, donde reside hasta hoy. “En los años 90 con un Estado ausente me fui a atender un kiosco donde jamás me hicieron un aporte y donde me pagaban lo que querían”, relata.

Además de todo eso que no quedó reconocido en ningún papel, hubo también el tiempo de quedarse en casa cuidando a sus dos hijos. “Los llevaba a la escuela de futbol, al jardín, al colegio. En el 2007, cuando ya estaban más grandes entré en el programa Argentina Trabaja, con un Estado presente y abrazador. Sin embargo, me daba cuenta que igual no llegaba a jubilarme, porque no me daban los años de aportes”. A eso, dice, se le sumaron después los años de tristeza, angustia e incertidumbre por no saber qué iba a pasar durante el macrismo  con la cooperativa de mujeres en la que trabajaba pintando bancos, veredas, escuelas.

“Siento que nos reivindicaron y pienso que a las chicas de ahora no les va a pasar lo mismo, están más protegidas por el Estado”, dice Ethel.

Con toda esa suma de experiencias, de vaivenes de la vida y la preocupación por no poder jubilarse es que le llegó la noticia. “No podía creer que el Estado me reconocía el cuidado de mis hijos, que me quedé con ellos. Fui a ANSES y me atendieron muy bien, me explicaron todo y la verdad es que el trámite es muy sencillo, con las partidas de nacimiento de los chicos. Ahora estoy esperando, muy feliz, porque este paso implica que voy a tener obra social, que voy a tener mis remedios. Me siento muy agradecida”.

Con sus hijos más grandes y ahora que logró jubilarse, Ethel ya puede percibir el cambio de etapa. “Siento que nos reivindicaron y pienso que a las chicas de ahora no les va a pasar lo mismo, están más protegidas por el Estado”.

 

Facundo Zárate, titular de Anses de Berazategui y Marta Mamani, la primera de la fila.

Para Marta Mamani poder jubilarse también fue una alegría: dice que su hijo le sacó el turno y ella fue a ANSES sin saber que iba a poder realmente concretar algo por lo que ya venía averiguando hacía rato buscándole la vuelta. “MI hijo me dijo que lleve las partidas y cuando llegué y era la primera en la fila: fue una gran sorpresa”, dice todavía con emoción en la voz.

Justamente, los años que le reconocieron por sus dos hijos es lo que le faltaba para jubilarse. “Yo tenía aportes pero no me alcanzaba, con esos dos años logré llegar. Fue una suerte”, dice, aunque sabe que no se trata de suerte sino de políticas concretas que hoy logran que todo su andar pueda materializarse en una jubilación para ella, que trabajó toda una vida, como empleada en casas de familia, en fábricas, como monotributista. “Fui sumando todo, un poco de cada cosa y con estos dos años llegué. Fue algo hermoso, porque a veces no es que una no quiera trabajar, sino que no se puede, porque ¿con quién dejamos a los hijos?”.

Ella también reside en Berazategui, pero trabajaba en la Capital, por eso, dice, además de no tener con quién, le quedaba lejos para irse tantas horas. “Todavía no puedo creer que me voy a jubilar. Tengo una nieta que ahora va a cumplir un año, así que estoy viviendo dos hermosas noticias”.

La alegría de lo justo llega del otro lado de teléfono. Torcer lo que parece inmóvil, abrir nuevos caminos de derechos que abracen una vida digna se hace posible. Y estas voces son apenas un eco de lo que hoy comienzan a vivir miles de mujeres que inauguran una nueva etapa.

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Violeta Moraga

Violeta Moraga es periodista y Licenciada Comunicación Social. Escribe en Canal Abierto e integra el equipo de comunicación popular Al Margen.

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