Lucía Cámpora: “El Poder Judicial es una de las patas que sostiene el sistema patriarcal”

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La legisladora porteña por el Frente de Todos Lucía Cámpora se refirió al femicidio de Ursula Bahillo y habló sobre la necesidad de avanzar hacia una reforma judicial feminista que ponga freno al asesinato de mujeres.

Publicada en Contraeditorial

La legisladora porteña por el Frente de Todos Lucía Cámpora se refirió al femicidio de Úrsula Bahillo y habló sobre la necesidad de avanzar hacia una reforma judicial feminista que ponga freno al asesinato de mujeres.

En diálogo con Contraeditorial, la abogada y ex presidenta de la FUBA señaló que “la fuerza del movimiento feminista tiene la capacidad de empujar transformaciones que el poder judicial hasta ahora no está dispuesto a aceptar”.

En este sentido, hizo hincapié en que “el poder judicial es el único de los tres poderes que no comenzó a atravesar el proceso de capacitación que corresponde a la Ley Micaela”.

Igualmente, resaltó la necesidad de incorporar la perspectiva feminista en formación de los operadores judiciales, al señalar: “Me formé en la Facultad de Derecho de la UBA y creo que está a años luz de decir que da una formación con igualdad de género”.

Basta de femicidios, basta de justicia patriarcal

 

—¿Qué provocó en el movimiento feminista el femicidio de Úrsula Bahillo?

—El femicidio de Úrsula, lo que supimos sobre las denuncias que había realizado y que se desoyeron por parte de las instituciones responsables, generó una bronca justificada de todas nosotras. Y es sumamente valioso que hayamos podido conducir esa bronca en una movilización y en una consigna concreta como es la de reforma judicial feminista. Así como el feminismo viene a cuestionar a fondo el sistema patriarcal, una pata que sostiene ese sistema patriarcal es hoy el Poder judicial. Destaco que el feminismo haya sabido construir esta consigna que –a partir de ahora– nos va a ayudar a pensar una agenda de propuestas. Si bien hay mucho trabajo previo que hay que recoger, entiendo que habiendo alcanzado una conquista que para nosotros era fundamental como fue la Ley del aborto, esta va a ser una agenda que vamos a levantar con mucha fuerza.

—¿A qué se refiere en concreto la consigna “sin reforma judicial feminista no hay ni una menos” que se levantó en la movilización frente a Tribunales?

—Concretamente, el abanico que hay que ir trabajando de manera colectiva es amplio, pero te puedo decir lo que pienso. Empecemos por el poder judicial, que es el único de los tres poderes que no comenzó a atravesar el proceso de capacitación que corresponde a la Ley Micaela. La Corte Suprema se resistió con la impunidad con la que están acostumbrados a ese proceso que todas entendemos que es fundamental. Nadie pretende que uno nazca sabiendo, pero sí que esté la predisposición, a la luz de este movimiento que le dice basta a la opresión machista, de por lo menos prestar el oído para entender cuales son las cuestiones que se plantean. Entonces, el primer punto sería la plena implementación de la Ley Micaela en el poder judicial, porque es urgente. Por otro lado, creo que tiene que darse un fortalecimiento de las medidas que ya existen. Hay herramientas, hay leyes, hay recursos, el problema es la implementación. Acá me parece que los funcionarios judiciales tienen que entender que las cuestiones de género son una prioridad. Y aquí hay que ser muy tajantes en que no se pueden permitir dilaciones en los procesos vinculados con las denuncias por violencia de género. Creo que lo vinculado con la unificación de causas sobre un mismo agresor, es fundamental. Vimos que en el caso de Úrsula falló. Otro tema tiene que ver con las demandas de paridad de género en el poder judicial, también representaría un avance en estas cuestiones.

—¿Hay que repensar la formación de abogados? ¿No es necesaria una formación con perspectiva de género desde las universidades?

—Creo que pensar en una reforma judicial necesariamente implica pensar también en la formación de quienes son después los operadores y las operadoras judiciales. Básicamente, las instituciones de formación. Hay algo que hay que trabajar a largo plazo, que tienen que ir de la mano de los planteos que hagamos de una reforma judicial feminista. Particularmente, me formé en la Facultad de Derecho de la UBA y creo que está a años luz de decir que da una formación con igualdad de género. Empezando por cuestiones muy tangibles e institucionales, que tienen que ver con la composición de autoridades, con la composición de un Consejo Directivo. Me parece que incorporar la perspectiva de género en los planes de estudio es absolutamente fundamental. Yo me formé con libros que todavía hablaban del buen hombre de negocios y de los derechos desiguales concretos en términos de patrimonio entre hombres y mujeres. Las propias facultades no terminan de implementar los protocolos de violencia de género que funcionan dentro de las universidades. Creo que hay muchas cuestiones concretas que hay que trabajar. Principalmente, la incorporación de perspectivas de género en los planes de estudio, la paridad de género en los cargos docentes y de autoridades y la plena implementación de los protocolos y ámbitos de abordaje y tratamiento de violencia de género dentro de las universidades. Además, me permito pensar que el poder judicial necesita una transformación integral, más allá de lo que demanda la agenda del movimiento feminista. También reclamamos por el cese de Lawfare y de determinadas situaciones.

—¿Cree que el poder judicial va a aceptar este tipo de reforma?

—Creo que la fuerza del movimiento feminista genuinamente tiene la capacidad de empujar transformaciones que el poder judicial hasta ahora no está dispuesto a aceptar. Conquistamos algo que hace diez años era lejano, como el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. Estoy segura de que si el movimiento feminista definió encausar su fuerza a la reforma judicial feminista lo va a logar. Nos van a tener que escuchar. Creo que ya es hora, y que es una agenda que se puede imponer con el movimiento de mujeres y diversidades.

 

Familias rotas por femicidios unidas para exigir prevención, ayuda y justicia

—¿Qué cambios ve en el movimiento de mujeres desde aquella movilización del Ni Una Menos en 2015 hasta ahora?

—Esa movilización del Ni una Menos, no quiero decir que fue un punto de partida porque muchas lo venían recorriendo, pero sí un punto de encuentro para construir una fuerza que se volvió cada vez más masiva en decirle basta a la violencia de género. Pero, además, desde el 2015 hasta acá hemos logrado, dentro del movimiento feminista y de cara al conjunto de la sociedad, determinados consensos que quizás en esa primera marcha no estaban. En esa primera marcha había una coincidencia en que había que frenar los femicidios, había una bronca que nos encontró a todas, pero no estaba tan claro que el fundamento de esa bronca era el patriarcado. Esa marcha del 2015 reunió a mujeres que entendían que los femicidios eran un hecho más de inseguridad y a mujeres que entendían que los femicidios eran una expresión de violencia machista fundada en los micromachismos cotidianos. Hoy tenemos claro que los femicidios son la expresión de la violencia machista y que sus fundamentos son las violencias cotidianas. Lo discutimos el día en que le decimos a nuestro hermano, amigo, padre, compañero de trabajo, que sus chistes misóginos no están bien, hasta el día en que le decimos a un violento o un agresor que tiene que parar o acompañamos a una amiga a hacer una denuncia. Creo que ahí hubo una construcción de consensos y una evolución que es muy valiosa. Por eso, también rescato tanto que la consigna de la reforma judicial feminista haya sido la que nos unió en función de lo que pasó, y disparó el femicidio de Úrsula. Podríamos haber disparado hacia una consigna punitivista, con la que yo no coincido. Me parece que haber podido articular la bronca en una propuesta como esta da mucha esperanza.

—El movimiento feminista pudo darle fuerza al “yo te creo, hermana”. ¿De alguna manera puso en valor la voz de la mujer?

—Creo que permitió echar luz a lo que pasaba en ambientes de trabajo, en ambientes vinculados a los medios. Creo que todos esos hitos: el Ni una Menos de 2015, la denuncia de Thelma Fardin, la lucha por el aborto, la conquista de la Ley Micaela, fueron sumamente transversales dentro del movimiento de mujeres. Fueron construcciones que se fueron tejiendo de manera colectiva. Por eso le tengo tanta fe a lo que viene.

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