Quinua contra el hambre

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Investigadores del INTA San Juan trabajan en la construcción de una planta procesadora de la semilla de quinua, considerada un superalimento por sus propiedades nutritivas. Buscan agregarle valor al cultivo para facilitar su consumo y escalar la producción para favorecer a pequeños productores.

Agencia TSS – La quinua es un cultivo ancestral característico de la región andina conocido desde hace más de 7000 años. Se trata de una semilla que posee un alto valor nutricional, ya que aporta proteínas y aminoácidos esenciales para el ser humano. A pesar de ello, con la llegada de los españoles al continente, la quinua fue marginada y reemplazada por otros cereales, como trigo y cebada. Sin embargo, muchos campesinos y pequeños productores andinos siguieron apostando por ese cultivo, al cual hoy se busca revalorizar de diversas maneras.

Con este objetivo, investigadores de la Estación Experimental San Juan del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) están desarrollando una planta procesadora de quinua que permitirá agregar valor al trabajo de pequeños productores, reducir costos y aumentar la escala de producción del cultivo. Este proyecto fue uno de los seleccionados en la convocatoria “Ciencia y tecnología contra el hambre”, realizada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MINCYT), junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales.

Esquema de la planta procesadora de quinua del Clúster Quinua Cuyo. Foto: Prensa INTA.

“Por sus cualidades nutricionales, la quinua es considerada como un superalimento, ya que puede cubrir muchas necesidades alimenticias. En los últimos años, el cultivo de quinua creció bastante pero muchos son llevados a cabo por productores pequeños y medianos, que tienen de media hectárea a no más de cinco. Por eso, queremos aportar tecnología que permita que la escala productiva crezca y agregue valor al cultivo”, le dijo a TSS la ingeniera química Vanina Cornejo, investigadora del INTA San Juan y responsable del proyecto.

El proyecto busca mejorar el conocimiento sobre las características de la quinua desde hace unos cuatro años. Para ello, cultivaron distintos ecotipos en varias localidades de la provincia y estudiaron el comportamiento fisiológico y fenológico del cultivo para obtener información a nivel local. Posteriormente, se sumó productores interesados en el cultivo para que participen de los ensayos productivos y se capaciten en las propiedades de la semilla.

Así se conformó el Clúster Quinua Cuyo, al que hoy buscan fortalecer a través de la construcción de la planta. El clúster se inició en la provincia de San Juan pero la idea es que se extienda a toda la región de Cuyo, por las características en común que tiene la zona. Además de aumentar la producción, otro objetivo de la planta es agregar valor al cultivo a través de un proceso que permitirá comercializar la semilla lista para ser consumida en el hogar.

“La quinua presenta una dificultad a la hora de procesarla para consumir porque tiene saponina en el tegumento exterior, una sustancia considerada un antinutriente para el ser humano. Por eso, buscamos que en la planta procesadora se la extraiga y que la semilla quede disponible para que las personas, con un simple lavado, la puedan consumir”, explicó Cornejo.

Actualmente, como no existe una planta de desaponificado de quinua en esa región, investigadores y productores deben llevar las semillas hasta la localidad bonaerense de 9 de Julio para poder hacer el procesamiento. Esto implica un costo adicional de traslados y mayores dificultades operativas. Por eso, muchas veces los productores comercializan el grano con saponina, lo que requiere que los consumidores tengan que realizar un lavado extra (de al menos siete veces) para extraer el tegumento superficial.

Además de aumentar la producción, otro objetivo de la planta es agregar valor al cultivo a través de un proceso que permitirá comercializar la semilla lista para ser consumida en el hogar.

“Hemos realizado encuestas donde mucha gente dice que no consume quinua porque el lavado de las semillas requiere un tiempo significativo. Por eso, permitir que se obtenga una semilla lista para el consumo puede favorecer su comercialización y la disponibilidad inmediata del alimento”, dijo la investigadora.

Otra ventaja del proyecto es el método que usan para separar la saponina de la quinua. El proceso se realiza por frotación o fricción entre las semillas, con un equipo rotativo que no requiere agua, como sí sucede con otros métodos. De esta manera, se evita la generación de un volumen importante de agua contaminada, favoreciendo el cuidado del medio ambiente. Además de la producción de semillas, la planta contará con la posibilidad de molerlas para elaborar harina de quinua, ideal para personas que necesitan alimentos libres de gluten.

Por otra parte, Cornejo señala que la saponina que se obtiene tras el proceso de separación es una sustancia similar al jabón que puede ser empleada por emprendedores para otros fines comerciales, como la elaboración de productos cosméticos, jabones y shampúes. Si bien el foco de los investigadores es la producción de quinua, se trata de otro potencial del proyecto que puede ser aprovechado.

En la conformación del Clúster Quinua participan actores de diversas esferas, como los municipios de Iglesia, Calingasta y Pocito; la Federación de Cooperativas Agropecuarias de San Juan (FECOAGRO); el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) Cereales y Oleaginosas, de 9 de Julio; la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Provincia; y el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia, entre otras áreas.

Con respecto a la transferencia tecnológica, la ingeniera señala que se viene realizando de forma permanente desde el clúster a través de asistencia técnica, formación y acompañamiento a los productores. En cuanto a la planta en particular, la idea es construirla, capacitar a los productores y que cada uno pueda llevarse su semilla para comercializarla, ya sea de manera individual, a través de la asociación de cooperativas o del propio clúster.

“El financiamiento está pautado para desarrollar el proyecto en el plazo de un año. Los primeros dos meses vamos a hacer ajustes de diseño e ingeniería del proceso. Posteriormente, comenzaremos la construcción de la planta, que se va a hacer en 9 de Julio y va a llevar unos seis meses. Después montaremos la planta acá, en la Estación Experimental de San Juan. Así que, si todo va bien, esperamos que para el décimo mes ya estemos haciendo la puesta en marcha y la prueba del funcionamiento de la planta”, finaliza la investigadora.

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