Copa Bolsonaro | Ni pan ni circo

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Con la Copa América Jair Bolsonaro está repitiendo una fórmula que ya aplicaron las dictaduras de Brasil en 1970 y de Argentina en 1978. Bolsonaro viene de capitanear otras puestas escénicas para ocultar el declive político de su gobierno como la marcha de miles de motociclistas negacionistas de la covid que salieron a rugir por las calles de San Pablo.

El gobierno de Jair Bolsonaro intenta utilizar la Copa América como un biombo que le permita simular el notorio declive político y económico de Brasil, además de electoral suyo a un año y pocos meses de los comicios presidenciales. Tal es la perdida de legitimidad del ex capitán, producto entre otros hechos de su mal manejo de la pandemia, que hasta su aliado Benjamín Netanyahu reconoce -según informó el diario conservador O Estadao do San Pablo– la posibilidad cierta de que será procesado y condenado en el Tribunal Internacional de La Haya una vez termine su mandato. Un diálogo con el experimentado corresponsal en Brasil, Darío Pignotti, que advierte: “Con el torneo Bolsonaro está repitiendo un expediente que ya hicieron las dictaduras de Brasil en 1970, y de Argentina en 1978”

Previo al desembarco en Brasil de Leonel Messi, o de su par uruguayo Luis Suárez, entre otras estrellas del fútbol, para jugar un torneo internacional sin gente en las tribunas, y con el extrarradio de las canchas con gente sucumbiendo por el mal manejo público de la pandemia, el presidente Jair Bolsonaro venía de capitanear otras puestas escénicas con el propósito de restaurar el declive político de su gobierno.

A mitad de junio, miles de motociclistas negacionistas de la covid salieron a rugir por las calles de San Pablo, un Estado administrado por un ex aliado de Bolsonaro, el gobernador Joao Doria, que hace tiempo discrepa abiertamente contra las políticas sanitarias implementadas por el Palacio Planalto contra el nuevo coronavirus. Bolsonaro fue uno de los terraplanistas motoqueros que, como en las marchas opositoras en Argentina, hacen de la aglomeración callejera un acto de agitación política contra el virus más mortal del último siglo a escala global.

“En otra clara muestra de su alejamiento de la trágica realidad vivida por Brasil, el ultraderechista Jair Bolsonaro participó ayer sábado de una marcha que reunió a miles de motociclistas en San Pablo . Al desafiar el decreto local que prohíbe promover aglomerados e impone el uso de mascarilla, tanto él como su hijo diputado nacional, Eduardo, y el ministro de Infraestructura, Tarcisio Gomes, fueron multados por el gobierno de João Doria, un ex aliado que se transformó en adversario visceral. A cada uno le toca pagar cien dólares. O, mejor dicho, les tocaría, porque sobran indicios de que irán ignorar la punición. En los últimos días pasó a asegurar que el número de víctimas fatales de covid fue inflado por alcaldes y gobernadores, para obtener más recursos del gobierno nacional”, detalla el escritor brasileño Eric Nepomuceno.

Cumbre Lula- Cardoso

Nuestras Voces habló vía telefónica con el experimentado corresponsal Darío Pignotti, quién hace más de una década habita la zona sur de Brasilia, desde donde trabaja para distintos medios internacionales como la agencia italiana ANSA. Pignotti comienza su lectura del contexto político en el que se desarrolla la Copa América ponderando el reciente encuentro entre dos pesos pesados políticos, que aparentemente han decidido encontrar un denominador común para que los comicios del año próximo cierren el ciclo de Bolsonaro al frente del gobierno.

«El almuerzo realizado en la máxima discreción entre Lula (da Silva) y (Fernando Henrique) Cardoso es un hecho de importancia relevante. Tal vez con el tiempo lleguemos a considerarlo uno de los hechos políticos del año. Cardoso expresa a la derecha neoliberal brasileña, es su personalidad más destacada y representativa. Lula, por su parte, es el líder popular más importante en la historia de Brasil. Lula y Cardoso son dos antagonistas, por representar a sectores sociales, pensamientos políticos y proyectos históricos distintos. Pero, ninguno de los dos es ni tan dogmático, ni tan mezquino, cómo para no reconocer uno en el otro la importancia recíproca porque entienden que Brasil atraviesa un momento de gravedad histórica”, señala.

A su vez, Darío Pignotti advierte que: “El régimen de Bolsonaro camina hacia el totalitarismo. Por lo tanto, el encuentro de Lula y Bolsonaro no puede ser considerado, en principio, como el origen de un gran pacto partidario de fuerzas progresistas y populares, con fuerzas políticas de derecha. Pero, sí indica que hay un larvado sentimiento de salvación y reconstrucción nacional contra la barbarie que representa Bolsonaro. El de ellos no ha sido un encuentro episódico, la reunión estuvo precedido de declaraciones mutuas favorables entre ambos. Cardoso llegó a decir que, en una hipotética segunda vuelta, entre Bolsonaro y Lula, votaría por el líder del PT. Solo el tiempo dirá qué efectos políticos tendrá la reunión que sostuvieron ambos para tratar de defender la democracia brasileña cuando esta se haya efectivamente amenazada».

Bolsonaro, dictadura, y fútbol

Por otro lado, Darío Pignotti enfatiza el evidente paralelismo que hay entre Bolsonaro y las dictaduras del Cono Sur de los años setenta en la evidente intención de utilizar un espectáculo deportivo de masas para oxigenizar su proyecto político.

“La Copa América es para Bolsonaro un atajo, un biombo para disimular la crisis sanitaria, que es también económica. Brasil llegó la tercera semana de junio a 490 mil muertos como consecuencia de la pandemia, y antes de que concluya el campeonato habrá superado seguramente el medio millón de víctimas fatales. Con el torneo está repitiendo un expediente que ya hicieron las dictaduras de Brasil en 1970, y de Argentina en 1978. Pero, sin dudas, la dictadura de Brasil fue la que dejó un legado político más significativo en ese ese sentido”, detalla Pignotti, y luego explica que: “El régimen de Garrastazu Médici supo sacar ventaja de la victoria del seleccionado nacional de fútbol en la copa mundial de México. De aquel entonces viene el lema Pra Frente Brasil. Que es una marchita de carnaval, en cuya letra hay versos que luego se repetirían en Argentina 78, porque ambas marchas aludían a los millones de compatriotas que habían aunados detrás de una causa. Bolsonaro no inventó nada, acudió a la caja de herramientas de una dictadura a la cual él admira”.

Por último, Darío Pignotti subraya un hecho informativo que ha pasado desapercibido en Argentina; al parecer, el saliente ex primer ministro israelí ha dicho a boca de jarro en una charla diplomática que el futuro del presidente brasileño tiene más visos de realidad tras las rejas que comandando la política de su país.

“El hecho de haber decidido organizar un torneo internacional en un contexto de pandemia puede ser otro cargo contra su figura en un hipotético juicio en el Tribunal Penal Internacional, que cada día tiene más posibilidades de tomar forma una vez que culmine su mandato. Esta semana el diario conservador Estadao do San Pablo publicó que un aliado de Bolsonaro, el ex primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, le dijo al embajador brasileño en Tel Aviv que consideraba como cierta la posibilidad de que Bolsonaro sea procesado y condenado en el Tribunal Penal Internacional por su responsabilidad política en el manejo sanitario de la pandemia. Veo pocas chances que la organización de la Copa América resulte exitosa en términos políticos, que la cortina de humo sea tan asfixiante y tan enceguecedora como lo fue la cortina de humo verde amarelha en el Mundial del 70″, considera Pignotti.

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Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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