Nueva bomba de humo del macrismo: cuestionar la app CUIDAR

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El gobierno desarrolló en tiempo tiempo récord la aplicación para teléfonos celulares CUIDAR, para la detección temprana de síntomas y hacer posible el levantamiento gradual de la cuarentena de manera organizada. Garantizó que los datos solo estarían accesibles de forma anónima y para el sistema de salud. E hizo opcional la forma de geolocalización. Sin embargo desde Cambiemos salieron a cuestionar el avance tecnológico.

La lucha del gobierno por contener la pandemia COVID-19 recibió la aprobación masiva de la sociedad argentina. Los índices de popularidad son récord y las temidas cifras de la pandemia se mantienen dentro de los límites esperados, gracias a la racionalidad de las medidas, pero también a un apoyo abrumadoramente mayoritario de la población.

Esta realidad palpable nos acerca a una flexibilización del aislamiento social obligatorio pero los riesgos de un nuevo brote aún son muy altos. Por eso, el gobierno nacional desarrolló una aplicación facilita el autodiagnóstico y brinda información indispensable para prevenir la transmisión del COVID-19. Se trata de un nuevo e importante apoyo al esfuerzo colectivo por evitar la escalada de casos y muertes por coronavirus.

El jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, explicó que «la aplicación CUIDAR es un desarrollo público-privado» que es «la mejor herramienta para llevar el certificado de circulación obligatorio» y aclaró que los datos almacenados «únicamente los puede ver el sistema de salud». Cafiero remarcó que «el certificado de circulación el obligatorio y la app (Cuidar) es la mejor herramienta para llevarlo», al tiempo que indicó que «activar la geolocalización es opcional y voluntario».

La app para celulares fue coordinada por la Secretaría de Innovación, a cargo de Micaela Sánchez Malcolm. Cafiero contó que «la aplicación CUIDAR es un desarrollo público-privado que llevamos adelante desde Jefatura de Gabinete junto a la Cámara de la Industria Argentina del Software, ARSAT, el Conicet, la Fundación Sadosky, entre otros».

Aunque parezca increíble, en este contexto el macrismo residual salió a cuestionar la medida. Horas después del mensaje presidencial, una diputada de Juntos por el Cambio eligió Twitter para expresar su inquietud por el tratamiento de los datos personales en la aplicación CUIDAR. Esta semana, se espera que el cuestionamiento se transforme en un pedido de informes al Poder Ejecutivo sobre la cuestión. El diario La Nación hizo de tribuna.

Desde el punto de vista legal, el tema es delicado porque nuestra ley vigente -la 25.326- establece claramente que la información sobre la salud de las personas es considerada un dato sensible, es decir, un dato que nadie tiene la obligación de aportar. Sin embargo, la misma ley autoriza su recolección y tratamiento “cuando medien razones de interés general autorizadas por ley”.

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Éste sería un caso bastante obvio de razones de interés general, y ahí están la ley de Solidaridad Social y los DNUs que habilitan al gobierno a tomar la medida. En lo que respecta a la información sobre la salud, lógicamente, la ley también autoriza a los hospitales públicos y otros centros de salud a llevar registros de estos datos. Hoy por hoy, en tiempos de cuarentena, estaríamos en un escenario de “hospital a cielo abierto” y CUIDAR haría de nuestros celulares, fichas de una historia clínica pensada para la emergencia.

Frente a este panorama, es natural que las sensibilidades panópticas de algunes se activen y respondan a los cantos de sirena de la oposición. En efecto, en las últimas semanas, la disputa por el sentido de la pandemia está empujando a muchos y a muchas a percibir la prevención de un brote como una simple excusa para instalar autoritarismo.

Las convocatorias a tomar la calle en supuesta defensa de una libertad que se habría perdido no faltaron en Argentina, pero no fueron tan escuchadas como en otros países. Brasil dio el espectáculo de un presidente que celebró las protestas anti-prevención, y en Estados Unidos, Trump llegó al extremo de justificar una “entradera” de personas armadas con fusiles de asalto en el capitolio del estado de Michigan.

Y es que, por estos días, la salud no pasa solamente por usar barbijo, lavarse la manos y mantener el aislamiento social. Toda la sociedad tiene que hacer, además, el gran esfuerzo de dimensionar correctamente el riesgo que corremos al exponernos a más pandemia. En este contexto, la información que precisa el Estado para poder implementar las medidas adecuadas a cada tiempo y lugar, incluida la eventual relajación de los controles, es vital.

Desde luego, los que estén a cargo del tratamiento de estos datos tienen que observar la más estricta confidencialidad. Lo ideal es que no se puedan localizar individuos ni se pueda acceder a información que no esté anonimizada. Esto quiere decir que la aplicación debe estar al servicio de objetivos genuinos de salud pública y no de un incremento del control policial, que nada tiene que ver con la pandemia. Se trata de facilitar el retorno a una “nueva normalidad”, no de realizar las fantasías de control de algún alocado proyecto totalitario.

En este sentido, las obligaciones que pesan sobre el Estado –o cualquier entidad que custodie datos personales- son numerosas. Los datos personales no se pueden usar para un fin distinto del que motivó su obtención, deben ser ciertos, pertinentes y no excesivos, y como principio general, no pueden recabarse sin el consentimiento libre, expreso e informado de sus titulares. Todos estos principios y otros, como el de legalidad –que ordena el registro de la base de datos en la Agencia de Acceso a la Información Pública-, están contemplados en los términos y condiciones de uso de la aplicación CUIDAR.

Por otro lado, si las leyes parecen claras, las arenas del sentido común y del discurso mediático son, en estos casos, mucho más movedizas. Después de una necesaria unión inicial, en la vidriera de los medios hegemónicos están reapareciendo los viejos hábitos de la derecha latinoamericana: el tremendismo libertario, la paranoia estadocéntrica o la simple malicia política parecen estar recobrando su viejo papel disruptivo. Esta vez, poniendo en juego la salud y la vida de la ciudadanía.

No se trata de hacer la apología de una confianza ciega en el Estado. Está muy bien que quienes tienen que controlar controlen y pidan información. Lo que parece cuestionable es que se insista en promover el descuido generalizado para satisfacer intereses que se obstinan en no respetar los tiempos de la pandemia.

Frente a la posibilidad de una creciente pérdida de vidas, el camino de la acciones colectivas, coordinadas y basadas en información confiable, parece ser el mejor para crear, poco a poco, una “nueva normalidad”. En este contexto, en este debate, la necropolítica parece estar, más bien, del lado de quienes incitan a los más vulnerables a agudizar su vulnerabilidad.

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