“Somos la única fuerza de izquierda que crece en Chile”

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Durante este fin de semana Chile vive una triple jornada electoral en la que Daniel Jadue, el alcalde comunista de Recoleta y precandidato presidencial, va por su reelección. En una charla con Nuestras voces, se explaya sobre este momento determinante en el que las y los chilenos elegirán a sus representantes ciudadanos ante el proceso constituyente, además de ungir alcaldes y, por primera vez en la historia, votar a los gobernadores de su distrito.

Daniel Jadue, el alcalde comunista de Recoleta, un municipio cercano a la capital Santiago, ha logrado posicionar su candidatura y a su partido, el tradicional PC, en un lugar expectante a meses de las elecciones generales. Hoy va por su reelección luego de haber impulsado inéditas políticas populares que fueron replicadas por varias comunas de la región. El modelo de la Recoleta roja hizo escuela a nivel nacional con dos hitos de gestión municipal: una política de compras públicas para desarrollar las denominadas “farmacias populares” y la construcción de viviendas para garantizar “arriendos populares”. Ambas decisiones economizaron el precio de los medicamentos y el alquiler de los hogares.

Arquitecto y sociólogo, Daniel Jadue es nieto de inmigrantes palestinos. Sus abuelos fueron los pioneros de la familia en hacer pie en Recoleta, donde hoy su apellido es una marca política del municipio. Militó en organizaciones juveniles reivindicatorias de la causa palestina hasta que en 1993 ingresó al Partido Comunista (PC). En Chile, a diferencia de otras naciones de la región, el PC cuenta con una representación parlamentaria y sindical bastante marcada. Cuando fue entrevistado por el colega Juan Elman del portal Cenital, Jadue hizo una lectura crítica del padre del socialismo real: “Stalin es el responsable del fracaso de la experiencia soviética, precisamente por haber suprimido el espíritu de la revolución de todo el poder a los soviets”.

Además, es hijo de una familia matriarcal, ya que su papá abandonó el hogar cuando el alcalde de Recoleta era muy pequeño. Su padre, que adhirió al pinochetismo, intentó recomponer el vínculo, pero según cuenta el periodista chileno Patricio de la Paz, lo hizo con poco tacto. Cuando se reencontaron le reprochó a su vástago la militancia que llevaba a cabo en el Partido Comunista. “Llegaste como 15 años tarde a pedir cosas”, lo cortó en seco Daniel.

 

Lacrimósfera, el clima político de Chile

 

Desde un escritorio despojado de elementos, con gafas negras, barba tupida y una espalda robusta y marcada, Jadue mantuvo una charla vía Skype con Nuestras Voces durante la mañana de un sábado. Allí se explayó sobre la significativa triple jornada electoral del fin de semana en la que las y los chilenos elegirán a sus representantes ciudadanos ante el proceso constituyente, además de ungir alcaldes y, por primera vez en la historia, poder votar a los gobernadores de su distrito.

Sin rodeos, Jadue explica cuál será la política de alianzas de su partido a mediano plazo en un emergente tablero de representación nacional signado por la dispersión de ofertas partidarias progresistas.

—¿Qué posibilidades tiene el proceso constituyente chileno de modificar la actual Carta Magna introduciendo derechos que garanticen profundas reformas políticas y sociales?

—Las posibilidades son amplias. A pesar de que la ciudadanía pretendía discutir una asamblea constituyente para fijar plenos poderes soberanos, tampoco la derecha contará con la fuerza necesaria para instalar cortapisas en la Carta Magna a los procesos democráticos que hoy existen en Chile. Por lo tanto, en el peor de los casos, vamos a terminar con una Constitución minimalista y neutra.

 —¿Qué significa minimalista y neutra?

—Que no tendrá un gran impacto en la estructura política y social. En todo caso, los grandes debates se resolverán en los próximos debates parlamentarios. Eso sí, ya no habrá más quorum calificados en el Congreso, eso es un gran avance. El parlamento será una cancha llana y horizontal, de esa manera los próximos gobiernos podrán plasmar en el Legislativo la hegemonía política que alcanzaron previamente en las urnas. Algo que no sucede ahora, porque con la constitución de Pinochet las mayorías políticas populares chocan con un texto constitucional que pone muchos límites. En todo caso, la nueva constitución allanará, y no dificultará, los caminos para construir el Chile que queremos.

—¿La elección municipal del domingo podrá leerse en clave nacional y como un anticipo de lo que puede suceder en los comicios presidenciales?

—La elección municipal y regional del domingo se va a leer en todas las claves posibles. Primero, claro, se leerá en clave municipal. Qué partido o aglomeración ganó más alcaldías, los medios pondrán la lupa ahí. Por otro lado, al estar unida con la elección constituyente, el perfil de los constituyentes elegidos también evidenciará el poder de cada formación política; porque, en definitiva, somos los distintos partidos quienes empujamos las candidaturas de los constituyentes en cada distrito. Los alcaldes ejercemos nuestro rol e influencia en la comunidad para que la elección constituyente, tan sui generis e inédita, tenga determinado correlato político.

Además, el domingo será una elección particular por otro motivo: las y los chilenos podremos elegir por primera vez a nuestras autoridades regionales, los gobernadores, una potestad que estaba en manos del Ejecutivo de turno. Entonces, a partir del domingo vamos a construir un país más descentralizado y más democrático. Las nuevas autoridades regionales surgidas del voto no tendrán, sin embargo, amplias potestades presupuestarias. Pero esa discusión la daremos después.

Por último, la elección es importante porque tres de los precandidatos presidenciales que estamos en la palestra somos alcaldes que vamos a la reelección. Uno de ellos, Joaquín Lavín (UDI, oficialista) se bajó de la elección para evitar competir contra un candidato competitivo que podía dañar su imagen ante las presidenciales. En definitiva, la elección se leerá en todas las dimensiones posibles: nacional, regional, constituyente y municipal.

 

Chile: del estallido a las urnas

 

—De cara a las presidenciales, ¿Chile se encamina a elegir entre una oferta partidaria atomizada o entre dos grandes bloques como viene sucediendo desde la caída de Pinochet? En todo caso, ¿Cuál será la política de alianzas? ¿Qué visión tienen de formaciones nuevas de izquierda como el Frente Amplio o el Partido Progresista que lidera Marco Enríquez Ominami?

—Los partidos políticos chilenos están a la baja en su representación. Desde el Partido Comunista tenemos la expectativa cierta de doblar la cantidad de votos conseguidos en la última elección. Mientras todos bajan su nivel de adhesión ciudadana, nosotros nos fortalecemos, es un hecho indicado por todos los sondeos. Nuestra política de alianzas será con aquellos sectores que se definan claramente en contra del neoliberalismo. Las asimetrías económicas en Chile son vergonzosas. Entonces, los partidos progresistas que gobernaron bajo la medida de lo posible tienen que dar muestras sólidas de que están comprometidos en dar pelea al neoliberalismo. Durante los últimos 30 años muchos partidos, hoy opositores al modelo de Piñera, no dieron muestras sólidas de sostener un programa político popular.

En todo caso, las bases políticas de esos partidos sintonizan con las demandas de la ciudadanía. Un ejemplo, hace poco se votó un impuesto para gravar a las empresas mineras. ¿Qué hizo la Democracia Cristiana? Se opuso, por considerar al royalty como antipático con el mercado. Entonces, con esas directivas partidarias no buscamos construir una política de unidad.

—¿Cómo explicás que tras las fuertes movilizaciones sociales contra Piñera aún no haya una expresión política popular consolidada? ¿Las protestas son antisistémicas o antineoliberales?

—Hay que entender de fondo qué es el neoliberalismo para responder la pregunta. El padre del capitalismo decía que todo podía privatizarse menos las políticas de educación, salud y defensa. Bueno, con el auge neoliberal en los años 90 el mercado logró acaparar el manejo de todas las políticas públicas. Entonces, digo esto para remarcar que las protestas sociales en Chile cargan un profundo descontento contra el neoliberalismo. La gente está cansada de que hayan privatizado el agua, la gente se hartó de pagar los medicamentos más caros del mundo, que tengamos que pagar los lentes o libros más caros del mundo, la gente se cansó de tener que pagar arriendos que son imposibles de costear. Esa es nuestra tesis, la gente en Chile se hartó del neoliberalismo. Acá, todo es negocio, y los ganadores siempre son los mismos. Incluso, para comer un ciudadano tiene que endeudarse con la banca para poder comprar sus alimentos.

—En general, a nivel regional, el PC logra espacios de poder institucionales como aliado táctico menor de una expresión política mayoritaria. En cambio, vos liderás una gestión municipal con alto grado de adhesión y encabezás sondeos como virtual candidato presidencial. ¿Cuáles son las particularidades del PC chileno?

—En Recoleta nos propusimos gobernar por afuera del recetario neoliberal. En nuestra comuna el precio de las cosas esenciales no las define el mercado. Con las “farmacias populares” logramos abaratar significativamente el precio de los medicamentos. Diseñamos un sistema de compras donde el municipio negocia directamente con los laboratorios, se abastece de un stock de medicamentos para luego vender esos remedios al mismo precio en que fueron comprados. La Alcaldía tiene 0 ganancias en la transacción, y los ciudadanos pueden acudir a las “farmacias populares” para adquirir los medicamentos a un precio mucho menor al establecido por el mercado. Esa iniciativa fue replicada por 150 municipios, la mitad de las alcaldías del país. Una política similar aplicamos en las llamadas “ópticas populares” y “librerías populares”. En todos los casos, el municipio interviene para fijar un precio mínimo en artículos que consideramos indispensables.

Con respecto a los “arriendos populares” lo que hicimos fue construir viviendas municipales para que los beneficiados no gasten en el alquiler del hogar más del 20% de sus ingresos fijos. Se trata de una cifra menor con respecto a lo que gasta, en promedio, una familia para arrendar su casa, que en general destina entre el 60% y el 80% de sus ingresos. Se trata de un proyecto innovador en Chile. En Europa hace décadas que existe el “arriendo protegido”, pero aquí no, porque como vengo diciendo, aquí gobierna el neoliberalismo.

—¿Considerás que hay posibilidad de que se inicie un nuevo ciclo progresista en la región?

—A ver, para mí no hay segunda ola, creo que el ciclo progresista fue interrumpido por una serie de gobiernos neoliberales muy débiles en lo político. Por algo, Macri fue derrotado en las urnas. Eso sí, considero que la era progresista sudamericana, que se inició con fuerza en los inicios de siglo, cometió cuatro errores fundamentales. Primero, no modificó la base productiva, que siguió siendo volcada a la explotación de recursos naturales. Los gobiernos populares de la región repartieron mejor la riqueza pero no modificaron la base productiva. Segundo, han sido procesos netamente caudillistas, eso los ha hecho frágiles. Tercero, han sido laxos con los temas de corrupción. Cuarto, hemos sido poco eficientes en el recurso de los manejos públicos, y poco innovadores en términos de la administración pública.

Entonces, no hubo ola neoliberal restauradora. Tuvimos un impasse en el proceso de integración regional. Cuando ganó Macri pensé “este gallo no dura dos años”. Si lo hizo, fue solo por la debilidad que tenemos, muchas veces, en la región de generar estrategias electorales de unidad. Repito, no hay segunda ola progresista, los gobiernos y los movimentos populares de la región están tomando un nuevo impulso.

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Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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