La memoria colectiva como pesada herencia

Compartir

por Sergio Friedemann [*]

Las tareas de un gobierno son infinitas y nunca pueden satisfacer al conjunto de la población, debido al carácter intrínsecamente conflictivo de la política. Podría establecerse una jerarquía según gustan realizar los encuestadores a partir de las preocupaciones de “la gente”: educación, salud, trabajo, seguridad, en el orden que los resultados de la encuesta indique. Esos tópicos son, claramente, objeto de las políticas públicas. Sería extraño que un estudio tal incluya la preocupación de los ciudadanos por “el pasado”. ¿A quién puede preocuparle el pasado, si con el presente y el futuro ya tenemos suficiente?

Pero lo cierto es que un gobierno no solo elabora políticas públicas para el presente y que evidentemente impactan en el futuro, sino que el pasado también se gobierna. Son las políticas públicas de la memoria. Pero, ¿qué es gobernar el pasado?

La memoria es lo que nos permite constituirnos como sujeto histórico, sabernos hacedores de nuestro destino. Por eso, gobernar el pasado es también gobernar el presente. Es construir un sentido común histórico. En términos individuales parece más claro que si no sabemos quiénes somos, de dónde venimos, por qué somos como somos, nos será más difícil transitar con éxito los obstáculos para realizarnos. La memoria colectiva, más compleja, es también una construcción que nos permite conocernos y salir de las dificultades que como país debamos enfrentar. Es en las políticas pedagógicas de la memoria, ya no solo de los setenta sino también del período democrático y del pasado lejano, que se encuentran algunas pistas que permiten explicar la renovada vigencia de teorías anticuadas como la de la mano invisible del mercado o la de los dos demonios. Aunque toda memoria es selectiva, hay usos del olvido que resultan obstáculos para realizarnos como país soberano.

La memoria es lo que nos permite constituirnos como sujeto histórico, sabernos hacedores de nuestro destino. Por eso, gobernar el pasado es también gobernar el presente. Es construir un sentido común histórico.

Una de las primeras acciones del presidente Kirchner fue la de recibir a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo en Casa Rosada. El secretario de Derechos Humanos del actual gobierno recibió en el ex campo de concentración de la ESMA a los defensores de la última dictadura militar que se hacen llamar “Memoria Completa”, quienes justifican la tortura, desaparición de personas y robos de bebés. No son dos demonios. Tampoco ellos creen en los dos demonios, no equiparan el terrorismo de Estado a la lucha revolucionaria. El demonio es para ellos la lucha revolucionaria, mientras que el terrorismo de Estado está justificado.

Pero no lo dicen. Porque la memoria colectiva de la sociedad argentina, dinámica y construida durante décadas, ha llegado a cierto nivel de consenso, se ha transformado en “sentido común”, aunque ninguna configuración tal es definitiva. Entonces el gobierno apuesta a la construcción de una nueva hegemonía cultural en torno al pasado. Detrás del intento por mover el feriado del 24 de marzo hay una política pedagógica del olvido. Hacer movible el feriado hubiera sido un primer paso, en unos años otro decreto podría eliminarlo y en las escuelas pasaría a ser un día cualquiera. Si pasa, pasa.

Existe una agenda de políticas públicas. Oficialismo y oposición tienen o deberían tener una idea sobre qué debe hacerse en diferentes materias de gobierno. Las políticas públicas de la memoria deben estar también en la agenda de la oposición, y allí resulta crucial atender a las políticas pedagógicas en torno a la enseñanza del pasado reciente. No se trata meramente del feriado y la efeméride, sino de cómo se va a enseñar y aprender en las escuelas el terrorismo de Estado. Y también, cómo se va a enseñar la historia de la memoria colectiva construida desde la vuelta de la democracia. Y no solamente en las escuelas. Debemos atender a los modos en que enseñamos, aprendemos y procesamos el pasado, no solo pensando en los niños, niñas y adolescentes que asisten a las instituciones escolares, sino también en los adultos. Porque enseñar y aprender es algo de toda la vida, y allí juegan un rol central los medios de comunicación, “la escuela de los adultos”, como lo captó con claridad el italiano Antonio Gramsci.

Debemos atender a los modos en que enseñamos, aprendemos y procesamos el pasado, no solo pensando en los niños, niñas y adolescentes que asisten a las instituciones escolares, sino también en los adultos.

La llamada historia reciente se caracteriza por abordar un pasado que se reactualiza continuamente en el presente. Los años sesenta y setenta siguen vivos, porque es hoy que se construye el sentido que le otorgamos a ese pasado. Siguen vivos también porque el conflicto prevalece, las identidades políticas actúan hoy alimentadas también de ese pasado conflictivo que continúa. En muchos sentidos, el mundo es muy diferente al de los años setenta. Pero en otros aspectos no. Porque no eran dos demonios, eran proyectos históricos, y como tales, políticos, económicos, sociales, culturales. Aunque reconfigurados, los proyectos políticos perviven, actualizados. El mundo con sus cambios es el mismo mundo transformado. Seguimos viviendo el conflicto entre justicia social y libre mercado, entre soberanía y dependencia, entre relaciones carnales e integración regional. Las mismas disyuntivas con nombres distintos, y alternativas históricas respecto de los modos en que cada proyecto busca su realización.

La discursividad que intenta situar ese pasado en un espacio lejano y ajeno a nosotros, cargando las tintas con mensajes de unidad y paz, negando el conflicto como inherente a lo público, no hacen política de la memoria sino una muy particular, una política que se niega a sí misma: la de la desmemoria, la que quiere borrar una memoria construida, una contrarreforma del recuerdo colectivo, una restauración del olvido. Pero no puede, porque la historia se nutre del pasado, pero no vuelve al pasado.

Así como la política es, siempre e inevitablemente, un campo de disputas por proyectos diversos, la política de la memoria no puede más que tener la misma expectativa conflictual. La memoria colectiva no se instala de una vez y para siempre, sino que es una construcción presente que surge de memorias enfrentadas, disputas y conflictos por los sentidos a partir de huellas del pasado que deben ser interpretadas. ¿Está mal que el gobierno de Mauricio Macri intente una relectura de los setenta? Claro que no, pero no puede esperar la ausencia del conflicto. La crítica de la memoria siempre enriquece y crítica es pensamiento autónomo, no dogmático. Sin embargo, hasta este momento, no se expresan lecturas críticas sino dogmáticas del pasado. Se repiten discursos prefabricados, cuestionan el número de desaparecidos, niegan el terrorismo de estado, subestiman a los organismos y familiares, y defienden a los perpetradores. La memoria colectiva se gobierna, es cierto. Pero no es acertado decretarla. En este como en otros asuntos, el presidente opera sin tener en cuenta las expectativas de la sociedad civil organizada sectorialmente. La política de la memoria del actual gobierno, como en otros tópicos, se basa en contrarrestar una supuesta “pesada herencia”. Pero la herencia más pesada del gobierno de Mauricio Macri es la organización colectiva de la sociedad argentina. Que no comenzó con el kirchnerismo, sino mucho antes. No vivimos en una teocracia o ceocracia, al menos formalmente no indica eso nuestra Constitución Nacional. El fracasado intento de hacer movible el feriado del 24 de marzo, junto con otros actos de “errorismo de estado”, otros intentos de “volver a fojas cero”, demuestra que no le es fácil a este gobierno desatender a las organizaciones sociales, en este caso, a los organismos de derechos humanos. Señor presidente: no se puede decretar la desmemoria.

[*] Politólogo y Doctor en Ciencias Sociales (UBA/UNAJ/CONICET)

Para consultar el nuevo número de la revista La Mancha ingresar aquí.

Comentarios

Comentarios

Apoyan Nuestras Voces

NuestrasVoces.com.ar - 26/05/2022 - Todos los derechos reservados
Contacto