Los bunkers climáticos: los ultraricos se preparan para el colapso ambiental

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“Los eventos climáticos extremos serán cada vez más intensos”, asegura Flavia Broffoni, activista, investigadora  ambiental y autora de «Extinción». Habla de “apartheid climáticos” y cuenta en qué consite el plan de los ultraricos (1% de la población mundial) de salvarse con islas o grandes extensiones de tierra que tengan autoabastecimiento de agua y comida. Ya ocurre en la Patagonia con Lewis, las islas Fiji con el CEO de Google y en Nueva Zelanda.

Flavia Broffoni es una activista e investigadora en la problemática ambiental. En su libro “Extinción” planteó que el Planeta Tierra, nuestra casa común, podría colapsar en el corto plazo. Su diagnóstico es en base a estudios científicos, donde se destacan los pronósticos hechos por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU. Broffoni es también la cofundadora del capítulo argentino de la plataforma de acción política Extinción o Rebelión.  Y desde allí advierte que el calentamiento global acelerará, por ejemplo, los denominados “apartheid climáticos”.

Flavia Broffoni es una activista e investigadora en la problemática ambiental. Foto IG @flaviabrozzoni

En caso de no menguar la huella de carbono, insiste Broffoni, se acentuarán las corrientes migratorias en búsqueda de una tierra no expuesta al azote frecuente de fenómenos como el stress hídrico o las inundaciones severas e imprevistas. De ahí surge, entonces, otro de los señalamientos llamativos de su pieza, no solo Naciones Unidas es consciente de la mencionada advertencia climática civilizatoria, también los ultrarricos saben que el mundo puede derivar antes del 2050 en un lugar demasiado hostil para habitar.

En la siguiente entrevista, Flavia Broffoni explican qué son los bunkers climáticos de los ultraricos, señala que en la propia Patagonia existen localizaciones de ese porte, y da su opinión sobre un tema de debate que viene creciendo en Argentina: ¿las políticas de desarrollo en el sur deben contemplar los reparos surgidos desde la agenda ambiental?

– ¿Qué son los bunkers climáticos? Podes mencionar algunos ejemplos.

-Primero, siempre existieron preparacionistas que, en diversas crisis a lo largo de la historia, se prepararon para enfrentar temas diversos: un posible cataclismo nuclear, un evento climático extremo, pero la particularidad que tiene como definición la de los bunkers climáticos es que no necesariamente se trata de estructuras de hierro hundidas bajo la tierra. El 1% más rico del mundo ni siquiera necesitan de bunkers, lo que hacen directamente es comprar islas, comprar grandes extensiones de territorio, en regiones como Nueva Zelanda, o en nuestra propia Patagonia, en donde de manera muy sencilla, con grandes erogaciones de dinero, pueden aislarse de todo, incluso de los intercambios comerciales cotidianos para poder sobrevivir.

Recientemente, se descubrió que el CEO de Google desde que empezó la pandemia está refugiado en una isla que compró en Fiji, ahí se halla sin ninguna conexión externa, posee autoabastecimiento de alimentos y de energía. Si vamos a los casos de nuestra Patagonia, podemos ver la gran extensión de tierra adquirida por el multimillonario Joe Lewis en Lago Escondido. Vive sobre la costa del lago violando normativa nacional porque es un camino de acceso público. Joe Lewis cuenta con su propia micro hidroeléctrica, que lo abastece de energía, cuenta con un acceso de agua de forma directa, de esa manera puede estar aislado del resto del mundo. Incluso, quienes conocen particularidades sobre esa casa, cuentan cosas insólitas, como que se hizo hacer un pequeño oasis tropical dentro de su propiedad porque a él le atrae ese tipo de paisajes.

-Nieva en Brasil, se incendia Siberia, se seca el Paraná ¿son fotos o paisajes excepcionales?

-La emergencia de los bunkers tiene quizás hoy una particularidad, es noticia a partir de la pandemia y de la intensificación de eventos climáticos extremos, pero ya desde hace muchos años se viene siguiendo el rastro de, por ejemplo, ejecutivos de Silicon Valley que tienen grupos en redes sociales, y en encuentros presenciales en donde ya están desde el 2018 planificando sus estrategias frente a lo que ellos llaman «el gran evento», que sería una gran disrupción sistémica de la civilización que hoy conocemos, que siguiendo los postulados empíricos de la colapsología como disciplina va a ocurrir de forma inevitable en el corto plazo.

¿Por qué desde el 2018? Porque ese año fue un punto de inflexión en el conocimiento general sobre la crisis climática debido a los informes del IPCC, el panel intergubernamental de cambio climático que pusieron con mucha radicalidad el ojo en esta década, y como máximo a la década 2040/50, en el sentido de que si no generamos cambios radicales en nuestro modelo de producción y consumo vamos a entrar en ciclos climáticos extremos donde los ecosistemas van a comenzar a fallar, y con eso van a fallar los sistemas de abastecimiento de alimentos y agua.

-¿¨Por qué subrayas ese año, 2018?

-2018 también presenta el concepto de apartheid climático, en un informe del relator especial de la ONU para la pobreza extrema, Phillip Alston, él describe cuáles van a ser los patrones de organización sociales a partir de zonas del mundo donde las condiciones de vida que nosotros conocemos van a ser imposible de sostener por calor extremo o stress hídrico, y que por lo tanto habrá poblaciones enteras migrando alrededor del mundo y enfrentándose a barreras de quienes no vayan a querer esas grandes oleadas migratorias. Algo que ya está sucediendo en Centroamérica, en África, son oleadas migratorias que desde hace varios años vienen ocurriendo por la disputa de un recurso natural, agua o alimentos. Con lo cual, el concepto de apartheid climático tiene que ver con qué lejos de enfrentarse a un poco más de lluvia, o a un aumento en el nivel del mar, lo que peligra es la posibilidad de organizar sociedades pacíficas en el corto plazo porque la lucha va a ser por la supervivencia.

-¿Cuáles son los ejes o los planteos claves de tu libro «Extinción»?

-El libro Extinción un poco la búsqueda fue plasmar herramientas para activistas. Si bien desde hace muchos años el diagnóstico sobre la situación ecológica y climática viene siendo radical, en general la bibliografía disponible termina quedándose en diagnosticar la situación, o en culpar de forma general a algunos centros de poder.

Cuando hablo de colapso o de extinción no estoy hablando que va a desaparecer completamente la vida sobre la tierra, lo que estoy evidenciando es que nos enfrentamos a una situación ecológica, climática pero también social que nunca se atravesó. Todos esos eventos extremos cada vez más intensos, algunos vimos en julio -sequías extremas, inundaciones globales, precipitaciones descomunales- no solamente en el Sur global sino también ahora en el norte global, van a producir movimientos y episodios de crisis muy agudos. La colapsología sostiene que se trata de una situación crítica, aguda, asimétrica, global, permanente, pero sobre todo irreversible, en donde los Estados como garantes de abastecer a la ciudadanía de sus necesidades básicas no van a poder seguir cumpliendo con su rol, y eso va a generar caos generalizados.

-El gobierno busca morigerar los impactos ambientales con normativas como la Ley de Manejo del Fuego, ¿Reconoces que hay voluntad política de discutir el modelo extractivista?

-No dudo que exista voluntad. Primero, no creo que el gobierno sea una entidad de filas cerradas. Siento que hay y leo tensiones hacia dentro del gobierno, hay sectores que sí están queriendo poner sobre la mesa la discusión el modelo productivo, pero el entramado de poder esa tan profundo, está tan enquistado que le es imposible salir de la lógica de destino manifiesto que se gestó durante los noventa por el cual pareciera que solamente podemos exportar commodities, el famoso consenso de los comoditties, un consenso tácito entre todos los gobiernos de la región alrededor del cual la única forma que ingresen divisas es exportando materia prima cuantificable en el mercado internacional.

Si nos fijamos cómo se comporta la canasta exportadora argentina vemos soja, maíz, commodities del agronegocio, hidrocarburos y minerales. En ninguno de esos tres casos tenemos incidencia sobre cuál es el precio, porque se fija en el mercado internacional y dependemos violentamente de cómo se comporten dichos precios en las bolsas de valores para saber cuántos dólares van a entrar.

– ¿Cómo enamorar a la sociedad, pero también cómo involucrar a la clase política, en el ambientalismo con una tasa de pobreza cercana al 50% que apalanca la necesidad de “desarrollarse”?

-Yo no me centraría en el ambientalismo, estamos hablando de una emergencia social inédita en donde es directamente proporcional este 50% de tasa de pobreza con el modelo de maldesarrollo que se viene implementando de forma mucho más profunda desde los años 90. Hay una relación directa entre el aumento de la pobreza y el modelo que expulsó a la gente del campo privilegiando la instalación de las corporaciones del agronegocio, y ese modelo expulsó a la gente de las zonas naturales dónde había producción frutihorticola, lo vemos en Allen dónde se hizo fuerte el fracking, entonces los bolsones de pobreza urbano que se acrecientan aún más tienen relación directa con el modelo de maldesarrollo y saqueo territorial.

-Utilizar bolsas de tela, priorizar el uso de la bicicleta, generar micro espacios verdes en nuestras casas, parecen ser hábitos cada vez más presentes en las grandes ciudades, ¿Son prácticas que implican un cambio real o se trata de hechos inocuos?

Yo siento que en general se terminan dando recomendaciones insuficientes para afrontar la emergencia que estamos enfrentando. Se insiste en que reciclemos, o que bajemos el consumo de carne, que viajemos menos en auto, eso hubiera sido una receta útil hace 30 años, pero en el punto que nos encontramos ahora, estamos atravesando los umbrales de inflexión, un momento donde es tanta la presión que depositamos sobre los sistemas naturales que van a empezar inevitablemente a fallar.

Hoy asistimos a dos ejemplos: la Amazonia que era un ecosistema global que funcionaba como mitigador de la huella de carbono, hoy es un emisor neto por el proceso de degradación, de incendio y de deforestación que viene sufriendo de forma intensiva desde hace 20 años. Lo mismo con la capa de permafrost del Ártico, que almacenaba bajo esa superficie de hielo un montón de metano que ahora al derretirse se está liberando, acelerando todavía más el proceso de acumulación de gases de efecto invernadero.

Hoy ante la dimensión de la crisis de nada sirve concentrarnos en nuestros cambios individuales. Las estructuras de gobiernos del mundo tienen un entramado tan profundo con las corporaciones que la única manera de revertirlo es mediante levantamientos ciudadanos pacíficos, simultáneos y en todo el mundo.

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Emiliano Guido

Periodista especializado en política internacional. Ganador del Premio José Martí (2006) otorgado por la agencia Prensa Latina.

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