Cannabis para la salud de las personas mayores

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Nuestro país registra un marcado aumento del uso del cannabis medicinal en el tratamiento de enfermedades que aparecen con más frecuencia en la vejez. Su utilización demostró importantes mejoras en la calidad de vida frente a distintas afecciones que llegan con los años, como el insomnio, las inflamaciones y los dolores crónicos. También logra progresos en la cognición, la movilidad y ayuda a restablecer diversas cuestiones anímicas.

Junto con los estudios que se desarrollan a nivel mundial a medida que avanzan las investigaciones sobre los diversos usos del cannabis medicinal, la experiencia concreta en nuestro país registra un importante incremento en el tratamiento de enfermedades que aparecen con más frecuencia durante la vejez. Su utilización ha demostrado importantes mejoras en la calidad de vida frente a distintas afecciones que llegan con los años, como el insomnio, las inflamaciones y los dolores crónicos. También logra progresos en la cognición y la movilidad, además de aportar avances en cuestiones anímicas, entre otras.

“No es real que funciona para todos y para todo igual, pero si tuviéramos que trazar una línea general de los efectos que tiene la cannabis observamos una gran ayuda en muchas situaciones en las cuales los adultos mayores normalmente se ven afectados, como en el sueño, el estado de ánimo, situaciones inflamatorias”, dice Julieta Veneziano, médica integral con posgrado de la UNLP en endocannabinología y terapéutica Cannábica, especialista en dolor, quien además integra la Asociación Civil Autogestiva Incamed.

 

La asociación civil sin fines de lucro Incamed está formada por un equipo de trabajo interdisciplinario que acompaña a las personas en tratamiento con cannabis medicinal.

Su utilización, a su vez, se da tanto en tratamientos complementarios como en monoterapias. “El cannabis es muy multifacético porque tiene ambas acciones. Por supuesto que si hablamos de un paciente que tiene un tumor o atraviesa un proceso oncológico, en este momento de la medicina cannábica no podemos hacer una monoterapia, pero sin dudas una persona que atraviesa un tratamiento oncológico puede paliar muchos de los síntomas con el cannabis y hacer una terapia complementaria”, continúa y explica que también como monoterapia es muy efectiva en casos como en el manejo del dolor, dependiendo de qué se trate. “Si es una fractura aguda no es lo más indicado como monoterapia, pero si hablamos de una persona que tiene algún tipo de dolor neuropático por alguna lesión o por una hernia discal, ahí sí podemos evaluarla como monoterapia”.

Otro gran espectro es la regulación del sueño, utilizándose muchas veces como terapia de reemplazo de benzodiazepinas, fármacos muy conocidos que tienen efectos adversos en la memoria, una problemática que afecta muchísimo en este rango etario. “Muchas personas  llegan queriendo dejar el clonazepan porque notan claramente cómo se olvidan las cosas. ¿Le podemos echar la culpa a la edad?, en parte sí, pero también nos tenemos que plantear qué pasa con las benzoiazepinas que toman hace 20 años”, dice y señala la importancia del acompañamiento profesional. “En general la población está muy castigada con la farmacopea, la mayoría son personas polimedicadas con enfermedades de base importantes que requieren una supervisión médica y un acompañamiento: ver interacciones, usos y contraindicaciones. A través del criterio médico uno puede desestimar el uso, pero son pocos casos. No así la necesidad de supervisar la interacción medicamentosa que sí existe en el cannabis, particularmente con algunos grupos de fármacos como son los anticoagulantes, las  insulinas, algunos antipsicóticos. Hay que hilar fino en la interacción medicamentosa”.

Desandar caminos y romper prejuicios  

A pesar de su uso milenario como planta medicinal, recién en el 2017 la sanción de la ley nacional 27.350 le dio un marco oficial a la investigación médica y científica del uso médico de la planta de cannabis y sus derivados.  Es por esto que el camino a desandar en torno a la falta de información –y de investigación, entre otras cosas– que alimenta la ilegalidad es otro de los trabajos a transitar. “Hay generaciones que tienen mucho miedo de usar distintos tipos de terapias y en gran parte es por la desinformación al respecto. Por eso es importante educar o reeducar, contener, compartir el conocimiento, quitar dudas”, dice Berenice Carretino, médica integral con posgrado en Endocannabinologia y terapéutica cannabica y diplomada en sexualidad, quien también integra el departamento médico-terapéutico de Incamed.

 

La médica Berenice Carretino destaca la importancia de la educación para que los y las pacientes puedan acceder al uso correcto del cannabis medicinal.

Sin embargo, los cambios de los últimos años respecto al acercamiento al uso del cannabis ya se hacen ver en los consultorios y ambas profesionales señalan que tan solo hace ocho años atrás las personas no llegaban con la misma cantidad de información, o venían en estados muy avanzados de la situación particular. “Eso sin duda está cambiando y tiene que ver con la información que se maneja de una forma horizontal y popular, información que no vino desde el consultorio hacia la gente, sino que fue al revés: de la gente hacia los consultorios médicos. Siempre digo que donde más aprendí fue de las personas que cultivaban y de los pacientes que acompañé”, explica Julieta.

 

«Siempre digo que donde más aprendí fue de las personas que cultivaban y de los pacientes que acompañé”, explica la médica Julieta Veneziano.

—¿Cómo fue tu acercamiento para tratar pacientes con cannabis?

—Cuando terminé la carrera tuve la suerte de escuchar en el pasillo de la Facultad de Medicina a un médico que estaba hablando del sistema endocannabinoide y la epilepsia. Yo estaba en este momento de tener un titulo y no saber qué hacer. Cuando escuché me acerqué y me conectó con la gente de Mamá Cultiva, una de las primeras organizaciones de cannabis que hubo. Ahí empecé a conocer a otros profesionales que se dedicaban a esto y me abrieron el consultorio y me enseñaron, porque yo estaba recién salida de la facultad y si bien hice mucha experiencia de guardia en el Hospital Gandulfo, no tenía experiencia en consultorio.

Julieta cuenta que más tarde hizo su primer aceite y se lo regaló a sus padres: “Mi papá es epiléptico y tiene mucho dolor en las rodillas, con indicación quirúrgica, y mi mamá tiene una polineuropatía diabética y esto les cambió la vida. Vi lo que les pasó y dije es por acá”, asegura y reflexiona: “Es increíble, porque el sistema endocannabinoide es un sistema que funciona como un sistema neuroendócrino y es más que vital para la homeostasis. Es decir, el sistema endocannabinoide tendría como finalidad mantener la estabilidad de los sistemas internos del cuerpo humano a pesar de las fluctuaciones provocadas por el medio ambiente. Modula muchas de las funciones homeostáticas y a su vez a otros sistemas que sí habíamos estudiado. El sistema endocannabinoide es como un comandante básico del cuerpo y ni sabíamos que existía con un título en la mano. Fue una gran sorpresa empezar a entender todo el funcionamiento que tiene y a partir de ahí toda la aplicación terapéutica: sirve para modular un dolor, el ciclo de sueño y vigilia, estados de ánimo, manejar el estado inflamatorio, el sistema inmunológico, más todo lo que todavía no sabemos”.

 

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Para Berenice el acercamiento también fue desde una experiencia muy personal.Patiné muchos años y tuve una lesión muy fuerte en la cintura. Cuando dejé de patinar fue la primera vez que tuve contacto con la planta. Al tiempo me estaba por recibir de médica y a mi tía la diagnosticaron con una metástasis de un cáncer y me muestra un libro que se llama La Farmacia Cannábica. Ahí leí lo que hacía el cannabis en el cuerpo y me quedé asombrada por poder entender biomolecularmente qué es lo que nos genera”. Así, empezó a acompañar distintos procesos tanto con la planta como con otras herramientas. Y es que ambas profesionales destacan la importancia en los tratamientos de una mirada integral: “La planta puede dar respuesta pero si la ayudamos puede dar muchas más. En algunos casos puede resolver síntomas, pero en tanto y en cuanto no se modifiquen algunas cosas de las causas, solo el cannabis no alcanza”.

 


Plantar para la salud

Lo de Juana es una organización integrada por un equipo multidisciplinario especializado en la investigación y divulgación del actual uso y potencial terapéutico de las plantas medicinales de Cannabis. Arrancó su trayecto hace ya diez años, aunque es posible que el germen de este andar estuviera incluso antes. “El trasfondo es eso, un recorrido a favor de la fisiología a través de la naturopatía, del uso de las plantas”, sintetiza Mariela Cotini, directora del equipo de Lo de Juana, y trae el recorrido y la formación en esta línea hasta que decidieron puntualizar en la cannabis sativa. Cuenta Mariela que las primeras experiencias llegaron a través de la misma  comunidad. “La primera familia que se acercó fue un papá que estaba en un proceso oncológico terminal. Sabían que estábamos en el tema de las plantas y que yo estaba cultivando en un primer acercamiento. Así se fue pasando de boca en boca, es decir: ante la necesidad había que actuar, porque no había muchos que estuvieran en el tema. Yo tenía la formación herbal, ahora había que aplicarla a otra planta, si bien la cannabis es una planta que se llama maestra porque tiene características puntuales”.

Frente al importante crecimiento del uso de cannabis en la vejez, Mariela señala que justamente es un tiempo donde farmacológicamente suelen utilizarse muchas pastillas, que quizás es óptimo que estén, pero que a través del uso de cannabis se pueden evitar los efectos adversos de lo que genera un combo de medicación alopática. Así, destaca el uso en dolores crónicos, párkinson, en casos oncológicos. “Hoy ya no se habla de terapia alternativa, sino de complemento a lo que es la medicina alopática o tradicional”, explica. Al mismo tiempo, repasa la importancia de tener en cuenta que no es un mismo preparado para todas las personas y los casos. “Ahí entra la parte más artesanal o el ojo clínico. No es lo mismo el rango de edad, como tampoco el diagnóstico o con qué medicación viene la persona para que no haya efecto dual. Por eso es importante el trabajo de educar, comunicar, informar”, algo que hacen desde el espacio: educación integral de la planta de Cannabis como alternativa terapéutica a múltiples dolencias, enfermedades y patologías desde el uso pediátrico hasta gerontológico.

Asimismo, como otra pata del engranaje, desde Lo de Juana llevan adelante una plantación orgánica a escala media que en la actualidad acompaña a unas 200 familias mensualmente. Con un enfoque exclusivamente terapéutico manejan semillas seleccionadas que son propicias para el uso medicinal. El trabajo es delicado y requiere mucha dedicación. La elección de lo orgánico, también supone una filosofía en el hacer. “Un cultivo orgánico supone también no arrasar con el suelo y otros tipos de plantas, como sería algo más masivo. Esto es día a día, atentos a los nutrientes, la tierra, el momento del corte, si se pasa o no, todos detalles que hacen que el producto tenga la calidad y la certeza para la persona que lo va a ingerir. Trabajamos por cepas y actualmente generamos nuestras propias cepas a partir de una planta madre. Hay muchos cultivadores que van creando propias semillas después de varios cultivos”, dice y alienta el crecimiento del mercado nacional.

 

Diferentes presentaciones de productos con aceite de cannabis.

—¿Cuáles son las consultas más habituales en las personas adultas mayores?

—Sobre todo el tema del insomnio, de dolores crónicos. Muchos vienen ingiriendo un montón de fármacos que además generan tolerancia, es decir, en algún punto no hay más efecto porque el cuerpo ya logró un acostumbramiento y hay un montón de efectos. Esto se pude mermar y evitar algunas pastillas. Algunos dicen: no quiero depender más de esta pastilla que usé toda la vida para poder descansar y que ya no me da resultado. Y con un aceite puede descansar mejor y se evita un Alplax que genera una dependencia muy fuerte porque actúa en el sistema neuronal. Con el tema de la artrosis y del alzheimer también, se logran resultados óptimos (el uso del aceite de cannabis protege ante el exceso de liberación de neurotransmisores, el stress oxidativo y la inflamación, que son eventos clave en el desarrollo de la enfermedad. Disminuye la permeabilidad de la membrana neuronal, evitando la pérdida de neuronas). En la vejez es mucha la demanda y la consulta porque regula lo que ya por la edad se va perdiendo. Los fitocannabinoides pasan a hacer una homeostasis en el cuerpo y a mermar el dolor, restablecer ciertas acciones a nivel neuronal. No es algo mágico que cura, pero sí colabora en estabilizar o en hacer cierta homestotasis en el organismo sin la necesidad de tomar un fármaco que quizás trae un efecto adverso. De modo natural lo podemos evitar y da excelentes resultados.

Entre los cuidados a tener en cuenta Mariela señala las arritmias, para las cuales el manejo es muy paulatino en cuanto a la dosis, también frente a enfermedades como la esquizofrenia o las adicciones. “Después hay que enfocarse en el tema de la dosis para ir de modo paulatino y  no generar un efecto adverso. Hay personas que vienen con una mala experiencia porque les sugirieron una cepa que acelera el organismo y en realidad tenía que tomar otra cepa. Hay que ser prudentes, porque se pude potenciar la condición que se quería tratar. Lo mismo en el insomnio, si se indica una variedad errónea estamos trayendo un problema innecesario”.

Por eso recomienda consultar a personas que estén en la temática, que se formen, estudien. “La planta no tiene que asociarse a un colectivo únicamente, del otro lado hay médicos, profesionales de la salud”. Finalmente, señala que no es necesario esperar un diagnostico, sino que se puede incorporar de manera preventiva, reforzando el sistema endocannabinoide. “Es importante la mirada prevencioncita, cuidar el cuerpo como estilo de vida y no llegar cuando ya estamos colapsados”.

Multiplicando saberes

“Nos empezamos a juntar porque había una gran demanda de acompañar a las personas que eligen el cannabis como tratamiento para mejorar su calidad de vida”, repasa Valeria Vidal,  directora general de Incamed, asociación civil sin fines de lucro formada por un equipo de trabajo interdisciplinario con el objetivo acompañar a las personas en tratamiento con cannabis medicinal, y destaca en esto el rol que tuvieron los cultivadores solidarios. “Tuve la suerte de encontrarme con profesionales de la salud muy capacitados en la temática y empezamos a acompañar a personas desde ese lugar. Trabajamos con un grupo de médicos y de terapeutas porque consideramos importante toda la parte pisicoemocional. También hacemos muchas capacitaciones en distintos hospitales, hemos recorrido bastante”, cuenta Valeria.

 

Valeria Vidal, Directora General de Incamed.

En la institución también realizan análisis de los fitopreparados, teniendo en cuenta que las personas deben conseguirlos en un mercado que todavía no está regulado. “Es bastante engorroso, porque todo depende del acceso que esa persona pueda encontrar. Actualmente las ONG no podemos cultivar para nuestros pacientes y no podemos decir: comprá en tal farmacia”, explica Vidal. Sin embargo, si bien no participan de la cadena de comercialización en ningún eslabón, se proponen acompañar a las personas en todo ese proceso. “Por eso es que logramos esto de analizar con un laboratorio. A veces el paciente consigue el fito-preparado y cuando lo quiere conseguir de nuevo ya no le hace el mismo efecto, y es porque quizás el proveedor no es el mismo, o la cepa cambió. Aun en el 2021 no existe una producción de cannabis regulado para que las personas puedan acceder”, señala y cuenta que ahora comenzarán acompañar a quienes quieran ingresar al Registro del Programa de Cannabis (REPROCANN), diseñado a principios del 2021 para que usuarios y usuarias puedan inscribirse con el fin de obtener autorización para cultivar la mencionada planta con fines medicinales para sí o a través de otra persona o de una organización civil autorizada a esos efectos.

En el caso de Valeria, el acercamiento para conocer las propiedades terapéuticas del aceite fue por tener ovarios poliquísticos. “Estaba cansada de tomar una tableta de analgésicos por mes de los dolores que sufría: estaba tres días tirada en la cama con fiebre,  vomitando y descubriendo en todo ese tiempo las contraindicaciones del uso de analgésico en tiempo prolongado. Así me acerqué a las medicinas naturales y ahí descubrí que el cannabis tiene un montón de propiedades terapéuticas. Primero lo empecé a usar para mí, y después  comencé a reunirme y a viajar, porque acá no conseguía información”, detalla.

Más tarde vino la ayuda a un amigo, a la mamá de otro, a una abuela. “De pronto nos encontramos  atendiendo el teléfono y contestando preguntas que nos excedían y observando que incluso yo no podía automedicarme, sino que necesitaba una contención terapéutica y médica. Ahí armamos el equipo. Desde el 2017 que estamos trabajando exclusivamente en la atención de personas con dolencias”, afirma Vidal.  Cuenta que la mayoría de las personas que llegan a la consulta son adultos mayores y mujeres y que las condiciones cambiaron mucho. “Cuando empezamos los que llegaban eran personas que ya estaban desahuciadas, a las que el sistema médico ya le había dicho no tenemos más nada que hacer. Hoy eso cambió gracias al trabajo de muchas personas, la información está llegando a la sociedad, y ya no lo eligen como última opción. Ojalá lleguemos al momento que se use como preventivo y no como paliativo a un dolor”, concluye.

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Violeta Moraga

Violeta Moraga es periodista y Licenciada Comunicación Social. Escribe en Canal Abierto e integra el equipo de comunicación popular Al Margen.

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