Ley de Alimentación Saludable: Para comerte mejor

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En Argentina comemos a ciegas y así como ignoramos cuál es la carga de pesticidas con la que frutas y verduras llegan hasta nuestra mesa, tampoco sabemos qué hay detrás de los ultraprocesados. El  proyecto de Ley de Alimentación Saludable es una herramienta irremplazable y si bien cuenta con media sanción en el Senado, sigue siendo resistida en Diputados. Te invitamos a descubrir por qué.

¿Qué tal si antes de sentarnos a la mesa nos vendaran los ojos? ¿O si alguien apagara la luz cada vez que nos preparamos para almorzar o cenar? Podrá parecer absurdo, pero así es como estamos hoy consumidoras y consumidores en Argentina: comiendo a ciegas, sin saber exactamente cuál es la composición de mucho de lo que puebla nuestras alacenas y heladeras. De acuerdo: seguramente muchos prefieren no enterarse, no saber y –como aquel personaje de la película Matrix que saboreaba un plato de carne sabiendo que todo era un simulacro, un truco más de la inteligencia artificial– optan por seguir disfrutando sin pedir demasiadas precisiones. Eso no impide, sin embargo, que la realidad termine imponiéndose y del  peor de los modos. En ese sentido, las cifras de sobrepeso y obesidad en nuestra región, el fenómeno de los “gordos desnutridos” o el aumento de enfermedades no transmisibles asociadas a desbalances nutricionales no dejan lugar a dudas: lo que comemos nos está enfermando y de gravedad. Tenemos adultos, pero también adolescentes e incluso niños con exceso de kilos y falta de nutrientes. Tenemos chicos y chicas con la dentadura arrasada por el exceso de azúcar (“he visto gente que arma mamaderas de gaseosa para los más chiquitos”, comenta en estricto off the record una reconocida nutricionista) y el corazón sufriendo desde muy temprano el  impacto de una dieta aumentada en todo lo que no necesitamos (grasas, sodio, azúcar) y reducida en todo lo que sí (vitaminas, minerales, proteínas).

Aumento de las ventas de ultraprocesados en América Latina e incremento de las cifras de obesidad en mayores de 18 años. Fuente: OPS

Pero detrás de este escenario que preocupa por igual a pediatras, familias y nutricionistas aparecen los mismos “acusados” de siempre: los ultraprocesados. ¿Traducción? Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, son “alimentos problemáticos para la salud humana por distintas razones: tienen una calidad nutricional muy mala y, por lo común, son extremadamente sabrosos, a veces hasta casi adictivos; imitan los alimentos y se los ve erróneamente como golosinas, refrigerios o bocadillos procesados, ya sean dulces o salados; saludables; fomentan el consumo de snacks; se anuncian y comercializan de manera agresiva; y son cultural, social, económica y ambientalmente destructivos”.

En resumen, los ultraprocesados son todos aquellos comestibles –porque lo cierto es que no son alimentos– creados por la poderosa industria alimentaria para seguir disparando sus ventas hacia el infinito y más allá. ¿Cómo lo hacen? Simple: dándole a nuestro goloso cerebro todo eso que lo relaja y lo hace sentir bien, independientemente de lo malo que pueda ser para nuestra salud. El combo perfecto es, por ejemplo, el de las papas fritas y snacks por el estilo: grasa, harina y sal. Si le sumamos a eso unos cuantos vasos de burbujeante gaseosa repleta de azúcar, el resultado será cualquier cosa menos sorprendente: obesidad, taquicardia, presión alta e incluso cuadros que asombran no porque sucedan (no podía esperarse ningún otro resultado de semejante bombardeo de basura sobre nuestro organismo) sino por lo temprano que se detectan en los consultorios.


Una góndola de supermercado repleta de productos ultraprocesados.

Según explica Mara García, de la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN), es por esa clase de motivos que urge la aprobación de una Ley de Alimentación Saludable que ya está en el Congreso, con media sanción de Senadores y esperando que haya dictamen en Diputados. El problema es el de siempre: el tremendo lobby de parte de las empresas. Al respecto cuenta García que “a principios de abril, en una de las sesiones informativas, estuvo hasta el CEO de la cámara de bebidas de los Estados Unidos, que es el representante en Argentina de muchas marcas importantes. Era esperable, fue a cuidar su negocio”, dice. ¿Un solo dato para imaginar la escala de ese negocio? Según la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNYS), casi 4 de cada 10 argentinos consume bebidas azucaradas al menos una vez al día. Esas bebidas son más consumidas por los sectores más vulnerables y con menor educación formal, por lo que el impacto de estos consumos en su salud también es un dato a tener en cuenta.

El negocio de la oscuridad

Algo que parece una papa y tiene sabor a papa, pero no lo es. Algo que huele a frutilla y se ve rosado, y dulce, pero que tampoco. Bienvenidos y bienvenidas al maravilloso universo de los comestibles ultraprocesados, un reino de apariencias en el que nada es lo que parece ni contiene lo que dice contener.  Un mundo en donde un tigre musculoso sonríe y promete un desayuno de campeones, pero termina saturando a nenes y nenas con cantidades insólitas de azúcar. Un mundo en donde el supuesto “juguito de naranja” de esto último sólo tiene el color y por vía de colorantes, como tiene el sabor por vía de saborizantes. La industria de la alimentación en Argentina y en el mundo –como ya lo revelara la periodista Soledad Barruti en su libro Malcomidos– es un truco de magia a escala empresarial. Justamente por eso la luz, las cámaras le molestan tanto: tener el reflector encima implica tener que salir a dar algunas cuantas explicaciones incómodas porque hacerlo sería revelar el engaño, el gran “como si”.

El informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) da cuenta de una «epidemia de obesidad» en la región, que va de la mano del sostenido crecimiento en las ventas de ultraprocesados.

Al respecto, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) publicó en 2018 un documento más que interesante llamado Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: tendencias, efectos sobre la obesidad e implicaciones para las políticas públicas en el que se habla directamente de una “epidemia de obesidad” en la región, de la mano del sostenido crecimiento en las ventas de ultraprocesados. “Si bien el volumen de ventas sigue siendo mayor en los países de ingresos altos, durante el período del 2000 al 2013 el ritmo de crecimiento ha sido más rápido en los países de ingresos bajos. De manera congruente con resultados anteriores, las ventas de productos ultraprocesados se asocian con el aumento de peso y la obesidad en América Latina”, destacan. Y agregan que “la mayoría de los productos ultraprocesados se venden cada vez más en las tiendas pequeñas de barrio o menudeo, los supermercados convencionales y los llamados hipermercados (combinaciones de tienda de departamentos con supermercado). El mercado de varios de los principales productos ultraprocesados es oligopolístico y a menudo está dominado por grandes empresas multinacionales”.

 

Una epidemia silenciosa

 

Pero, ¿qué es lo que realmente vuelve tan únicos a estos comestibles? ¿Por qué no son realmente alimentos y por qué son peligrosos para nuestra salud? En el documento se explica que “Los productos ultraprocesados son formulaciones industriales elaboradas a partir de sustancias derivadas de los alimentos o sintetizadas de otras fuentes orgánicas. En sus formas actuales, son inventos de la ciencia y la tecnología de los alimentos industriales modernas. La mayoría contiene pocos alimentos enteros o ninguno. Vienen listos para consumirse o para calentar y, por lo tanto, requieren poca o ninguna preparación culinaria (…) La mayor parte de los ingredientes en los productos ultraprocesados son aditivos (aglutinantes, cohesionantes, colorantes, edulcorantes, emulsificantes, espesantes, espumantes, estabilizadores, “mejoradores” sensoriales como aromatizantes y saborizantes, conservadores, saborizantes y solventes). A los productos ultraprocesados a menudo se les da mayor volumen con aire o agua”. Razones de sobra para que los fabricantes no quieran que el público conozca la composición real de lo que venden.


La aplicación de octógonos negros de advertencia en los paquetes de los comestibles que superen la cantidad de azúcar, sal o grasas recomendada por la Organización Panamericana de la Salud es uno de los grandes cambios que propone la Ley de Alimentación Saludable.
Espejismos peligrosos

Por todo esto, el proyecto de Ley de Alimentación Saludable inquieta a más de uno: porque,  de aprobarse, implicaría al menos tres grandes cambios: primero, la aplicación de octógonos negros de advertencia en las botellas y paquetes de todos aquellos comestibles que superen la cantidad de azúcar, sal o grasas recomendada por la Organización Panamericana de la Salud; segundo, la prohibición de que esos comestibles ingresen en los denominados “entornos escolares” (kioscos de escuelas, pero también en los menúes de los comedores de colegios); tercero, la prohibición de que esos productos que porten al menos un octógono negro sean publicitados por deportistas o desarrollen avisos publicitarios dirigidos a niños y niñas.

Que es, justamente, lo que han venido haciendo hasta ahora y con notable eficacia. El “Mamá, ¿me comprás?” que se dispara frente a tanta publicidad suele no tener tanto que ver con el producto como con el portavoz o la embajadora de la marca. Puesto en manos de un conductor infantil o de la conductora de televisión que canta cada mañana para ellos vestida de hada, el alfajor o la gaseosa se convierte mágicamente en otra cosa. Menos letal, más simpaticona. Las marcas lo saben, y también por eso torpedean esta ley. ¿Qué sería de sus patitas de pollo –con más soja, harina y sal que pollo– de no ser por la ayuda de la publicidad? O, peor todavía, ¿qué sería de sus cifras de ventas si la ley se aprueba y sus “nuggets” quedan automáticamente excluidos del menú escolar? Lo mejor de esta norma es que busca poner un freno a los comestibles que nos enferman en tres espacios decisivos: el supermercado, los medios de comunicación y los entornos escolares.

En este último sentido va el documento llamado Entornos escolares saludables (editado por UNICEF Argentina) y en donde se puede leer que “existen pruebas convincentes de que la publicidad y la comercialización de alimentos y bebidas con alto contenido de sodio, grasas, azúcares y kilocalorías, pero deficientes en micronutrientes, pueden repercutir en las preferencias alimentarias, el comportamiento de compra y el consumo de niños, niñas y adolescentes. La comercialización y provisión en las escuelas de alimentos y bebidas con altos niveles de azúcar, grasa, sal y bajo valor nutricional, también influyen en los patrones y hábitos de consumo en niños y niñas”

 

Octógonos negros para desenmascarar el marketing light

 

Pero si esta ley logra ser sancionada, al fin contaremos con una reglamentación que proteja a los y las consumidorxs y no a las empresas. Por eso el lobby de los alimentos trata de derribarla o cuanto menos minimizarla,  ya que se la suele denominar “Ley de Etiquetado” cuando la inclusión de un aviso claro para los consumidores es apenas una parte de todo el proyecto. Aunque la parte más inquietante para la industria, si se quiere, porque es justamente una etiqueta negra, octogonal, de tamaño no inferior al 5% de la superficie del envase o paquete y con la leyenda “Alto en azúcares” o “Alto en sodio” la que revela qué hay en realidad detrás de eso que estamos a punto de comprar. Esto es, un peligro para la salud delicioso o crocante, pero peligro al fin. “De hecho, en países en los que estas etiquetas ya existen la venta de ultraprocesados ha caído”, detalla Mara García.

Cabe aclarar que la norma es resultado de años de debate dentro y fuera del Congreso, y que en ella se reúnen 15 proyectos previos. Así lo destaca FAGRAN en un comunicado, en donde se lee lo siguiente: “Considerando que FAGRAN en el año 2017 se pronunció a favor de la implementación del Etiquetado Frontal de advertencias en los Alimentos y que viene participando activamente en el recorrido del Proyecto de Ley de Promoción de la Alimentación Saludable desde las primeras presentaciones y que considera un proyecto integral. Se propone: -Apoyar la sanción del proyecto de Ley de Promoción de la Alimentación saludable, sin modificaciones tal como fuera aprobada en la Honorable Cámara de Senadores de la Nación, resultado de la unificación de más de 15 proyectos y exigir en carácter de urgente la definición a través de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina, siendo la vía legislativa la más representativa de los intereses de los ciudadanos y respetando los procesos institucionales, frente a posibles nuevas propuestas de rotulado más laxas presentadas por el poder Ejecutivo o Mercosur”. En esa etapa estamos precisamente ahora: a la espera del tratamiento (ya terminaron más de 40 reuniones informativas para diputados y diputadas) y mirando muy fijamente lo que suceda, porque uno de los intentos del lobby de alimentos es conseguir que el Poder Ejecutivo tome cartas en el asunto y –mediante un decreto o resolución– disponga alguna clase de etiquetado más alineado con los deseos de las empresas. Si lo que comemos realmente nos importa, va a ser mejor que mantengamos los ojos bien abiertos.

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Fernanda Sández

Licenciada en Letras y periodista. Docente universitaria. Autora de La Argentina Fumigada (Editorial Planeta, noviembre de 2017). Autora en Editorial Planeta.

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